Hunza, la tierra del 'paraíso perdido', en peligro por el 'boom' turístico

El valle de Hunza, situado en la región de Gilgit-Baltistán en el norte de Pakistán, es una tierra bendecida por los glaciares más imponentes del planeta. Sus hermosos paisajes inspiraron al escritor James Hilton para crear el mito de ‘Shangri-la’ en su novela ‘Horizontes Perdidos’ en 1933, y ahora atraen a millones de turistas que ponen en peligro el ecosistema de este valle milenario.

Custodiados por las altas montañas de las cordilleras del Hindu Kush y el Himalaya, la gente de los valles de Hunza en el norte de Pakistán ha guardado y protegido sus costumbres y ritos, a espaldas del tiempo, del devenir de la historia, de las conquistas e invasiones y de la dolorosa partición de la India en 1947.

No fue sino hasta 1973 que el principado de Hunza cedió su soberanía al nuevo Estado de Pakistán.

Algunos habitantes de estos valles dicen ser los descendientes de soldados de Alejandro Magno que se perdieron atravesando el territorio y crearon una sociedad aislada de las demás. Entre el mito y la realidad, el aislamiento geográfico de esta región fomentó el mantenimiento de la forma de vida de estos pueblos primitivos y sus hábitos saludables; lo que llevó a científicos europeos a explorar el valle a principios del siglo XX con teorías sobre la fuente de la juventud gracias a las aguas “milagrosas” de los glaciares.

Este valle remoto también cautivó al escritor James Hilton, quien encontró allí su inspiración para crear en 1933 su paraíso perdido, la ciudad ficticia de ‘Shangri-La’, un lugar donde la gente nunca envejecía.

Hasta entonces, unos pocos comerciantes y exploradores se aventuraban a cruzar los difíciles pasos de montaña, pero a partir de los años 70 se experimentó el progreso gracias a la construcción de la autopista del Karakorum, en la antigua Ruta de la Seda, que acabó con el aislamiento de las tribus de Hunza.

El desarrollo económico también ha traído mayores niveles de educación: según el canal 'Al Jazeera', el nivel de alfabetización en el valle de Hunza es del 95% frente al 37% del promedio nacional.

Los grises de convertirse en un atractivo turístico de sello mundial

El progreso ha venido también de la mano del turismo. Hoteles a 10.000 pies de altura con impresionantes vistas al valle, como el Hard Rock Hunza Resort, atraen a decenas miles de turistas cada año, que vienen a explorar y contemplar la belleza natural de sus montañas.

Pero la llegada masiva de turistas y las construcciones sin control están afectando al ecosistema de esta región montañosa, que tiene el depósito de agua dulce más grande del mundo en forma de 5.100 glaciares pequeños y grandes y 119 lagos. Las consecuencias del tráfico turístico con la gestión de desechos, el impacto en la calidad del aire por el gran número de vehículos que circulan por las carreteras no solo transportando turistas sino también provisiones a las llanuras para hacer que la estadía sea lo más lujosa posible, ponen en peligro el futuro del valle.

El impacto del turismo y los efectos en el cambio climático global se sintieron en los pueblos del Alto Hunza, cuando una avalancha bloqueó el rio Hunza el 4 de enero de 2010. Cinco meses después, el agua represada del río se desbordó y arrasó por completo la aldea de Attabad, que quedó sumergida, y otras cinco poblaciones aledañas quedaron anegadas total o parcialmente.

En total, 26 personas murieron y otras 6.000 fueron desplazados tras perder sus hogares y tierras. De esta catástrofe se formó un lago de 22 kilómetros, convertido hoy en atracción turística.

La explotación turística de los recursos naturales tiene efectos desastrosos en el medio ambiente, pero mujeres comprometidas con el ecoturismo como Zaira luchan para mitigar los efectos negativos del turismo de masas. Su eco hotel-restaurante es la forma de reivindicar un turismo sostenible para proteger el futuro del valle.

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