La incertidumbre marca la histórica elección para aprobar o rechazar la nueva constitución en Chile

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© AFP - MARTIN BERNETTI

La incertidumbre se apodera de las calles de Chile cuando se aproxima su elección más histórica de los últimos años, aquella que podría transformar una economía neoliberal líder de la región a estado garante de derechos. Según las encuestas de opinión, el rechazo al texto constitucional propuesto por la Convención el pasado 4 de julio saldría con ventaja, pero el hecho de que sea la primera elección con voto obligatorio desde 2012 cambia las reglas del juego.

Chile enfrenta su elección electoral más trascendente desde el plebiscito por el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1998) en un proceso que podría transformarlo de un experimento neoliberal a un Estado garante de derechos con una constitución ecológica, plurinacional y la primera paritaria en el mundo, poniéndolo en la vanguardia de muchos derechos, como los digitales o inclusivos.

Pero una parte de los chilenos aún no tienen claro por qué van a votar.

Como de “gran incertidumbre” califican los analistas el ambiente que se vive en estos días en Chile, con un rechazo que se ha mantenido en lo alto de las encuestas de opinión desde antes de que se terminara de escribir el texto constitucional, pero con la incógnita de cómo votarán una posible masa de millones de electores que podrían participar en este proceso -con voto obligatorio por primera vez desde 2012- y que no han acudido a las urnas en varias elecciones.

El proceso electoral del 4 de septiembre es la continuación de un plebiscito de entrada que en octubre de 2020 manifestó que un 80% de los votantes en Chile querían una nueva Constitución que fuera redactada por un órgano expresamente elegido para ello sin participación de la política convencional, una salida institucional a la mayor crisis de la democracia que vivió el país, con el estallido de 2019 por el que la ciudadanía reclamaba cambios, mejores pensiones, educación y salud, entre otros.

Crisis social y pandemia

Este proceso “se dio en un contexto de crisis social y política y de pandemia, que hizo reflotar muchos conflictos que tenía Chile con respecto a la desigualdad fundamentalmente”, explica a France 24 Pamela Figueroa, académica del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago. “Eso polarizó mucho a las elites. Hay una alta polarización a nivel de la elite, económica, política y la ciudadanía está tomando posiciones y decisiones en un contexto donde también hay crisis económica postpandemia, altos problemas de seguridad, como en otros países de América Latina” que surgen con más fuerza en Chile en la actualidad.

Para la académica, coordinadora del Observatorio Nueva Constitución de la Universidad de Santiago “es muy difícil saber cuál de las opciones va realmente a ganar. Si uno hiciera una proyección de lo que han sido los resultados electorales del plebiscito de 2020, de la elección presidencial, de la elección parlamentaria de los Convencionales Constituyentes de 2021, uno podría pensar que el apruebo debiera ganar holgadamente. Pero las últimas encuestas han mostrado que el rechazo es una opción que ha ido liderando las preferencias ciudadanas, durante las últimas semanas”, apunta.

La elección es abierta por los resultados inciertos, pero también, porque la clase política chilena no fue parte de una Convención Constitucional paritaria y por primera vez en la historia de Chile con representación indígena.

Esto hizo que una vez que el texto propuesto por la Convención el pasado 4 de julio fuera divulgado, los partidos políticos tomaran posiciones con respecto a él. Y entre las opciones están los partidarios de “aprobar el texto pero con reformas” a sus aspectos más polémicos (plurinacionalidad, distribución y equilibrio de los poderes, otros) o los que son partidarios de rechazar el texto y volver a escribirlo o de reformar la actual Constitución.

Escenario abierto

“Esto hace que más allá del resultado del 4 de septiembre va a haber un escenario político abierto de reformas ya sea del nuevo texto constitucional si gana el apruebo o del actual texto constitucional si gana el rechazo”, lo que perpetúa la incertidumbre.

De lo que nadie tiene duda es de que, pase lo que pase, habrá un nuevo ciclo de reformas políticas en el país “lo que también es parte del proceso constituyente”, señala Figueroa.

El sociólogo Axel Callis coincide en la polarización de la elite chilena “hay una idea de que el rechazo va a ganar o está muy cerca de eso y eso tiene a toda la clase política, hablando del post plebiscito más que del plebiscito propiamente tal, incluido al presidente, lo que es una situación bastante anómala”, analiza el director de la Encuestadora “Tú Influyes”, que mide opinión pública, consumo, electores y audiencias.

“No sabemos cómo van a votar una serie de personas que nunca lo han hecho. Hay un segmento que es las personas más vulnerables de este país, “los pobres de los pobres” como se podría decir, que nunca votan y si ellos van a votar “no sabemos cómo lo hacen”, apunta.

Además las encuestas miden hasta los niveles de pobreza llamémosle “ubicables en términos telefónicos o de vivienda, pero hay un grupo por debajo de eso que no son ubicables por las encuestas”, continúa. “No sabemos si van a ir a votar” y si lo hacen por qué opción lo harán, señala Callis.

Para el sociólogo el futuro del país está vinculado a lo estrecho u holgado con que se imponga una u otra opción “si hay un resultado estrecho va a partir otro proceso” más o menos con rapidez pero si el resultado fuera holgado, los cambios van a demorar.

“Si el rechazo gana 60-40%, la derecha no va actuar con celeridad para llevar a cabo los cambios y las calibraciones de un nuevo proceso constituyente porque se va a sentir con un mandato ciudadano que le transfiere” tiempo para hacer los cambios.

“Si ganara el apruebo 60-40 va a haber también un mandato para no modificar sustancialmente todo”, a pesar de los acuerdos previos realizados en el Congreso y por la élite política de hacer reformas al nuevo texto Constitucional.

El Plan B

Callis destaca como llamativo el hecho de que el presidente Gabriel Boric, cuyo gobierno es partidario al apruebo desde antes de asumir, haya claudicado de uno de los principios básicos de una campaña electoral: nunca dar por descontado que vas a ganar. Al plantear, como hizo el presidente, que si gana el rechazo se iniciará un nuevo proceso para elegir convencionales y redactar un nuevo texto, Boric soslayó este principio “y abrió los caminos del plan B”, con opciones como rebajar el quórum para reformar, incluso, la actual y muy disputada Constitución de Augusto Pinochet.

Abrir las opciones si gana el rechazo “ le quita tensión a la elección” y a que gane esta opción al “entender que hay vida después de la vida que es lo que están prometiendo todos”, concluye el encuestador.

“En cualquiera de los dos escenarios, el país está en disposición en avanzar en más derechos sociales, en una democracia paritaria, me parece que hay ciertos consensos que la sociedad ha desarrollado durante estos últimos 2 o 3 años desde que fue el estallido social desde 2019”, señala de su lado Figueroa, explicando que el ciclo de cambios es ya imparable en el país y no tiene vuelta atrás.

“Si gana el rechazo va a haber un nuevo proceso constituyente, es muy difícil que el sistema político y la sociedad se sostenga en el actual texto Constitucional. Es un texto que es no solamente es cuestionado porque tuvo un origen en dictadura sino que es un texto que es cuestionado porque no da cuenta de la actual sociedad chilena. Es un texto que se hizo en otro contexto, con otros valores, con otros principios institucionales y que no responde a lo que la sociedad chilena hoy día es”, explica.

Lo que quedaría por determinar es cómo sería ese nuevo proceso constituyente, cómo se elegiría a sus miembros, cuáles serían sus plazos y si tomarían como punto de partida la nueva propuesta Constitucional planteada en la actualidad y el proyecto de nueva Constitución desarrollado durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet (2014-2018).

“Si el proceso continúa, no debe ser contra lo hecho por la Convención, sino desde lo realizado por ella”, afirma de su lado el doctor en Filosofía Política y académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, Cristobal Belollio. Esto apunta “a una idea de legitimidad acumulativa, que no es tan distinta en espíritu de lo que se establece en algunos países para reformar la constitución: la aprobación de dos legislaturas seguidas”, señala el académico, excandidato convencional.

Para Belollio el problema fue que “más allá de la letra del texto, este proceso debía generar una lealtad constitucional básica y transversal, para resolver verdaderamente el problema que teníamos con la constitución del 80”, de legitimidad. “Creo que ese objetivo no se alcanzó, y el hecho de tener una opinión pública tan dividida de cara al plebiscito es síntoma de aquello”, apunta sobre la importancia en el debate en Chile que se ha producido sobre las polémicas del proceso constitucional, que ha opacado el contenido del propio texto.

Parece que pase lo que pase el 4 de septiembre, el camino de los cambios será, pero no sin tropezones en la historia de este nuevo Chile aún por escribir.