Indígenas desplazados por el conflicto, también víctimas del alud en Colombia

Por Lissy DE ABREU
1 / 2
Niños indígenas juegan al fútbol en Mocoa, departamento de Putumayo el 4 de abril de 2017

Esta vez fue la acción de una brutal avalancha la que dejó sin hogar a los miembros de la comunidad indígena MusurrunaKuna, que años atrás habían llegado a la ciudad colombiana de Mocoa (sur) desplazados de sus hogares por efectos del conflicto armado interno.

"Vivíamos en Puerto Guayuyaco (en el vecino departamento de Cauca) y hace más de 10 años fuimos desplazados por la guerrilla", cuenta a AFP Sandra Peña, indígena de 39 años que asegura que ella y sus hijos sobrevivieron al alud que dejó más de 300 muertos en la ciudad de Mocoa hace una semana "por gracia del señor".

Esa noche se le hizo tarde y no pudo conseguir transporte hasta su casa ubicada en la parte alta de la montaña, totalmente arrasada por el lodo. Se quedó entonces con sus hijos de 13 y 16 años en la vivienda de un hermano, en una zona que también resultó afectada, aunque en menor medida.

"La casa empezó a temblar y pensé en un temblor. Nos sentamos en la cama, oramos, y no bajamos los pies. No nos dimos cuenta que la casa se estaba inundando y tampoco salimos, aunque oía a los vecinos gritar. Cuando pasó lo peor fui a abrir la puerta y no pude: unos palos sirvieron de escudo para que el lodo no entrara", recuerda, agradecida.

Peña y otros 60 miembros del cabildo MusurrunaKuna, parte del pueblo inga, están ahora albergados en la sede de la Asociación de Mujeres Indígenas, donde conviven "con más tranquilidad que en otros refugios", porque todos se conocen, el "ambiente es bueno y además hay agua", cuenta.

Forman parte de unos 1.300 indígenas damnificados por la crecida de tres ríos que causó la avalancha, según cifras de la Organización Zonal Indígena de Putumayo (OZIP), el departamento amazónico del que Mocoa es capital.

De los más de 300 muertos, al menos 115 eran de origen indígena, y seis de los 13 cabildos ubicados en la zona fueron "borrados del mapa", reportó la OZIP. En Putumayo viven unos 32.000 indígenas, según el gobierno.

Albaro Cruz, vicepresidente de la OZIP, explicó que tras la avalancha se activó una "minga permanente para recibir a la población afectada" y se acondicionaron seis puntos de atención.

"Hay gente que estamos atendiendo integralmente, pero otros se alojan con familiares y les damos solo alimentación y servicios médicos", dijo a la AFP.

- El territorio "lo perdimos" -

El conflicto armado interno que ha enfrentado a guerrillas, paramilitares y agentes estatales en Colombia, ocasionó que indígenas -y también otras poblaciones- se desplazaran a Mocoa para rehacer sus vidas. Integran las más de 8 millones de víctimas de la confrontación.

Muchos, al llegar a la ciudad, se ubicaron en los márgenes de ríos y quebradas, buscando tierras baratas para construir sus hogares.

Lizeth Peña, de 37 años y miembro de los MusurrunaKuna, explica que tal es el caso de su comunidad: eran originarios de Mocoa, pero la llegada del "no indio" los hizo irse a otras zonas de Putumayo y Cauca. De allí salieron por acción de actores armados y desde hace una década buscaban reorganizarse en la ciudad.

"Nos tuvimos que salir del resguardo porque la guerrilla nos quemó nuestro rancho. Lo mismo les pasó a los demás que están aquí, que veníamos de comunidades diferentes pero tenemos consanguinidad. A partir de 2006 comenzamos a organizar el cabildo, que es nuestra organización sociopolítica, para luego pasar al resguardo, que es el que ya tiene territorio", explica.

"Logramos el reconocimiento en 2012 y por una gestión con una organización suiza conseguimos el territorio en que nos estábamos estableciendo para reconstruir nuestra vida comunitaria. Pero mira ahora lo que pasa, el poco territorio que teníamos lo perdimos", dice.

Para el momento de la tragedia en el resguardo vivían seis familias, pero 14 de las 22 familias que conforman el cabildo "sufrieron afectaciones directas", incluidas tres personas que quedaron "muy malheridas y una niñita fallecida", de 12 años.

Mientras los niños corren y juegan fútbol en la parte descubierta del refugio, Peña cuenta que para recuperarse de lo sucedido en las noches se reúnen "para compartir la palabra" y también hacer "un sahumerio, que ayuda mucho a relajarse".

Al usar Yahoo aceptas que Yahoo y sus socios puedan utilizar cookies para personalización y otros fines