Va siendo hora de que influencers como Dulceida o Laura Escanes se tomen en serio su salud mental

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MADRID, SPAIN - 2021/06/23: Blogger Aida Domenech known as DULCEIDA attends a portrait session in Madrid. (Photo by Atilano Garcia/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)
Dulceida ha tocado fondo y se retira temporalmente de redes sociales (Photo by Atilano Garcia/SOPA Images/LightRocket via Getty Images)

Una fotografía al día y miles de euros al mes como sueldo. Posa, sonríe, edita la foto y súbela a Instagram para cobrar de las marcas que te patrocinan. A priori este trabajo es el sueño de muchas jóvenes pero, ¿es tan idílico como parece ser influencer? ¿Sale a cuenta para la salud mental?

Laura Escanes o Dulceida forman parte del selecto grupo de influencers más famosas de España. Ambas posan en lugares paradisíacos, anuncian productos para sus seguidores, se maquillan, comparten momentos de su vida familiar o de sus vacaciones y todo a precio de oro.

Sin embargo tras esa sonrisa congelada en algunos de sus post, se esconde una lucha constante entre la vida de cara al escaparate social de las redes y la cruda realidad. La cara amable de ser influencer es palpable pero la cara B, es la que les acaba pasando factura y parece que ni una ni la otra, son conscientes de lo serio que puede llegar a ser un problema de salud mental.

Vivir una vida expuesta a nivel mediático y online no es nada sencillo y tanto Laura como Dulceida siempre se encuentran en esa batalla por conservar esa estabilidad mental ante el odio y las críticas que generan opiniones ajenas de sus haters.

Cuando a eso se le suman problemas o dificultades personales, todo estalla. Sin ir más lejos, Dulceida está viviendo su peor verano. Su relación de casi una década con Alba Paul atraviesa una fuerte crisis que las ha llevado a separarse, además de esto, hace pocos días acaba de perder a su abuela Ana y está rota por dentro.

Dulceida se ha ido de redes escribiendo: “Hoy hago un parón, hoy me voy. Necesito reconstruirme, necesito abrazarme y cuidarme para volver. Me siento perdida y necesito encontrar el camino para recuperar mi alegría y volver a reconocerme, volver a ser yo y volver a quererme. Esta siendo un año de mierda. El martes se fue mi abuela para siempre y la echo de menos a cada minuto, sigo sin creérmelo y duele. Aunque se que ahora ella me ayudará.·

Y añade en referencia al odio recibido online: “Desde hace unos meses estoy recibiendo un acoso constante en redes sociales sobre mi relación, por parte de unos pocos, que hacen mucho ruido y también mucho daño a mí y a las personas que me quieren. Por estas razones, por mí y por mi salud mental, necesito parar. Soy una persona muy fuerte y nunca pensé que podría llegar a sentirme como me siento hoy, pero yo misma me estoy haciendo daño y no puedo más. En algunos momentos soy mi peor enemiga exigiéndome y machacándome, estoy segura de que muchos me entenderéis. A veces, no puedes con todo y hay que parar, pedir ayuda y priorizar tu salud mental.”

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Dulceida ha dicho basta y se ha puesto por delante de su modo de vida, cosa que es loable y muy compleja. ¿Cuánta gente tiene un trabajo que adora pero que le cuesta su salud mental o su estabilidad emocional? Por desgracia, muchísima.

Afortunadamente Aida, que ese es su nombre real, puede permitirse este parón para sanar: “Estoy dispuesta a seguir luchando y hacer de todo esto un aprendizaje para quedarme con lo bueno e intentar mejorar lo malo. Será raro, a mi vuelta os contaré. Llevo 12 años dando guerra por aquí, compartiendo mucho de mí todos los días acompañada siempre por los mejores, una familia de preciosos llena de amor. Soy una mujer fuerte pero siento que ahora mismo estoy cargando con mucho y esto no puede ser un peso más, no me siento con fuerzas.”

Esta situación de estallido y necesidad de alejarse de la toxicidad de redes sociales que está experimentando Dulceida la acaba de pasar Laura Escanes que colgó hace 20 días una fotografía en la montaña junto a su hija Roma y le llovieron las críticas.

La influencer y esposa de Risto Mejide iba pedaleando en la bicicleta y por este motivo vestía ropa de verano, su bebé iba sentada detrás más abrigada. Por este motivo -por tener a Roma abrigada cuando ella no lo iba- la tacharon de mala madre y de, casi, sofocar a su hija. Un horror.

Esta fue la gota que colmó el vaso para Laura que decidió dejar redes sociales pero ahora, tan solo diez días más tarde, ha vuelto y sigue publicando a diario con normalidad. Escanes marchó por salud mental pero, ¿acaso en diez días se restaura el desgaste acumulado? Es obvio que no pero, por otra parte, las redes son parte de su trabajo.

Laura escribe a su vuelta:”Hace 10 días eliminé la aplicación de Instagram de mi móvil. Desde hace más de 6 años que nunca había hecho eso. Supongo que todos en algún momento necesitamos parar. No os voy a mentir, he pasado épocas mejores. Hay muchas batallas que no cuento por aquí, supongo que para proteger a los míos, para protegerme a mí.”

Y continúa: “Este último año he pasado momentos de mucha debilidad, muchas dudas sobre infinitas cosas, muchos miedos, inseguridades y pérdidas de gente que he querido y querré siempre. Leí algo el otro día que decía: ‘puedes con todo, pero no con todo a la vez’. Así que quiero decir algunas cosas por aquí. Primero, gracias a todos vosotros, ya sabéis por qué. Gracias a mi familia, a mi amor, por aguantarme cuando no me aguanto ni a mí misma. Y supongo que gracias a mí, por haber mostrado las debilidades cuando así lo sentía. Mostrar que no siempre somos fuertes, nos hace fuertes. Así que poco a poco, no hay prisa.”

Laura asegura que no hay prisa y, sin embargo, ha vuelto al lugar del que se había ido diez días antes para cuidarse. Me hubiese gustado que se tomara un tiempo real para sanar sin tener que seguir exponiendo su vida a diario porque eso es sinónimo de recibir odio y críticas.

En ocasiones como esta, tanto en el caso de Laura como en el de Dulceida que pretende estar bien de aquí a septiembre, es decir, en una semana, parece que a las jóvenes les corra prisa el volver a redes cuando aún ni se han acabado de marchar.

La salud mental es un tema muy serio y las recaídas son constantes si el problema no se sana de raíz. Si las redes sociales son la causa inicial de la infelicidad o la ansiedad de las influencers, dejarlas diez días alegando que es "por salud mental" no tiene mucho sentido. En diez días nadie es capaz de sanar heridas que te llevan tan al límite como para dejar el trabajo (en su caso, redes).

Comprendo la presión a la que ambas están sometidas pero también encuentro que no deberían frivolizar con el concepto de la salud mental y, si están simplemente agobiadas, con decir algo como "necesito desconectar" o "me ausento unos días" es suficiente. La alusión a problemas de salud mental implica un nivel mucho más profundo de daño que, o bien no sienten realmente, o bien pretenden reparar en un tiempo inverosímil para un conflicto mental real. 

Si bien es positivo dar visibilidad a los problemas de salud mental que genera el acoso en redes (no solo a las influencers sino a muchos usuarios anónimos también) hacerlo a medias no cuaja. Lo ideal sería que trataran sus conflictos en terapia el tiempo necesario y sin ese miedo ni 'esclavitud' de tener que regresar y seguir publicando, es decir, produciendo, para que ni marcas ni seguidores se olviden de ellas. De lo contrario, seguirán siempre en la maquinaria opresora de la que intentan, sin éxito, huir en tiempo récord.

No es sencillo escapar de la “cárcel” que supone ser influencer y tanto Laura Escanes como Dulceida prosiguen su lucha por compaginar su felicidad y estabilidad personal, con la presión de compartir su día a día en redes sociales a cambio de un, eso sí, suculento sueldo que parece compensarlas.

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