La verdad detrás de la adicción al sexo de Michael Douglas

Hay películas que dejan huella. Da igual los años que pasen, es como si las hubieras visto ayer y, sin dudas, Instinto básico es una de ellas. Su fuerte contenido erótico tuvo un gran impacto social y la convirtió en una adelantada a su tiempo hace ya treinta años. Parte de la responsabilidad la tienen ellos, sus protagonistas, Sharon Stone y Michael Douglas, cuya química explosiva traspasó la pantalla. La historia de Paul Verhoeven dejó buen sabor de boca pero también dio lugar a uno de los bulos más famosos del celuloide: que Michael era adicto al sexo. La noticia dio la vuelta al mundo e incluso, ojo al dato, motivó a muchos otros actores y anónimos a salir del armario y declararse víctimas de la misma ‘enfermedad’. Solo en Hollywood.

Instinto básico (Carolco Pictures, Canal+)

Pero hay un pequeño detalle que matizar, su protagonista, en realidad, nunca sufrió de esa adicción. Lo que comenzó como un rumor en la prensa británica se convirtió en una losa que le ha acompañado durante el resto de su vida. Y es que da igual las veces que lo niegue, para muchos su nombre quedó asociado al de un actor adicto al sexo a quien las escenas de alto voltaje en Instinto básico con una de las mujeres más sexy del planeta hicieron perder la cabeza, el control y todo lo que se pueda perder.

¿La verdad verdadera? Michael sí tenía adicciones, unas cuantas, pero no precisamente a las relaciones íntimas. “Estuve en rehabilitación en 1991, probablemente más por alcohol, pero las drogas también formaron parte de ello”, confirmó al medio Radar Online en 2018. ¿Y lo del sexo? Pues nada, una pequeña confusión, o mucha imaginación, de alguien de la prensa británica.

Instinto básico acababa de estrenarse y no recuerdo a qué inteligente editor en Londres se le ocurrió la idea de ‘adicción al sexo’. Se convirtió en la nueva enfermedad, nadie había oído de ella hasta entonces pero ha estado conmigo desde entonces y de vez en cuando vuelve a surgir”, confesó al Daily Mail en 2015 bastante resignado.

A sus 74 años eso de llevar esta letra escarlata perenne no parece importarle tanto. Está más que asumido. Lo suyo viene de lejos. En 1987 su fama de hombre fogoso hacía sus pinitos gracias a la película Atracción fatal, junto a Glenn Close, un suspense psicológico en el que a su protagonista, Michael, le sale caro eso de echar una cana al aire. La amante se pilla del hombre casado y se desata la locura. Pero a lo que íbamos, la historia también tiene escenas de lo más calentitas que hicieron la cama, y nunca mejor dicho, a la fama de mujeriego y ardiente del actor.

Tampoco ayudó mucho el hecho de que años más tarde Michael diera a entender que su cáncer de garganta era culpa de haber practicado sexo oral. En una entrevista con The Guardian en 2013 el ganador de un Óscar por Wall street confesó que llevaba padeciendo dicha enfermedad desde 2010. Al ser cuestionado por su interlocutor, Xan Brooks, si las drogas, el alcohol y los malos hábitos pudieron ser las causas de ello, Michael sentenció: “No, no, sin ser muy específico, este cáncer en particular es producido por algo llamado HPV, que ocurre con el cunnilingus”, expresó sin más.

Si ya tenía fama, con esta declaración el San Benito de mujeriego, adicto al sexo y demás títulos ya no se los quitaba nadie. Tal fue la repercusión de esta declaración que el protagonista de Traffic hasta llegó a pedir una disculpa pública a su esposa, Catherine Zeta Jones, por el posible daño causado. Hombre, pues normal. Teniendo en cuenta que llevaba casado con ella desde el 2000, no dejó a su mujer en muy buen lugar. A no ser que ese contagio viniese por parte de otra mujer y eso ya implicaría infidelidad. En fin, un lío muy gordo del que tuvo que pedir perdón públicamente.

Fue una de esas cosas... Me arrepiento tantísimo de la vergüenza que le hice pasar a Catherine y a su familia”, dijo apenado a la publicación Event Magazine (como recogía Independent en 2015). El escándalo fue tal que la pareja incluso se separó temporalmente. Un bache que con tiempo y amor superaron y ha fortalecido su relación, de lo más feliz a día de hoy.

Pero si hay una mujer que puede hablar de Michael, y no es la suya, es Sharon Stone. La protagonista de Instinto básico reconoció a Playboy (vía iMDB) que para ninguno de los dos fue fácil rodar esas escenas, había incomodidad no solo por el exceso de intimidad sino también porque apenas se conocían. Pero fue ese halo de misterio lo que según la actriz hizo que todo saliera perfecto. “Esa incomodidad es lo que permite que surja este tipo de película, la tensión es buena, yo casi no llegué a conocerle y el hecho de no hacerlo dio lugar a todo lo demás, es extraño pero es como tener ese lazo de unión con un extraño”, confesó a la publicación. Su admiración por Michael se hizo aún más fuerte, hubo respeto, profesionalidad y nadie se sobrepasó la línea. Química sí, la hubo a raudales.

No importa lo que dijera Sharon, quitarse el cartelito de ‘adicto al sexo’ ha sido una misión casi imposible para el hijo del desaparecido Kirk Douglas. Tampoco ayudó mucho que después de Instinto básico y todo lo que se había dicho entorno a él, Michael aceptara tan campante protagonizar Acoso, un thriller erótico junto a Demi Moore que añadió más leña al fuego y engordó el rumor de su obsesión por las artes amatorias. Las escenas tenían telita, explícitas y sin censura, mostraban la pasión desenfrenada de sus dos protagonistas y claro, era difícil quitarse de la cabeza el famoso bulo sobre Michael que ya había dado la vuelta al mundo varias veces.

Aunque la cinta dio para unos cuantos cotilleos y habladurías no pegó en taquilla. Tampoco hizo mucho favor a las carreras de sus protagonistas. A partir de ahí, y de su papel en Striptease todo hay que decirlo, comenzó el debacle profesional de la protagonista de Ghost. Michael, por su parte, también tuvo unos años de proyectos flojos. Para empezar se olvidó del cine con tintes eróticos y en 1997 volvió dejar bien alto su apellido con The Game, la cinta de David Fincher que protagonizó con Sean Penn con la que volvió por la puerta grande.

Últimamente le ha dado por los superhéroes con películas como Avengers: Endgame o Ant-Man, que tampoco está nada mal. Y por las series, como lo fueron las dos exitosas temporadas ya estrenadas de El método Kominsky. Lo de retirarse no entra en sus planes, de casta le viene al galgo. Lo lleva en los genes y nosotros encantados de verle en plena acción, eso sí con menos testosterona y meneo, que los años no pasan en balde. Con bulo o sin él, Michael es historia del cine.

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