La 'bomba' que se le viene a México cuando los migrantes se atoren en la frontera

La caravana de migrantes centroamericanos que avanza a través de México rumbo a Estados Unidos, donde sus integrantes planean solicitar asilo, ha sido blanco de la ira y la ofensa de Donald Trump –quien la ha estigmatizado como un grupo “invasor” en el que hay criminales– y ha debido encarar durante su travesía severas dificultades, carencias y tensiones.

Pero todo ello, con todo y su mezcla de rudeza y esperanza, en realidad es solo el inicio. A la gran mayoría de los integrantes de la caravana les esperan aún muchas semanas, y posiblemente meses, de resistencia y espera antes de que les resulte siquiera posible llegar ante una autoridad migratoria estadounidense para solicitar el asilo. Nada, además, les garantiza a esos migrantes que el asilo les será concedido y el espectro de la reclusión por largos tiempos en centros de detención migratoria estadounidense pende sobre ellos.

Migrantes centroamericanos que viajan en caravana rumbo a Estados Unidos llegan a un albergue temporal en la Ciudad de México. (AFP)

¿Qué sucederá, entonces, cuando cientos o quizá miles de esos migrantes lleguen finalmente a una ciudad fronteriza mexicana? ¿Cuánto tiempo y en qué condiciones deberán esperar allí a que se les permita solicitar asilo? ¿Cuántos de ellos lo lograrán y, en su caso, lograrán residir en Estados Unidos, adonde han buscado llegar para huir de la violencia y la miseria en sus países de origen? ¿Cuántos se quedarán varados en la frontera en una suerte de limbo? ¿Tienen capacidad y disposición las organizaciones cívicas y las autoridades mexicanas para asistir por largo tiempo a multitudes que, sin dinero ni techo y bajo severa presión se volverán desesperadas?

Son preguntas punzantes por sus implicaciones humanas y cargadas de incertidumbre. Y hay inquietud ante la posibilidad de que, superado el arduo camino hasta la frontera, la multitud de migrantes centroamericanos se quede atascada del lado mexicano por largo tiempo, sin poder cruzar a Estados Unidos, en condiciones económicas y sanitarias precarias, con albergues e infraestructura de apoyo limitados y con el invierno en ciernes y el encono xenófobo acechando.

La creciente presión en la frontera

Lo que sucedió en la primavera pasada, cuando una caravana similar aunque menos numerosa hizo el recorrido desde Centroamérica hasta la frontera, puede poner más luz sobre el caso.

En principio, pese a las estridencias de Trump, no es de esperar que la caravana pretenda forzar en masa su entrada a EEUU, lo que los expondría no solo a una reacción represiva de las fuerzas estadounidenses o, incluso, de milicias armadas que podrían, autodesignándose vigilantes, apostarse en la zona fronteriza, sino a perder la posibilidad misma de solicitar asilo. La entrada de los migrantes será, presumiblemente, mucho más parecida a un lento goteo que a una oleada.

De acuerdo a cifras oficiales reportadas por el periódico USA Today, en abril pasado algunos cientos de migrantes (de una caravana original de cerca de 1,500 personas) finalmente llegaron a la frontera entre México y EEUU, en la zona de cruce entre Tijuana y San Ysidro, para pedir asilo. Pero dado que las autoridades fronterizas admitieron en los puntos de entrada solo a unos pocos a la vez, después de largas e inciertas esperas solo 401 migrantes lograron solicitar formalmente asilo.

Una larga línea de personas esperan turno para entrar al cruce fronterizo de San Ysidro para solicitar asilo en EEUU. Miles aguardan esa posibilidad y pocos la logran cada día. (AP)

De esos 401,374 lograron acreditar que tenían una causa –un “miedo creíble”– para huir de su país y fueron admitidos y se les permitió solicitar asilo. Luego, fueron llevados a centros de detención y en su momento liberados o deportados. Muchos de esos casos presumiblemente siguen en proceso. Pero la espera en la frontera antes del ingreso fue larga, de semanas para muchos. Y cerca de un centenar, según las cifras oficiales, cruzaron ilegalmente y fueron detenidos por la Patrulla Fronteriza.

¿Qué sucederá en el caso presente, con una caravana que, aunque va reduciéndose, podría ser sustancialmente más numerosa una vez llegue a la frontera que la que lo hizo en abril pasado?

Por ejemplo, según reportó en su momento la BBC, en abril a unas 150 personas, niños incluidos, se les dijo de plano que el cruce fronterizo (entre Tijuana y San Diego) estaba lleno y que no había lugar para más. Para ellos, el tiempo de espera en México se incrementó sustancialmente y, como señalaron activistas a esa televisora, decenas, incluso cientos, de personas acamparon en el lado mexicano por muchos días en espera de turno para entrar al puerto fronterizo.

Según la cadena Fox News, actualmente en el puerto de entrada de San Ysidro ya hay una lista de espera de 2,500 personas para trámites de ingreso a EEUU, y el tiempo que en ese contexto una persona podría esperar antes siquiera de ser atendida es de hasta seis semanas.

La llegada de miles de personas más a ese cruce ahondaría el abismo de la espera.

Por añadidura, en las semanas finales del año, las condiciones son diferentes a la primavera. La rudeza antiinmigrante de Trump posiblemente hará mucho más largo y a cuentagotas el proceso de admisión de migrantes en el puerto fronterizo y dado que la caravana es, al menos hasta ahora, sustancialmente mayor, los grupos que podrían quedarse varados podrían ser muy grandes, y estar así durante mucho tiempo.

Al respecto, expertos dijeron a Fox News que la actitud de la administración estadounidense para agilizar o demorar ese proceso de adición es crucial: “sin el personal y las instalaciones necesarias disponibles, la administración creará caos y complicaciones para los oficiales de protección y aduanas, para los migrantes y para las comunidades circundantes”, dijo Ali Noorani, del National Immigration Forum.

Muchos temen que la actitud del gobierno de Trump sea justamente imponer las máximas restricciones posibles y, por ende, la posibilidad de que multitudes se queden en el limbo fronterizo es muy alta.

Si a eso se añade que el clima mismo, con los fríos ya en ciernes, dificultará acampar al aire libre y que la considerable cantidad de personas sin recursos que podrían llegar a la frontera hará muy complicado proveerles abrigo, alimento, seguridad, servicios sanitarios y demás, podría estarse gestando una grave crisis humanitaria.

Migrantes centroamericanos de la caravana que se dirige a EEUU descansan en un estadio convertido en refugio durante una parada en su viaje en la Ciudad de México.(AFP | Alfredo Estrella)

La crisis que se avecina para México

Hasta el momento, por ejemplo en su reciente arribo a la Ciudad de México, la caravana fue recibida y albergada en buenas condiciones. De acuerdo a CNN, el gobierno de la capital mexicana –que cuenta con una disposición, recursos e infraestructura mucho mayores que los de las ciudades fronterizas– hospedó a más de 4,000 migrantes en un estadio y se levantaron carpas para protegerlos de la intemperie. Se estableció una zona de alimentación para 1,700 personas, se ofrecieron baños limpios y se han recibido donaciones de alimentos y otras ayudas.

También se han ofrecido servicios médicos a cientos de personas y en todo ello colaboran junto a las autoridades mexicanas instituciones como el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF), el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, la organización OXFAM, varias iglesias y diversas instancias de los gobiernos federal, estatal y local de México.

La ayuda solidaria de la población mexicana y de organizaciones cívicas, a través de donaciones, voluntariado y otros apoyos, también ha sido significativa y notable, aunque se han registrado brotes de rechazo ante la presencia de los migrantes.

En todo caso, el camino de la Ciudad de México hacia el norte será aún más difícil, pues a las dificultades del viaje en sí y a las penurias mismas de la caravana se añaden riesgos crecientes de acoso y agresión del crimen organizado contra la caravana. Mantenerse unida, y no fragmentarse, es una forma de protección ante ello, pero los peligros son sustantivos. Por ello los migrantes piden que se les ayude también con transporte para aminorar la duración y fatiga del recorrido hacia la frontera.

Al final, es poco probable que grandes operaciones de albergue y ayuda como la que se dio en la Ciudad de México se puedan ofrecer en las ciudades fronterizas para una cantidad tan grande de personas y durante un tiempo dilatado, máxime cuando la duración de tal espera podría exceder o estirar severamente la capacidad misma para ayudar de instancias y personas en México.

Y al menos en Tijuana, los albergues ya se encuentran saturados y sin espacio para más, como comentó al periódico El Financiero, el responsable de atención a migrantes de esa ciudad. La caravana actual aún está muy lejos de allí, pero en Tijuana se encuentran ya al menos 2,500 migrantes colmando los espacios disponibles en incierta espera de que los reciban las autoridades fronterizas estadounidenses. Ese municipio teme no poder hacerse cargo de una nueva oleada y espera ayuda del gobierno federal.

Ante todo ello, hay quien cuestiona si fue el momento apropiado para que los migrantes centroamericanos emprendieran una travesía tan larga, difícil y de incierto resultado. El escenario no es muy propicio con un presidente estadounidense en llamas de xenofobia y agitando el tema de la inmigración como ariete electoral, con algunas autoridades federales mexicanas en plena transición a un nuevo gobierno (el de Andrés Manuel López Obrador) y quizá por ello escasamente comprometidas ante una crisis que preferirán transferir como papa caliente al presidente entrante, y con un clima que si bien es menos agreste para el recorrido por todo México que el de la primavera y verano será hostil para quienes deban permanecer a la intemperie por largos periodos a finales de otoño y en invierno.

La desesperación por huir de la violencia y la miseria, con todo, explica la opción de escapar y emprender una travesía tan larga y riesgosa y ciertamente ante el miedo y la desesperanza los otros factores, con toda su rudeza, presumiblemente pierden gravedad, al menos comparativamente, a ojos de las personas y familias centroamericanas que no ven ya razón ni posibilidad para volver.

Aunque el recorrido es arduo y peligroso, miles de centroamericanos han optado por cruzar todo México rumbo a Estados Unidos para pedir asilo en ese país. Una opción difícil e incierta pero que, para muchos individuos y familias, tiene más esperanza que encarar la violencia y la miseria en sus países de origen. (AP)

Incluso para los que finalmente sean admitidos y logren solicitar asilo, el futuro les depara un tiempo en centros de detención migratoria y un proceso largo, con la deportación siempre acechando, antes de que consigan su objetivo de residir libremente en Estados Unidos (o en México para quienes opten por quedarse allí), donde por lo demás encararán otros problemas que en general enfrentan los inmigrantes: adaptación a un contexto diferente, problemas para obtener un ingreso, empleo, vivienda y servicios de salud y la amenaza latente de la discriminación.

En la balanza, con todo, eso al parecer les resulta aceptable y mejor que la violencia y la zozobra de la que huyeron en sus países de origen.

La receptividad de los países de ruta y destino, México y Estados Unidos, es por ello clave, y la del gobierno de Trump se sabe ya que es ínfima o inexistente. Por ello, es de esperar que la solidaridad y el sentido humanitario prevalezcan, pero es claro que sin una respuesta, pública o privada, de envergadura, la situación de la caravana una vez tope con la frontera podría tornarse crítica.

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