Impacto ambiental de los funerales: la contaminación se invita a nuestra muerte

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Tanto para un entierro como para una incineración, los funerales tienen un impacto medioambiental sobre el suelo y la atmósfera. El uso del formol, generalizado en el cuidado de los difuntos, es una fuente de polución importante después de la muerte, y las prácticas más 'eco-responsables' todavía no están extendidas.

Incluso sepultados a dos metros bajo tierra seguimos contaminando. Según uno de los pocos estudios franceses sobre el impacto medioambiental de los funerales, encargado por los servicios funerarios de la ciudad de París, un entierro produce hasta 833 kilos de CO2, casi tanto como un viaje de ida y vuelta desde la capital francesa hasta Nueva York en avión.

"Contaminación de las aguas subterráneas, contaminación del aire (...) Entierro o cremación, todos los funerales son contaminantes", lamenta Michel Kawnik, fundador de la Asociación Francesa de Información Funeraria (Afif), contactado por France 24. "No solo los osos polares acumulan metales pesados. Nuestro cuerpo conserva moléculas medicinales y por ende acumulamos muchos contaminantes", advierte.

En Francia se tiende a incinerar –método elegido por el 40% de los ciudadanos para su entierro–, sobre todo en las grandes ciudades, "principalmente por razones económicas".

Pero si la incineración emite en promedio el equivalente al 3% de las emisiones de carbono de un francés a lo largo de un año, frente al 11% de la inhumación, no resulta tampoco ser más "verde" que el entierro.

Formol liberado en el aire

Esto se debe al formol, un líquido extremadamente contaminante, que se inyecta en grandes cantidades (de 6 a 10 litros) en los cadáveres para los tratamientos de conservación denominados tanatopraxia. Este embalsamamiento es muy común en Francia: se realiza en el 70% de los cadáveres, cuando su uso está estrictamente controlado y hasta totalmente prohibido en la mayoría de los países europeos.

La Afif advierte además que se trata de cuidados "innecesarios", que muchas empresas funerarias ejercen, "presionando" a las familias para que las acepten "sin darles ninguna explicación".

"No sirve para nada, salvo para duplicar el coste del funeral, y contamina peligrosamente", denuncia Michel Kawnik. La cremación de un cadáver procesado con formol libera dioxinas, "un auténtico veneno", en palabras de la Afif.

Por otra parte, desde 2018, los crematorios franceses están obligados por ley a equiparse con filtros para evitar la difusión de polvo y ciertos metales, pero estos filtros no impiden que se liberen formaldehídos a la atmósfera.

Mercurio de las amalgamas dentales

Otra fuente de contaminación preocupa especialmente a la Afif: el mercurio, que se utiliza cada vez menos, pero que sigue presente en las amalgamas dentales, sobre todo en las personas mayores. Aunque los filtros ya mencionados parecen ser eficaces para evitar la propagación de este metal, Michel Kawnik cree que no todos los crematorios de Francia están equipados con ellos, a pesar de la obligación legal.

"El mercurio calentado a más de 400 grados se vuelve gaseoso, pasa por la chimenea del horno crematorio y cae en finas gotas en los alrededores", explica, preocupado por que Francia no siga el ejemplo de España, donde estas amalgamas "se retiran antes de la cremación". Una simple comprobación que elimina cualquier riesgo de polución en las cercanías de los crematorios.

El entierro, una contaminación de las aguas subterráneas

En el caso del entierro, la contaminación por formol y mercurio también se produce, aunque "más lentamente". En una investigación, el periódico ecológico 'Reporterre' cita a Claude Bouriot, exingeniero sanitario del Ministerio de Salud, que calcula que se entierra una media de 3,3 kilos de formaldehído puro por cementerio.

Las sustancias químicas se liberan esta vez en la capa freática como resultado de la descomposición del cuerpo. "A largo plazo, el entierro es más contaminante", señala Michel Kawnik.

A esto hay que añadir la contaminación provocada por las capas de barniz poliuretano utilizadas para la estética del ataúd y el impacto en carbono de los monumentos o las lápidas de granito, que en su mayoría se producen en China.

Sin embargo, Michel Kawnik observa que "cada vez más familias buscan un funeral lo menos contaminante posible, porque quieren respetar lo que su difunto se propuso hacer en vida".

Los ataúdes de cartón siguen siendo raros

Ante estas preocupaciones ecológicas, algunos servicios funerarios comenzaron a adaptarse. Ahora ofrecen ataúdes encerados, ataúdes de madera cruda e incluso ataúdes hechos con productos orgánicos.

Una tendencia, no obstante, muy limitada, como deplora la Afif, que recibe quejas de familias cuyos servicios funerarios siguen negándose a utilizar ataúdes de cartón, menos contaminantes y, sobre todo, mucho más baratos. "Pocas empresas en Francia aceptan vender este tipo de ataúd biodegradable. Todavía hay una reticencia a aceptar que se puedan ofrecer productos 'eco-responsables'", observa Michel Kawnik, para quien queda mucho por hacer en las prácticas funerarias.

Este artículo fue adaptado de su original en francés.

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