El hombre que, sin saber por qué, tenía una imperiosa necesidad de caminar cientos de kilómetros sin parar

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(imagen vía rawpixel)
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Una de las escenas más míticas de la premiada película ‘Forrest Gump’ (dirigida por Robert Zemeckis, en 1994) es la que su protagonista, interpretado por Tom Hanks, sale a correr un día y sin tener un motivo especial acabó recorriendo miles de kilómetros a lo ancho y alto del país. Tras correr 3 años, 2 meses, 14 días y 16 horas, un día de golpe se paró, dijo estar muy cansado y regresó a su casa.

Pero este impulsivo e inexplicable acto realizado por el ficticio personaje (que se había inspirado en una novela homónima publicada doce años antes por Winston Groom) tiene ciertos paralelismos con algunos curiosos casos que se dieron en el último cuarto del siglo XIX (sobre todo en Francia) en el que diferentes personas, sin nada en común entre sí, sin conocerse ni entrar en contacto jamás, cierto día de sus vidas decidieron inconscientemente ponerse a caminar y recorrer larguísimas distancias (existen crónicas sobre individuos que llegaron a viajar andan y sin parar varios miles de kilómetros, como destino países tan lejanos como Rusia).

Una de esas personas, sobre la que hay más documentación escrita al respecto, fue Jean-Albert Dadas, quien entró en contacto con el neurólogo Philippe Tissié y este publicó varios documentos científicos sobre el estudio que había realizado al paciente.

Jean-Albert Dadas nació en burdeos en 1860 y cierto día, cuando contaba con 12 años de edad, salió de su casa y se puso a caminar sin un rumbo fijo y sin ser consciente de ello. Dos semanas después, tras una exhaustiva búsqueda por parte de su hermano mayor, fue encontrado a cientos de kilómetros de su hogar. No sabía cómo había llegado hasta allí ni recordaba que durante muchos días estuvo andando sin rumbo fijo, hasta que llegó a aquel lugar y, para ganarse la vida, se colocó de vendedor de paraguas.

Un relato que cualquiera aseguraría que se trata de una ficción, pero que se sabe que ocurrió realmente por las notas escritas que años después dejaría Philippe Tissié cuando lo visitó en su consulta en 1886.

Por aquel entonces, Jean-Albert Dadas contaba con 26 años de edad y múltiples habían sido los episodios repentinos e inconscientes de haber salido caminando sin rumbo fijo y había recorrido grandes distancias. La última de ellas hacía tan solo unas semanas. En aquellos momentos se encontraba trabajando para la compañía de gas en su ciudad natal, dedicándose a suministrar gas al alumbrado público de Burdeos (en aquellos momentos la electricidad todavía no había llegado).

Aquel último viaje inconsciente lo había llevado a recorrer una media de setenta kilómetros diarios. Una especie de sonambulismo lo empujaba a salir de su casa, sin razón aparente, y ponerse a caminar. Reconoció que no era consciente de ello mientras viajaba, pero que, de repente, parecía despertar y no saber qué hacía en aquel lugar, cómo había llegado o por qué lo había hecho.

Philippe Tissié pasó numerosas horas conversando con su paciente y resultado de ello fue una tesis doctoral que presentó, el 16 de febrero de 1887, bajó el título de ‘Les aliénés voyageurs: essai médico-psychologique’ (Los locos viajeros: un artículo médico-psicológico) donde hablaba de este curioso trastorno y que acuñó como ‘dromomanía’, que venía a significar ‘Inclinación excesiva u obsesión patológica por trasladarse de un lugar a otro’, tal y como lo describe actualmente el diccionario de la RAE.

Durante aquellos últimos años del siglo XIX, varios son los científicos y expertos que se interesaron por el estudio de la dromomanía, encontrándose similitudes en casos de otros pacientes (casual y curiosamente, todos ellos residentes en Francia, aunque sin ningún vínculo común).

Pero al igual que surgió aquel interés médico por dicho trastorno, desapareció poco después de entrar en 1900 no existiendo apenas estudios científicos al respecto desde entonces.

Actualmente, el término dromomanía es utilizado comúnmente en las redes sociales y blogs para hacer referencia a aquellas personas que tiene una necesidad imperiosa de viajar y hacer turismo continuamente, pero nada tiene que ver con el trastorno neurológico e inexplicable que protagonizaron algunas personas, como Jean-Albert Dadas.

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