El fin de la hospitalidad turca

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Dos refugiados sirios colocan la publicidad de fachada del supermercado Nur Al Sham (Luz de Damasco), para cumplir la nueva ordenanza que obliga a reducir letreros en árabe, en el barrio de Baglarçesme, en el distrito de Esenyurt, Estambul, el pasado mes de julio. EFE/ Ilya U. Topper

Estambul, 15 ago (EFE).- "Fue un error venir a Turquía. En Siria nos podrían haber matado, pero al menos era nuestro país". Habla Mohamed Sheih, uno de los 3,6 millones de refugiados sirios acogidos en Turquía desde 2011 y que sienten una creciente animosidad en Estambul, tanto de las autoridades como de ciertos sectores de la población local.

Aunque no lo parezca, la vida de Sheih en esta ciudad es una historia de éxito: es dueño de un supermercado en un barrio periférico donde viven decenas de miles de sirios. En algunas de sus calles prácticamente todos los negocios llevan nombres árabes.

O llevaban: una nueva norma obliga rotular todas las tiendas en turco. La grafía árabe no puede ocupar más del 25 % del letrero.

La medida, ordenada en julio por el Ministerio turco del Interior, simboliza el cambio de actitud hacia los refugiados sirios, antes considerados "huéspedes bienvenidos".

No solo por parte del Gobierno, en manos del partido islamista AKP, que hasta ahora había tratado a los sirios como "hermanos en la fe": también crecen las agresiones y los ataques contra los sirios y sus propiedades en Estambul.

Una ocurrida en junio pasado en Ikitelli, un tranquilo barrio a una hora del centro de la ciudad. "A las tres de la mañana empezaron a romper tiendas, sin que hubiera ningún tipo de provocación. La Policía lanzó gas lacrimógeno pero luego vino más gente, y la Policía ya no tuvo capacidad de intervenir", recuerda Hassan, un estudiante de informática de 23 años.

"Rompieron los cristales de nuestra tienda, aunque no entraron a robar. Yo me escondí en casa de un familiar; si me hubieran visto, me habrían apaleado", asegura.

INCITACIÓN EN INTERNET

Un comunicado policial atribuye este ataque a una "incitación en las redes sociales" y a la difusión de un bulo según el cual un joven sirio habría agredido a una adolescente turca. Es el clásico motivo escuchado en otras agresiones a lo largo de los últimos años. Era falso: la propia familia de la chica confirmó que no hubo más que un "malentendido sin contacto físico".

Pero el daño ya estaba hecho: coches volcados, motocicletas destruidas, letreros arrancados, cristales hechos añico y una convivencia destruida.

"A mí también me rompieron el escaparate. Yo estaba encerrada en casa; los niños estaban asustados, llorando. Al día siguiente no abrimos la tienda, nadie fue a trabajar. Luego, poco a poco volvió todo a la normalidad", cuenta Umm Ahmet, una mujer de Alepo que regenta la pequeña tienda textil 'Lencería Lily' en la misma calle.

"¿Por qué?", se pregunta. "Hemos venido aquí para trabajar con el sudor de nuestra frente y comer nuestro pan honradamente. Mi hijo es carpintero: va de casa al trabajo y del trabajo a casa, nunca se mete con nadie", clama.

"¿Adónde quieren que vayamos? No venimos a hacer turismo. Yo estudié enfermería; he estado atendiendo a heridos bajo los bombardeos en Alepo, he visto morir a tanta gente, destrozada por la metralla", narra la mujer.

No está claro quién organiza estos ataques callejeros contra los sirios en Estambul, que algunos comparan ya con los "pogromos" de otras épocas en la ciudad (contra armenios y griegos).

Mohamed Garzun, dueño de un negocio de productos de limpieza en Esenyurt, llegó a Turquía hace cuatro años, a través de Líbano. "Entonces, Turquía era el único país que permitía la entrada a los sirios, nos lo ponían fácil, había un aprecio especial por el ciudadano sirio. Pero luego, especialmente este año, empezó a haber presión", cuenta.

"Quizás una persona mala le diera mala fama a toda la comunidad siria. Hay turcos que ven a un sirio actuando mal y piensan que todos los sirios son mala gente", reflexiona.

No muy lejos de su tienda, un vecino turco no oculta su opinión. "¿Los sirios? Son todos unos cobardes. Tendrían que haberse quedado a combatir en su país en lugar de huir".

LOS 850.000 SIRIOS DE ESTAMBUL

Sobre su dura vida ha caído otra jarro de agua fría: en julio, el Gobierno turco ordenó a todos los sirios no oficialmente registrados en Estambul que abandonen la ciudad. Tienen plazo hasta el próximo día 20 de agosto.

Según datos del Ministerio del Interior, en Estambul hay 547.000 refugiados sirios, un 3,6 % de la población de la ciudad, que supera los 15 millones de habitantes.

En realidad son más, aclara el politólogo Murat Erdogan: "Hay unos 300.000 que están registrados en otras provincias, pero han venido a Estambul para buscar trabajo, lo que eleva el total a unos 850.000".

Turquía no reconoce a los sirios como refugiados bajo la definición internacional, pero les otorga una "protección temporal". Les expide un carné que les da derecho a estancia indefinida, acceso gratuito a los servicios de salud y, en caso de no disponer de ingresos, a una modesta ayuda social.

Solo 87.000 sirios, un 2,4 % del total, residen en los campamentos de casas prefabricadas que el Gobierno estableció en el primer año de la guerra siria. El resto vive como cualquiera ciudadano turco, pagando alquileres. Muchos vienen a Estambul porque es un centro de negocios, al igual que hacen los propios turcos, porque en otras regiones el trabajo escasea. Ahora tienen que emprender el camino de vuelta.

Uno de ellos es Salih, de Alepo, que lleva tres años en Turquía, pero está registrado en la vecina provincia de Bursa. "Tenía trabajo en Estambul, pero se acabó. Me despidieron. Ahora me obligan volver a Bursa, y allí no hay trabajo", lamenta.

"Es una gran injusticia: vinieron a trabajar, tenían sus negocios y ahora se tienen que ir", se queja Ziyad, un sirio en la cincuentena que está registrado en Estambul, pero carece de empleo.

Cambiar de provincia nunca fue legal para los refugiados, pero no parecía importarle a nadie. Ahora, la Policía hace redadas diarias para pedir el carné a cualquiera que hable árabe en Estambul.

Si está registrado en otra provincia, se le recuerda el plazo del 20 de agosto. Y si no tiene registro alguno, directamente se le lleva a un centro de internamiento temporal para expedirle un carné, asegura la Gobernación de Estambul.

Sin embargo, la ONG internacional Human Rights Watch afirma tener testimonios de refugiados deportados a Siria después de que se les forzara a firmar una declaración de retorno "voluntario".

Ramazan Seçilmis, portavoz de la Dirección de Migraciones turca, lo niega: "Todos los retornos han sido voluntarios".

El total de retornados lo cifra en 337.000 personas. Un número que Murat Erdogan, el politólogo, no se cree. "Será que han sumado todas las salidas registradas. En realidad, solo unos 55.000 sirios han retornado de Turquía a Siria para recuperar su vida allí", explica.

MÁS POBREZA PARA LOS SIRIOS

En Ikitelli, los destrozos han sido para muchos sirios la gota final. "Llevan tiempo abandonando el barrio. Cada día salen tres o cuatro autobuses. O bien van a otras provincias o van a Siria", cuenta el joven Hassan.

"Quien tenía trabajo, ya no lo tiene, quien tenía una tienda la ha cerrado", resume Umm Ahmet. "Tras los ataques, muchos de mis vecinos malvendieron todo lo que tenían en la tienda, echaron el cierre y se fueron; algunos incluso han vuelto a Siria", cuenta Alí.

Sin sus vecinos, ya apenas tiene clientes. "Si antes vendía 200 panes al día, ahora vendo 70", se lamenta este tendero, sentado entre una mercancía rotulada en gran parte en árabe. "Los turcos no compran nuestros productos, no saben ni lo que son", explica el dueño de otra tienda en la misma calle. "La expulsión afecta a toda la comunidad, nos dejan sin ingresos", concluye Ziyad.

Además, mover a los sirios por el país "no resuelve nada", señala Murat Erdogan. "Es una política equivocada. Se pretende cuidar el equilibrio demográfico en Estambul, pero si ahora llega un gran número de sirios a Sanliurfa, donde no hay trabajo, el equilibrio se romperá allí y pueden surgir problemas", argumenta.

"Es una medida política", asegura, en referencia a los comicios municipales de marzo y junio en Estambul que dieron la victoria al opositor partido socialdemócrata CHP, y acabaron con 25 años de gobiernos islamistas en la ciudad. "Se considera que el descontento de la población con la presencia de los sirios influyó en el voto y se están tomando medidas para reaccionar", subraya.

Los discursos del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, destacando la enorme ayuda que Turquía brinda a los refugiados sirios, hizo cundir en ciertos sectores la sensación de que el Gobierno trata a los sirios mejor que a los propios ciudadanos.

En la campaña electoral, el CHP hizo ciertos intentos de explotar este descontento. Pero la orden de expulsión y el cambio de la cartelería no han salido de los despachos del flamante alcalde socialdemócrata, Ekrem Imamoglu, sino que vienen del Ministerio del Interior.

"El Gobierno cambió su política porque cree que ha perdido votos a causa de los sirios. Lo malo es que el CHP e incluso la izquierda están de acuerdo", resume la analista turca Hürrem Sönmez en conversación con Efe.

En los barrios ricos de Estambul donde hay mucho turismo saudí o kuwaití no faltan letreros en árabe: "El problema no son los árabes, sino los árabes pobres".

Pocos turcos defienden a los sirios. Apenas hay voces críticas en contra del plazo del 20 de agosto. "Son nuestros vecinos, deberíamos cuidar más de ellos. Es una cuestión de humanidad", reclama Dilial, una de las pocas personas que participa en una manifestación de protesta en el barrio conservador de Faith convocada por una organización caritativa islamista.

Pese al enorme contingente policial que rodea la protesta, un grupo de ultranacionalistas intenta reventar la marcha. La Policía interviene y se lleva a algunos de los exaltados. Incluso tiene que escoltar a los manifestantes al terminar el acto.

Más pacífica transcurre otra manifestación, en el barrio liberal de Kadiköy, convocada por sindicatos y grupos marxistas. Bajo lemas como "Un mundo sin fronteras", "No al racismo" y "Queremos vivir juntos" en turco, inglés y árabe se congrega un escaso centenar de jóvenes, todos ellos turcos.

Quienes no están protestando en ninguna parte son los sirios. Ellos coinciden todos en la misma frase: "Queremos volver a Siria, mejor hoy que mañana". Pero su país aún está en guerra.

Lara Villalón e Ilya U. Topper