Los incendios de sexta generación, o por qué es tan difícil extinguir el de Sierra Bermeja

El incendio de la Sierra Bermeja, en Málaga, ya ha devorado 7.400 hectáreas, 85 kilómetros de perímetro, y ha provocado la evacuación de seis municipios, entre ellos Jubrique y Genalguacil, casi 3.000 personas en total.

El consejero de la Presidencia, Administración Pública e Interior de la Junta de Andalucía, Elías Bendodo, dijo ayer que la evolución del incendio sigue activo y que “nunca se ha visto algo parecido en nuestro país”. Tras la petición de la Junta de Andalucía, la Unidad Militar de Emergencias (UME) ha acudido en la ayuda de las labores de extinción de este fuego al que el presidente Juanma Moreno declaró de sexta generación y “casi inédito en los últimos años en Andalucía y probablemente en España”. Moreno destacó igualmente que es “tremendamente complejo, de enormes dificultades y que hacía mucho tiempo que no nos enfrentamos a uno de estas características”.

Víctor Resco, profesor de Ingeniería Forestal en la Universidad de Lleida, ha explicado en la Cadena SER qué es esto de un fuego “de sexta generación”. “Son los más violentos y están caracterizados porque pueden tener un comportamiento muy errático, que puede llegar a poner en peligro la seguridad de todo el dispositivo de extinción e incluso de toda la gente que pueda estar allí”, define.

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Se caracterizan por la formación de un “pirocúmulo”, es decir, “desde el propio incendio libera tanta energía que te genera una nube, genera una tormenta. Si nos lo imaginamos, es como una chimenea que tiene un tiro muy grande. Esa columna de humo es como si fuéramos un tiro de la chimenea que le da una potencia increíble al incendio. Es una tormenta, es decir, puede descargar rayos y puede generar nuevos frentes a través de las descargas eléctricas. Es decir, es un incendio que se puede multiplicar a sí mismo”, ahonda.

El problema, afina, es cuando ese pirocúmulo se transforma en “pirocúmulo-nimbo”, que es “cuando esa columna convectiva, cuando esa nube revienta, cuando esa nube se desploma”. Entonces, la columna de aire b”aja desde la atmósfera hasta la tierra y eso es lo que hace es que dispara al incendio en todas las direcciones, con una velocidad extrema y con un comportamiento muy errático, poniendo en seguridad, como comentábamos antes, la vida de las personas que puedan estar en el trayecto”. Y justo eso es lo que está pasando en Málaga.

A la pregunta de cómo se puede combatir un fuego así, el especialista responde directamente que es “imposible”. “De todas formas, no es necesario llegar a un incendio de sexta generación para tener un incendio inextinguible. En realidad, cuando tenemos las llamas que están más allá de los dos metros y medio, más allá de los tres metros, el incendio genera tanta energía que, por más que le echemos agua, le estamos haciendo poca cosa”.

Pone el ejemplo de que los bomberos catalanes han calculado que el 75% de las descargas que hacen los aviones son de una utilidad “muy limitada”. “Los incendios se tienen que combatir antes de que se generen. Es decir, hay que invertir más en prevención que no en extinción. Por ejemplo, en el incendio que tenemos ahora en Málaga, los estudios que se han hecho nos indican como de forma natural que en esa zona cada 15 años había incendios. Esto quiere decir que cada 15 años había un incendio que, por decir de alguna forma, limpiaba o eliminaba todo el matorral de la zona y entonces impedía grandes acumulaciones de combustible en grandes acumulaciones de vegetación. Eran unos combustibles que hacían una roza, un desbroce y que eliminaba la competencia y los árboles no les hacían ningún daño ese tipo de incendio, al revés, era como un riego para esos árboles porque les eliminaba la competencia”.

Los incendios de forma natural son “un componente del ecosistema” que regulaba “la dinámica del ecosistema”, pero “que con nuestra reacción de hay un incendio, vamos a apagarlo, lo que hemos hecho es que en lugar de que un incendio cada 15 años, que sería lo natural, dejamos que pase mucho tiempo y por lo tanto se va acumulando mucho matorral, mucha vegetación, y eso hace que luego la carga de combustible sea muy elevada”, explica.

Lo que queda es esperar la lluvia, porque es “completamente inabordable”. “Lo único que podemos esperar hacer es esperar a que las condiciones meteorológicas mejoren”.

En Antena 3, Resco ha añadido que “el problema va a ir a más” porque tenemos zonas boscosas “con una elevada continuidad de combustible, donde la masa vegetal está completamente conectada como pueden ser los Pirineos”. “Actualmente no hay incendios porque hay humedad, pero a medida que avance el cambio climático si no gestionamos las masas de una forma proactiva pasarán a ser inflamables”. “Estamos viendo un previo de lo que puede suceder si no hacemos nada”, concluye.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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