Iglesias, el gran perdedor del 26-M sin ni siquiera participar

El líder de Unidos Podemos, Pablo Iglesias. (AP Photo/Francisco Seco)

Pablo Iglesias no salió ayer a valorar los resultados electorales de Unidos Podemos. Es justo señalar que él no concurría como candidato en ninguna de las batallas en liza -europeas, autonómicas y municipales-, pero lo que ocurrió ayer en el conjunto del conglomerado de siglas de la izquierda a la izquierda del PSOE le hicieron merecedor del título de gran perdedor de la noche.

Y no solo porque Unidos Podemos ha retrocedido escaños en la Comunidad de Madrid frente, y esto le habrá dolido, a la apuesta de Íñigo Errejón.

O porque su apuesta en el Ayuntamiento de Madrid ni siquiera ha obtenido representación y esos votos inservibles podrían haber sido más útiles del lado de Manuela Carmena.

Ni siquiera porque la formación morada apenas ha sacado 6 eurodiputados en la contienda europea, uno más que en 2014 sí, pero en aquella ocasión IU también obtuvo cuatro.

Tampoco porque el díscolo de Podemos en Cádiz, José María González 'Kichi', haya mejorado sus resultados de 2015 concurriendo sin la marca morada.

O porque Unidos Podemos ha pasado de estar en el Gobierno de Castilla La Mancha a desaparecer de su Cámara regional.

Ni porque de los ocho ayuntamientos del cambio que nacieron hace cuatro años solo el valenciano y el gaditano han conseguido sobrevivir.

La gran derrota de Pablo Iglesias -y Alberto Garzón- radica en que anoche perdieron, sin ponerlo en juego, las posibilidades que manejaban de entrar en el Gobierno de España. El batacazo de sus estructuras territoriales se sitúa casi seis puntos por debajo de lo sucedido en las generales de abril y le hace ver como un socio muy menor de un Pedro Sánchez que ayer volvió a ganar posiciones.

Pero el porrazo de Unidos Podemos no es más que el reflejo de la desintegración interna de un proyecto para el que ni Iglesias ni su secretario de organización, Pablo Echenique, han sabido encontrar la receta de la cohesión. La victoria en Vistalegre II les dotó de galones para reorganizar el partido en todos sus territorios, pero estos fueron confundidos con carta blanca. Así comenzaron a saltar por los aires las sucursales de Podemos en La Rioja, Navarra, Cantabria, Galicia...

Los agujeros fueron parcheados de aquella manera y aguantaron parcialmente la prueba de presión de las generales. Pero ayer, Unidos Podemos saltó por los aires. Y en esa implosión, puede que hayan volado las expectativas de entrar en un Gobierno. Algo que le hubiera permitido mantener una legitimidad para la enésima reorganización. Porque si Sánchez logra sortear el cordón sanitario impuesto por las derechas para salir investido y formar Ejecutivo, Vistalegre III puede estar más cerca de lo que pensamos. Y con él, el cierre de una trilogía. Ya se escuchan voces que piden su dimisión.