La interrupción del sueño está relacionada con un mayor riesgo de muerte, sobre todo en mujeres

Javier Peláez
·4 min de lectura
La interrupción del sueño se relaciona con un mayor riesgo de muerte por diferentes causas, una asociación muy clara en mujeres.
La interrupción del sueño se relaciona con un mayor riesgo de muerte por diferentes causas, una asociación muy clara en mujeres.

La Naturaleza ofrece un enorme abanico de posibilidades respecto al sueño. Existen mamíferos, como los koalas, las zarigüeyas o los perezosos, capaces de pasar más de veinte horas diarias durmiendo, mientras que otras especies, como las jirafas, las ovejas o los caballos apenas dedican al sueño dos o tres horas al día. Por nuestra parte, los seres humanos pasamos aproximadamente un tercio de nuestra vida durmiendo y que la evolución haya reservado esta enorme cantidad de tiempo debería ser un claro indicativo de que, lejos de ser tiempo perdido, el sueño debe tener un importante propósito.

Hasta hace solo unas décadas no sabíamos mucho sobre qué tareas y mecanismos fisiológicos se ponen en marcha cuando dormimos, pero en los últimos años los resultados se han acelerado y ya contamos con un buen número de estudios que empiezan a desvelar las razones por las que necesitamos dormir tanto. Las investigaciones más recientes dejan claro que nuestro cerebro necesita esas horas de sueño para almacenar, organizar y para consolidar los recuerdos adquiridos durante el día, reforzando así la memoria a largo plazo. Este efecto es tan destacado que incluso una pequeña siesta resulta beneficiosa para organizar mejor nuestros recuerdos.

También hemos aprendido que nuestro cerebro utiliza las horas de sueño para deshacerse de los residuos acumulados durante el día. De la misma manera que en casa sacamos la basura por la noche, nuestro cerebro también aprovecha ese periodo para eliminar sustancias potencialmente tóxicas y las evacúa mediante el sistema circulatorio que conduce al hígado para que se degraden finalmente. En este sentido, sabemos que la falta de sueño aumenta las probabilidades de padecer Alzhéimer y otras enfermedades neurodegenerativas. El porcentaje es tan significativo que un estudio de 2015 encontró que aquellos que no duermen adecuadamente pueden llegar a tener un 68% más de riesgo en este tipo de trastornos neurodegenerativos que los que descansaban bien.

Los perjuicios de no contar con un sueño reparador van más allá de los efectos cognitivos ya que, también en fechas recientes, se ha descubierto que aquellas personas que duermen mal, con interrupciones frecuentes del sueño, posen un riesgo un 34% más alto de acumular depósitos de grasa en las arterias que las que duermen del tirón. Este estudio, realizado por diferentes cardiólogos españoles, incluyendo al prestigioso doctor Valentín Fuster, apareció publicado hace un par de años y, hace solo unos días, ha tenido su continuación con un nuevo trabajo que confirma la relación entre un sueño interrumpido y el desarrollo de importantes riesgos cardiovasculares.

El trabajo, publicado ayer mismo en el European Heart Journal, ha sido realizado por investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) y representa la confirmación del vínculo entre la interrupción del sueño y un mayor riesgo de muerte por múltiples causas, con un añadido algo enigmático: ocurre más claramente en las mujeres.

El estudio de 8001 hombres y mujeres encontró que las mujeres que experimentaron vigilia inconsciente con mayor frecuencia y durante períodos más prolongados tenían casi el doble de riesgo de morir de enfermedad cardiovascular durante un promedio de seguimiento de entre 6 y 11 años, en comparación con el riesgo en la población femenina en general. La asociación fue menos clara en los hombres y su riesgo de muerte cardiovascular aumentó en poco más de una cuarta parte en comparación con la población masculina en general.

La apnea obstructiva del sueño, los ruidos fuertes y, en general, la contaminación acústica son algunas de las causas más comunes de los despertares nocturnos que hacen que nuestro sueño sea de mala calidad. “Estas personas se sentirán agotadas y cansadas por la mañana debido a la fragmentación del sueño, aunque no sean conscientes de los despertares e interrupciones en el sueño". Sabíamos que la duración del sueño (ya sea demasiado corta o demasiado larga) está asociada con un mayor riesgo de muerte por diferentes causas, principalmente cardiovasculares, ahora también sabemos con certeza que existe un claro vínculo entre las interrupciones del sueño y el riesgo de muerte.

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Referencias científicas y más información:

Inés García-Lunar, Valentín Fuster, Borja Ibanez “Good night, sleep tight” European Heart Journal (2021) DOI:10.1093/eurheartj/ehab181

Fuster, V. et al. “Association of Sleep Duration and Quality With Subclinical Atherosclerosis”. Journal of the American College of Cardiology, (2019) DOI:10.1016/j.jacc.2018.10.060.