Incertidumbre en la monarquía británica tras el terremoto causado por Enrique y Meghan

Por Arman SOLDIN, Robin MILLARD
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Una postal con la imagen del príncipe Enrique y Meghan Markle, a la venta en una tienda próxima al palacio de Buckingham, el 10 de enero de 2020 en Londres

El abandono unilateral por el príncipe Enrique, nieto de Isabel II, y su esposa Meghan de sus funciones reales dejó tambaleante a una monarquía británica muy popular pero que recibió duros reveses recientes, obligándola más que nunca a reinventarse.

También aumentó la presión sobre el hermano mayor de Enrique, el príncipe Guillermo, quien, junto con su esposa Catalina -llamados a ocupar un día en trono- deberán llevar ahora en solitario la carga de representar a la institución ante una generación más joven.

La reina Isabel II tiene 93 años y su esposo, el príncipe Felipe, 98. La pareja ya no viaja y en los últimos años ha delegado su representación internacional en su hijo y heredero, Carlos, y los dos hijos de este, con sus respectivas esposas.

Por su parte, el príncipe Carlos anunció hace poco su intención de restringir la casa real, una vez que haya sido coronado, al núcleo formado por él y sus hijos y nietos, prescindiendo de tíos, primos y demás.

Así, pese a ser sexto en la línea sucesoria, Enrique debía, junto a Meghan, ocupar un lugar cada vez más importante en la monarquía en los próximos años.

Pero la repentina decisión del príncipe, de 35 años, anunciada sin concertación con el resto de la familia, desbarató las reglas del juego y dejó tambaleante a la institución.

"No hay duda de que cualquier ruptura o enemistad o desarmonía entre los miembros de la familia real tiene un enorme impacto en la forma en que se les percibe públicamente", dijo a la AFP, Victoria Murphy, especialista en la monarquía británica.

"Uno de sus puntos fuertes es cuando presentan un frente unido y también cuando reúnen a la gente y para ello existe la sensación de que necesitan estar unidos", agrega.

- La supervivencia de la monarquía -

Enrique abundó en su reputación de impulsivo al decidir cambiar su relación con los medios de comunicación, tradicionalmente muy codificada y organizada, y vivir a caballo entre el Reino Unido y Norteamérica sin consultar a la reina ni a su padre.

"La única manera sensata de proceder era haber arreglado esto de antemano con otros miembros de la familia real y con la casa real", considera otro experto sobre la familia real Richard Fitzwilliams.

Para asegurar la supervivencia de la institución, la monarquía británica ha sido históricamente despiadada con aquellos miembros que rompieron las reglas.

Así, tras abdicar en 1936 para casarse con Wallis Simpson, una plebeya estadounidense dos veces divorciada, el rey Eduardo VIII -tío de Isabel- pasó el resto de su vida en el exilio en Francia.

Del mismo modo, la princesa Diana fue despojada de su título de "alteza real" en 1996, cuando se divorció de Carlos. También lo fue Sara, cuando se divorció del príncipe Andrés, el tercer hijo de la reina Isabel.

Y este último se vio recientemente obligado a retirarse de la vida pública debido a su relación con el financiero estadounidense Jeffrey Epstein, acusado de pederastia y muerto en una cárcel de Nueva York mientras esperaba a ser juzgado.

- Jaula de oro -

Exactriz y mulata, Meghan fue considerada en un principio como alguien que aportaba un soplo de aire fresco a la familia real, una institución apreciada por los británicos pero anquilosada y alejada del Reino Unido multicultural del siglo XXI.

A diferencia de la princesa Diana -madre de Guillermo y Enrique divorciada en 1996 y fallecida un año después en un accidente de coche-, que se había prometido cuando tenía sólo 19 años con Carlos, Meghan parecía suficientemente madura para darse cuenta de dónde se metía cuando, con 36 años, se casó con el príncipe en 2018.

Pero la exestrella de la televisión no se adaptó a la jaula de oro de una familia real encorsetada por siglos de tradición.

Está por ver si el nuevo estatuto de la pareja, con un pie en la familia real y otro fuera, durará. La reina Isabel II pidió a los equipos reales aclarar rápidamente la situación.

Pero, hasta ahora, los miembros de la familia real británica que han deseado ser económicamente independientes no tuvieron mucho éxito.