La iniciativa más solidaria de los vecinos de Banyoles: hacen cola frente a una tienda emblemática para comprar y evitar que eche el cierre

Multitud de personas se han congregado en silencio a las puertas de Can Brugada, una emblemática tienda situada en la Plaza Mayor de Banyoles, para evitar que eche el cierre. Los habitantes de esta pequeña ciudad gerundense se encuentran conmocionados con la noticia de que uno de sus comercios más antiguos vaya a poner fin a su actividad para siempre.

Un texto en el escaparate que reza “comestibles, droguería, perfumería, pinturas” es lo que se encuentra uno nada más llegar al local. Suficiente para saber que se trata de un comercio de toda la vida, de los que ya no existen. En él se puede comprar un poco de todo, como en las tiendas de pueblo de antaño. Desde productos de limpieza hasta víveres, pasando por macetas, golosinas o cromos.

Al menos dos generaciones de vecinos se han dejado caer cada día por la tienda de María Ángeles. Por este motivo, se ha producido un gran descontento entre vecinos y amigos que han realizado una protesta pacífica para dejar clara su oposición ante esta injusta situación. Y es que, al margen de la cuestión personal, perder Can Brugada es perder un espacio considerado patrimonio etnográfico. Precisamente para mostrar su apoyo, el Ayuntamiento del lugar ha otorgado a este establecimiento un hueco especial dentro del catálogo de comercios emblemáticos que se está elaborando durante estos días.

‘Ca la Brugui’, como se la conoce en el municipio, comenzó su historia en el año 1948 de la mano de los padres de la actual dueña, María Ángeles Brugada, más conocida como Brugui, una mujer de 77 años que está a punto de perder todos sus recuerdos y cambiar radicalmente su modo de vida. Desde hace algún tiempo corría el rumor de que la tienda cerraría de forma inminente, aunque siempre se trataba de una falsa alarma.

Ahora aquel miedo cobra vida de verdad. Este cierre se trata realmente de un desalojo obligado tras expirar la relación contractual entre los propietarios del inmueble donde Brugui está de inquilina. La mujer deberá abandonar el establecimiento que le vio nacer y crecer antes de que finalice la semana. El fin de una historia para Can Brugada que nadie imaginaba, pero el principio de una nueva vida para Brugui que, aunque pierda su querida tienda, no abandona la esperanza de que vecinos y amigos le ayuden a superar el momento más amargo de su vida.

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