Los hutíes encuentran una feroz resistencia en el ataque en la estratégica Marib

Saná, 5 may (EFE).- La ofensiva de los rebeldes hutíes del Yemen para tomar la estratégica ciudad de Marib, el último enclave importante que mantiene en Gobierno en el norte del país, ha encontrado una cada vez más feroz resistencia por parte de las tropas gubernamentales y los combatientes de la tribus aliadas.

Hasta ahora, estas han conseguido detener el avance insurgente hacia la localidad, unos 190 kilómetros al este de Saná y con una población de alrededor de tres millones de habitantes.

Los hutíes, que intentan conquistar Marib desde principios del año pasado, lanzaron esta última ofensiva el pasado 8 de febrero, inmediatamente después de que el presidente estadounidense, Joe Biden, anunciara que retiraba su apoyo a la coalición árabe liderada por Arabia Saudí en su contra.

A pesar de que han puesto una cantidad ingente de medios y hombres en esta campaña, se encuentran aún a unos 20 kilómetros de la ciudad.

El avance de los rebeldes hacia Marib, capital de la provincia homónima, rica en petróleo y gas y geoestratégicamente situada entre Saná y el centro y el norte del país, está siendo ralentizado no solo por el ejército gubernamental y las tribus, sino principalmente por los bombardeos diarios de la aviación saudí.

"Los continuos bombardeos han evitado que avancen hacia la ciudad", dice Ali al Jamra, un coronel retirado y experto militar.

Más de 100 ataques aéreos han castigado a las posiciones hutíes en la línea del frente de Marib durante la última semana, según fuentes militares del Gobierno, mientras que decenas de combatientes de ambos bandos han perdido la vida.

"La batalla de Marib está siendo sorprendentemente dura para los hutíes, que están acostumbrados a una caída más fácil, dramática y rápida de las áreas que han atacado", explica Al Jamra.

Este movimiento chií rebelde, que cuenta con el respaldo de Irán, se hizo con la capital del país y otras doce provincias del norte y el oeste del Yemen entre finales de 2014 y principios de 2015.

Marib se convirtió entonces en un importante centro para las operaciones militares de la coalición de países árabes, que buscan restaurar la autoridad del presidente Abdo Rabu Mansur Hadi en Saná, y en un refugio para más de un millón de desplazados de las zonas bajo control hutí.

El teniente coronel de las fuerzas rebeldes Mohamed al Faqih apunta que el hecho haber resistido el imparable acoso aéreo ya es en sí un triunfo: "Haber aguantado firmes bajo el infierno de los ataques aéreos y mantenido la lucha por Marib es una victoria", asevera.

Las tribus que combaten junto al Ejército no se muestran, sin embargo, tan optimistas y creen que los hutíes podrían abrirse paso rápidamente hacia la ciudad si la coalición árabe retirara su cobertura aérea.

"Están a unos 17 kilómetros de Marib", dice a Efe Muhsein Jaradn, un jefe tribal aliado del Gobierno. "Dependemos fuertemente de los bombardeos para detener su avance", agrega.

Pero fuentes militares gubernamentales de Marib piensan que aun sin el apoyo exterior, la batalla no sería fácil para los hutíes, sino más bien un largo y complicado combate.

"Marib es defendida por un ejército que representa a todas la partes del Yemen y a poderosas tribus que no aceptan la ideología chií hutí", argumenta una de esas fuentes, que pide mantener el anonimato porque no tiene autorización para hablar a la prensa.

La caída de Marib en manos hutíes dejaría al gobierno reconocido de Hadi dependiendo de solo dos provincias: Hadhramout (este) y Shabwa (sur), con una presencia nominal en la ciudad de Aden, su capital provisional.

(c) Agencia EFE