La ciencia y los huevos veganos: ¿es posible encontrar una alternativa no animal?

Diseños variados de huevo "vegano" realizados por Annie Larkins. (Credito fotografia: Tom Mannion. imagen vista en De Zeen).

Según datos de Inprovo cada español consume una media de 254 huevos al año. Eso significa que en nuestro país se comen alrededor de 32 millones de huevos al día. ¡Una auténtica barbaridad!

Al mismo tiempo el vegetarianismo (que incluye a su versión más radical: el veganismo) crece también como opción de vida en todo occidente. Seguramente la expansión en redes sociales de imágenes brutales como la de triturar vivos a los pollitos macho (una práctica que lentamente comienza a erradicarse, con la irrupción de nuevos métodos para determinar el sexo de las aves ya en el huevo) ha contribuido a que las personas que rechazan comer carne, huevos y lácteos hayan aumentado en número..

En fin, sea por lo que sea, todo parece habernos conducido hasta una idea (genial o loca, eso vosotros lo diréis) de la que hoy os voy a hablar. Y es que desde la capital británica nos llega el trabajo de una alumna graduada en la prestigiosa escuela de arte Central Saint Martins llamada Annie Larkins que acaba de desarrollar un huevo alternativo al de gallina, apto para veganos.

El proyecto de Larkins, llamado “An Egg Without a Chicken” (es decir un huevo sin gallina) se creó en realidad como respuesta a algunas prácticas poco éticas realizadas por las granjas industriales de huevos en Reino Unido. Seguro que te estás preguntando de qué están hechos estos huevos alternativos, cuyas formas – a juzgar por las fotos - responden únicamente al poder de la imaginación. Bien, pues la respuesta es proteína de guisante, sal y un ácido derivado de las algas conocido como alginato.

Como podéis observar por las fotos, a pesar de lo imaginativas de sus formas el huevo “vegano” de Larkins conserva su parte blanca (clara) y su núcleo amarillo (yema). En efecto, la diseñadora quería que el sustituto del huevo se mantuviera fiel a la forma original, que tuviera cáscara que se agrietara, y que tuviera un valor nutricional y sabor similares al original. Eso sí, prescindiendo de las aves en su fabricación, claro está.

La idea de esta diseñadora británica es así mismo contribuir a la corriente que se opone al cambio climático y que propone abandonar las explotaciones agrarias intensivas destinadas a la producción de piensos animales, y la exploración de fuentes alternativas de proteína.

Debemos de aclarar que el trabajo de Larkins no puede considerarse pionero. De hecho ya existen sustitutos del huevo a nuestra disposición. En 2015 la empresa estadounidense VeganEgg introdujo en el mercado sus falsos huevos revueltos en polvo (inicialmente hechos a base de algas, ahora con soja en polvo). Otras empresas como la firma de San Francisco Clara Foods, sintentizan hasta tres proteínas del huevo en sus laboratorios a partir de células naturales de gallina, pero sin manipular ningún animal vivo en el proceso (un poco lo que se hace ahora con la carne cultivada).

Interior de uno de los huevos "sin gallina" creados por Annie Larkins. (Crédito: Tom Mannion, imagen vista en De Zeen).

Sin embargo, en opinión de Larkins todos estos productos pierden la esencia de lo que es un huevo. Por ello, la diseñadora cree que hay un hueco para su producto, recientemente presentado en la Semana del Diseño de los Países Bajos, que tuvo lugar en Eindhoven del 19 al 27 de octubre de 2019.

Como os decía, el ingrediente clave es una proteína aislada a partir del guisante, que se emplea para replicar los nutrientes de un huevo real. La sal empleada es de la variedad Kala Namal, una sal de roca horneada procedente del sur de Asia que reproduce el “sabor a azufre” del huevo. En cuanto al alginato, se trata de un ácido presente en las paredes celulares de las algas marrones que Larkins emplea para crear una estructura similar a la yema que pueda romperse como la verdadera.

Para completar la experiencia completa, que incluye romper la cáscara, Larkins ha creado una cubierta exterior mediante dos formas: sumergiendo los huevos en una cera vegetal derretida, o bien fabricando dos mitades ovoides que puedan unirse aplicando calor.

¿Por qué tanto realismo? La creadora de este huevo sin gallina cree que es más fácil persuadir a alguien para que cambie cuando se le ofrece una alternativa.

No tengo ni idea de si veremos triunfar a este producto, puede que tenga cierto recorrido tanto entre los veganos como en los “carnívoros” que buscan sorprender con cosas nuevas, pero en realidad dudo mucho que las baratas y seguras proteínas del huevo de gallina natural tengan algo que temer.

Es sí, mientras tanto Larkins parece haberle dado otro significado al eterno dilema sobre el qué fue primero, si el huevo o la gallina.

Me enteré leyendo de Zeen.

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