Huir "dejando todo" para escapar de los grupos criminales en el noroeste de Nigeria

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Maryam Aliyu y sus seis hijos dormían profundamente cuando hombres armados con kalashnikov atacaron su aldea y su casa en el noroeste de Nigeria.

"Me apuntaron con su arma al pecho y me dijeron que les diera todo lo que tenía", recuerda cuatro semanas más tarde esta mujer, de 25 años, con la cara cansada.

Desde hace años, grupos criminales, llamados localmente "bandidos", aterrorizan a las poblaciones del noroeste y centro del país más poblado de África. En los últimos meses, la violencia de estas bandas -que saquean aldeas, roban ganado y practican secuestros a cambio de rescate- aumentó aún más.

Este año, como Maryam Aliyu, decenas de miles de habitantes del noroeste de Nigeria -que ya viven en la pobreza extrema- huyeron de sus hogares debido a la inseguridad.

A los hombres armados que atacaron su aldea de Danjiro, en el estado de Sokoto, les dio todo lo que tenía ese día: 400 nairas (1 dólar) y medio saco de arroz. "También se llevaron la mantas de mis hijos", explica Aliyu, con las mejillas llenas de lágrimas.

A su lado, Fátima Sal'Hatu, una mujer de 35 años -cuya aldea también fue atacada el mes pasado- agrega: "Si no te secuestran, te golpean y te roban. También tratan de violarte". Así que con sus cinco hijos, "nos escapamos dejando todo, incluso nuestros zapatos", cuenta.

Ambas familias viven ahora en un campamento construido por el gobierno a sólo cinco kilómetros de su aldea.

- Encontrar alimentos -

Desde septiembre, otros 1.600 habitantes de esta región se unieron a este campamento en busca desesperada de alimentos, refugio para dormir y ropa, pero sobre todo de protección.

Pero falta de todo y "a veces nos dormimos sin haber comido nada en todo el día", confiesa Sal'Hatu.

"La situación en el noroeste está a punto de estallar", advierte Maulid Warfa, jefe de UNICEF en la región. La inseguridad agravó condiciones ya dramáticas. Los estados del noroeste, y en particular Sokoto, ya tenían un triste récord de pobreza extrema y la tasa de mortalidad infantil más alta del país.

Sin embargo, la región recibe menos atención que el noreste, donde la insurgencia yihadista de Boko Haram provocó una grave crisis humanitaria en los últimos 12 años y obligó a 2 millones de personas a huir de sus hogares.

Frente a una clínica en las afueras de Sokoto -capital del estado que lleva el mismo nombre- unas cincuenta mujeres hacen fila. Esperan recibir alimentos para sus hijos, la mayoría de los cuales están malnutridos.

Entre ellas, Zara'u Dahiru, de 22 años, que lleva a su bebé de 14 meses sobre su espalda. Sus brazos raquíticos sobresalen del paño que su madre anudó para sujetarlo contra ella.

El mes pasado, unos bandidos atacaron su aldea de Tudun Kosai. "Nos escondimos en los campos cultivados y cuando amaneció llegamos aquí", cuenta la joven.

Pero ahora encontrar alimentos se convirtió en un desafío, y el estado de salud de su hijo se está deteriorando. "No sé qué le pasa, pero creo que tiene hambre", explica.

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), desde enero de 2020 unas 50.000 personas han tenido que huir de sus hogares en el noroeste de Nigeria.

El gobierno de Sokoto "hace todo lo que puede", afirma a la AFP el responsable de la seguridad del estado, Garba Moyi, que aboga para que el gobierno federal se comprometa más. "Sabemos lo que está mal y conocemos las soluciones, pero no tenemos la capacidad de aplicarlas", lamenta.

Nigeria ha iniciado varias operaciones militares en la región. La semana pasada las autoridades afirmaron haber "neutralizado" a unos 300 bandidos. Pero los ataques no han cesado y los secuestros tampoco.

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