Por qué la II Guerra Mundial se ha convertido en la obsesión de Putin

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(Photo: SPUTNIK PHOTO AGENCY VIA REUTERS)
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Cientos de soldados, tanques y helicópteros... Este lunes 9 de mayo, Rusia ha celebrado, como cada año, el Día de la Victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi en 1945. Es siempre una ocasión perfecta para desplegar su arsenal militar y hacer una demostración de fuerza en la Plaza Roja, esta vez en plena guerra contra Ucrania.

El final de la Gran Guerra Patriótica, como se denomina la II Guerra Mundial en Rusia, es un acontecimiento muy importante en la historia rusa. El presidente Vladimir Putin tiene mucho que ver con ello. Cuando Vladimir Putin llegó al poder en 1999, se encontró con un país desmoralizado. Los años noventa fueron un periodo muy caótico desde el punto de vista político y económico, y era necesario encontrar nuevos motivos para unir a la sociedad”, afirma Isabelle Facon, especialista en políticas de seguridad y defensa rusas en la Fundación para la Investigación Estratégica.

Para reavivar un “sentimiento nacional y reconciliar a la población con su pasado, trató de encontrar referencias positivas. Comprendió que la victoria sobre la Alemania de Hitler era un elemento estimulante para la población e hizo énfasis en el papel de la Unión Soviética en la liberación de Europa del nazismo. Ahora, el 9 de mayo es aún más importante que el 12 de junio, fecha oficial de la independencia de la Federación Rusa.

Cómo el 9 de mayo se ha convertido en una fecha fundamental

No siempre fue así, recuerda Emilia Koustova, profesora de Civilización Rusa en la Universidad de Estrasburgo: “En los primeros años tras el final de la guerra, el régimen estalinista y luego Jruschov (líder soviético de 1953 a 1964) optaron por restar importancia a esta celebración. Temían que el Ejército desafiara al poder. En los años sesenta se produjo un cambio con el “culto a la guerra”, que enfatizó el “pasado glorioso y el sacrificio para la victoria”. El sufrimiento (27 millones de soviéticos murieron entre 1941 y 1945) pasó a un segundo plano.

Con la apertura de los años ochenta gracias a la perestroika, se revisó la historia y salió a relucir información clasificada, como el destino de los prisioneros de guerra o la colaboración con el Tercer Reich. Pero las generaciones que habían vivido la guerra empezaban a desaparecer y el fin de la URSS completó la invisibilización de esta memoria. Entonces llegó Vladimir Putin y volvió a poner la historia en el centro de su discurso. “Como en 1945, la victoria será nuestra”, repitió el domingo. “Siempre ha habido una instrumentalización de la memoria. Es frágil y aún más fácil de manipular cuando las personas que vivieron los hechos ya no están”, advierte Emilia Koustova.

El amo del Kremlin se ha aprovechado de ello. Desde hace 20 años, se han tomado numerosas iniciativas para imponer una historia oficial, olvidando, por ejemplo, los crímenes del Ejército Rojo o el pacto de no agresión germano-soviético de 1939, que limitaba las esferas de influencia entre Alemania y la Unión Soviética. Esta nueva visión se empezó a transmitir en las exposiciones culturales, en los libros de texto y en la ley. “En 2014 se votó un texto para criminalizar el nazismo. La pega es que es un texto muy vago que permite castigar con penas de varios años de prisión cualquier declaración que se desvíe de su versión oficial de la II Guerra Mundial. También castiga “la difusión de información falsa sobre la actuación de la URSS durante la II Guerra Mundial”, explica la profesora.

Putin en el desfile del Día de la Victoria (Photo: VIA ASSOCIATED PRESS)
Putin en el desfile del Día de la Victoria (Photo: VIA ASSOCIATED PRESS)

Putin en el desfile del Día de la Victoria (Photo: VIA ASSOCIATED PRESS)

“Una obsesión personal”.

En 2020, Vladimir Putin fue aún más lejos. Además de organizar un referéndum que le permite mantenerse en el poder rompiendo el límite de dos mandatos, también incluye una enmienda constitucional que “proclama que la Federación Rusa tiene la obligación de proteger la verdad histórica y prohíbe ‘minimizar el heroísmo del pueblo que defiende la patria’”, cita Emilia Kustova. Es una ley “liberticida para la historia que introduce la autocensura”.

De hecho, Vladimir Putin está “apretando las tuercas” de la herencia de la Gran Guerra Patriótica. “Es una obsesión personal y está convencido de lo que dice. Piensa que Rusia cumplió una misión histórica absoluta, salvó al mundo y ganó una batalla del bien contra el mal en 1945″, dice. Ahora, este es un sentimiento ampliamente compartido por la población gracias a la propaganda que ha difundido durante años.

Jean-Sylvestre Mongrenier, investigador del Instituto Thomas Moore y autor de Le Monde vu de Moscou, no duda en hablar de la obsesión de Vladimir Putin. “La mitificación de la Gran Guerra Patriótica es la piedra angular de su visión del mundo. Es una “religión secular” o una “religión política” que invita a los rusos al sacrificio y los prepara para ello. También va acompañada de una forma de idolatría del poder”, analiza.

Restaurar la imagen de Rusia.

La historia de este conflicto vista por Vladimir Putin no es solo un mensaje para los rusos, sino también para Occidente, añade Isabelle Facon. “Esto lo está haciendo para restaurar la imagen del país a nivel mundial, para justificar su pretensión de gran potencia y tener un lugar protagonista en el concierto europeo, destacando sobre todo el papel de la URSS en su victoria contra el fascismo”. Tener voz es aún más importante en este contexto de fuertes tensiones con Estados Unidos, Europa y la OTAN, especialmente en lo que respecta la II Guerra Mundial. En 2019, por ejemplo, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que equiparaba el nazismo con la dictadura comunista, lo que provocó la ira de Moscú.

Por eso no es casualidad que Vladimir Putin haya multiplicado las referencias al Holocausto para justificar la “operación militar especial” en Ucrania y su deseo de “desnazificar” el país para salvar a los pueblos del Donbás que son víctimas de un “genocidio”. Sin embargo, una vez más, tiene una visión muy adulterada de la situación. “El gobierno ruso está utilizando el pretexto de las fuerzas neonazis (batallón Azov) y de extrema derecha en Ucrania como herramienta, amplificando su importancia real y acusando al gobierno ucraniano de complacencia. Putin sabe que esto cala hondo en las mentes de la población, y espera que también en otras partes de Europa y del mundo”.

El discurso sobre la supuesta presencia de “nazis” en Ucrania no nació en 2022. Emilia Koustova se dio cuenta de ello ya en 2014 y al comienzo de la guerra en el Donbás y Crimea. “En ese momento, el gobierno ruso estableció una analogía: se representó a sí mismo como la Unión Soviética de 1941 a 1945. DIjo: “seremos dignos de nuestros abuelos, asumimos el mismo papel histórico: luchar contra los nazis y salvar el mundo”.

Además de esta retórica, Jean-Sylvestre Mongrenier ve otro paralelismo con la II Guerra Mundial: “El ejército ruso, como el soviético antes, es una ‘superartillería’: su forma de guerra es un puro arte de la destrucción, no hay maniobras inteligentes. Esto es lo que vemos, por ejemplo, en Mariúpol”.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Francia y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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