Hombres, cuidaos de la sangre de madre

Bolsas en un banco de sangre


Según un trabajo científico publicado hace uno días en la revista JAMA, cada vez que un hombre se convierte en receptor de una transfusión de sangre proveniente de una donante femenina que ha pasado por un embarazo, su riesgo de morir aumenta un 13% en comparación con los que reciben sangre de otro varón o de una mujer que no ha sido madre. Al menos est es lo que se observó durante el estudio, cuyas conclusiones acaban de publicar los doctores Ritchard Cable (Servicio de transfusiones de Cruz Roja en Estados Unidos) y Gustaf Edgren (Departamento hematología del Hospital Universitario Karolinska en Estocolmo).

Las condiciones del experimento en el que se basa el trabajo deben situarlo en un nivel “provisional” (o basado en conjeturas que aún deben ser refrendadas) todo sea dicho. Aún así el hallazgo parece estimulante y podría, en caso de que resultara cierto, obligar a las clínicas de todo el mundo a variar su política de tratamiento de las transfusiones. De momento, y a la espera de futuros estudios que verifiquen o descarten esta correlación, veamos los resultados del trabajo de Cable y Edgren.

Estudios previos sugerían que el riesgo de muerte para un paciente médico masculino se elevaba si recibía sangre de una mujer, en comparación con los que recibían sangre de un varón. Sin embargo no existía constancia del papel que el historial de embarazos de la donante podía jugar.

En el nuevo estudio, investigadores del Centro Médico de la Universidad Leiden (Países Bajos) analizaron información de más de 31.000 individuos que recibieron transfusiones de sangre en Holanda entre los años 2005 y 2015. Solo se incluía en el estudio a personas que hubiesen recibido exclusivamente sangre de tres tipos específicos de donante: varones, mujeres sin historial de embarazos, y mujeres con historial de embarazos. (Es decir, se rechazaba a los receptores que hubiesen recibido simultáneamente sangre de dos o tres de esas categorías). Luego se hacía un seguimiento de la evolución de esos pacientes, por un período de tiempo ligeramente a un año.

¿El resultado? Casi 4000 participantes murieron mientras se realizaba el estudio. Entre los varones seguidos, había una media de 101 muertes anuales por cada 1000 participantes cuando estos habían recibido sangre de mujeres con historial de embarazos. En comparación, la media de los que recibían sangre de otros varones fue de 80 muertes por cada 1000, y la de los que recibieron sangre de mujer sin historial de embarazos fue de 78 muertes por cada 1000. Curiosamente, las muertes se daban solo entre hombres con edad inferior o igual a 50 años.

Sin embargo, entre las mujeres participantes en el estudio no había incremento en el porcentaje de muertes recibiesen sangre del tipo de donante que fuese.

¿Por qué puede suceder esto? Los autores del estudio no lo tienen claro, aunque especulan con que algo puede suceder en el sistema inmune de una mujer que atraviesa un embarazo, y que ese “algo” (anticuerpos u otros factores inmunes) puede afectar al organismo de un varón, tal vez provocando un mal llamado TRALI (lesión pulmonar aguda producida por transfusión).

Como comentado, el estudio ha tenido sus limitaciones. Al hacerse seguimiento exclusivo de los pacientes que recibían sangre de uno solo de los tres tipos de donante antes mencionados, estos tendían a recibir menos transfusiones que la media. De modo que no queda claro si esta correlación aparecería también entre la población general de los pacientes de hospital que reciben transfusiones de todo tipo. Además, hay que recordar que el incremento en las muertes solo se observaba para pacientes varones de 50 años o menos.

Parece claro que necesitaremos nuevos y exhaustivos trabajos para comprobar la tendencia observada por Cable y Edgren. De confirmarse, sin duda la política de clasificación de donaciones en los bancos hematológicos debería cambiar.

Podéis consultar el trabajo de Ritchard G. Cable y Gustaf Edgren en JAMA.

Me enteré leyendo Livescience.

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