Infección urinaria: la clave para recuperarse bien y que no se repita tanto

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La infección urinaria afecta a más mujeres que hombre y suele estar causada por bacterias en la orina que suben de la vejiga a los riñones. Los síntomas más comunes incluyen dolor de espalda o vientre (barriga), fiebre, náuseas y vómitos. (Foto: Getty)
La infección urinaria afecta a más mujeres que hombre y suele estar causada por bacterias en la orina que suben de la vejiga a los riñones. Los síntomas más comunes incluyen dolor de espalda o vientre (barriga), fiebre, náuseas y vómitos. (Foto: Getty)

La infección urinaria es extremadamente común, y casi la mitad de las mujeres tienen una en algún momento de su vida. Afecta con más frecuencia a las mujeres que a los hombres. Puede afectar a personas de cualquier edad, aunque por lo general afecta a mujeres entre los 15 y 30 años de edad, así como también a bebés y adultos mayores.

Esta condición ocurre debido a bacterias 'malas' que suben de la vejiga a los riñones. La orina es un fluido producido en los riñones que contiene agua y productos de desecho del organismo, que atraviesa el tracto urinario y se elimina por la uretra.

Síntomas

  • Orina turbia o con sangre que puede tener un olor fuerte o fétido (maloliente).

  • Fiebre baja en algunas personas.

  • Dolor o ardor al orinar.

  • Presión o calambres en la parte inferior del abdomen o en la espalda baja.

  • Fuerte necesidad de orinar con frecuencia, incluso poco después de haber vaciado la vejiga.

La mayoría de las infecciones del tracto urinario (ITU) no son complicadas y tienen un tratamiento sencillo. Sin embargo, si no se diagnostican, pueden ascender desde la vejiga a través de los uréteres hasta llegar a los riñones. Por eso no se debe esperar a orinar mal o con mucha frecuencia.

El tipo más común de infección del tracto urinario es la cistitis, que afecta a la vejiga y cuyo signo más característico es el dolor o escozor al orinar, pero cursa siempre sin fiebre.

Si hay fiebre indica que además otro órgano está afectado, como los riñones. Esto indicaría que hay otro tipo más grave de infección del tracto urinario, que recibe el nombre de 'pielonefritis'. En la infección de los riñones, las personas suelen tener dolor de espalda, fiebre elevada y vómitos.

Una pielonefritis (infección de los riñones) es más peligrosa y puede causar una lesión renal irreversible. Como decía, este tipo de infección urinaria se caracteriza por fiebre, escalofríos, dolor lumbar, malestar..., acompañado de 'bacteriuria significativa (cuando las cantidades de bacterias presentes en la orina son superiores a las normales). Puede haber también síntomas de cistitis, como dolor al orinar y ganas de ir al cuarto de baño frecuentemente, incluso cuando la vejiga está vacía. Otra señal común es la presencia de sangre en la orina (hematuria), que se presenta normalmente como una orina color oscuro.

Hay situaciones en las que existe predisposición como la diabetes, el embarazo, en niños menores como reflujo, y en caso de cálculo u obstrucción, ya que pueden pueden crecer mucho y obstruir el riñón, los uréteres o la vejiga.

En algunos casos, una ITU sin tratar puede llegar a la sangre y dar lugar a una sepsis y al fallo múltiple del órgano, poniendo en peligro la vida del paciente. Con tratamiento, la mayoría de las personas con una infección renal leve comienzan a sentirse mejor dentro de los 2 a 3 días de comenzar a tomar los antibióticos. Sin embargo, la pielonefritis se puede tornar recurrente, y en ese caso, puede causar cicatrices en los riñones.

Así lo explica el doctor Guillermo Andrés Boville, especialista en Urología de la Clínica Universidad de Navarra (CUN): "Bien tratada, la infección de riñón se suele curar sin dejar secuelas, pero en determinadas ocasiones (especialmente cuando existe reflujo vésico-renal u obstrucción) la enfermedad sigue su curso y produce lesiones inflamatorias y cicatriciales que atrofian el riñón".

Sin duda, es una causa frecuente de formación de cicatrices en los riñones y "puede llevar a la pérdida parcial de la función renal, especialmente en pacientes que tienen infecciones recurrentes", añaden los expertos de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).

Por eso, si se sospecha una infección (cuando existen los signos o síntomas de ITU que hemos mencionado) es importante saber qué tipo de bacterias (si las hay) están presentes, cuántas hay en la orina y con qué antibiótico se pueden tratar esas bacterias. Por eso, es importante ir al médico para que pueda realizar una prueba de orina. El método que se utiliza -proporcionar una muestra de orina y esperar los resultados- es rudimentario y viejo (tiene ya 140 años), pero todavía sigue siendo el mejor para diagnosticar las infecciones urinarias.

El cultivo de orina detecta e identifica la presencia de bacterias y levaduras en la orina que puedan estar produciendo una infección del tracto urinario (ITU). Se basa en la técnica de la 'placa de agar', que consiste en colocar una pequeña cantidad de orina en un pequeño plato redondo lleno de una jalea nutritiva llamada 'agar', que se mantiene caliente durante la noche para permitir que crezcan las bacterias, según publica ScienceAlert. Y es que, además de estos microorganismos, la orina puede contener muchas otras cosas, como urea y sales, y diferentes niveles de acidez, que pueden afectar la detección de bacterias. Pero al esparcir la orina en agar, se elimina cualquier otra cosa que pueda interferir con el crecimiento bacteriano.

Esta técnica también permite que las células individuales de la muestra formen manchas (llamadas 'colonias') que son fáciles de contar. La forma, el color, el tamaño e incluso el olor de las colonias se pueden utilizar para indicar qué tipos de bacterias están presentes. Lo cual permite no solo diagnosticar la infección de una persona, sino también ajustar el tratamiento que se le administra. Y es que aunque mucha gente piensa que las infecciones urinarias como la infección de riñón o pielonefritis se trata con antibióticos, no todos valen. El tratamiento es diferente dependiendo de la edad, localización (pielonefritis si afecta al riñón y a la pelvis renal; cistitis si implica a la vejiga; utetritis si afecta a la uretra, y prostatitis si se localiza en la próstata), tipo de infección, recurrencia, etc.

El médico indicará si es necesario antibiótico, y lo prescribirá de forma selectiva, eligiendo el mejor de aquellos a los que el germen es sensible. Por eso debe hacerse el cultivo de orina, y otra prueba (antibiograma), que determina la sensibilidad o resistencia de una bacteria a un grupo de antibióticos. A veces la infección no es tan grave como para necesitarlos y se puede superar con analgésicos simples (paracetamol, ibuprofeno) que alivian el dolor. "Consumir mucho líquido puede ayudar a limpiar las bacterias de los riñones y la vejiga. Así como orinar con frecuencia, orinar después del coito y lavarse cuidadosamente", concluyen los expertos.

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