La historia real y de subsistencia tras las ‘altas’ propinas en EE.UU.

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Un grupo de turistas españoles discuten la propina a dejar en una cafetería neoyorquina porque lo que indica la cuenta en este sentido (una serie de porcentajes acordes a la satisfacción con el servicio) les parece ‘demasiado’. Deciden dejar lo considerado habitual en España. Al verlo, la camarera, enfadada, les exige una cantidad mayor con mala cara. La escena, real, tiene mucho de incomprensión de la realidad que esconden las propinas en Estados Unidos y que probablemente desconozcan la mayor parte de los turistas.

Para ayudar a calcular el porcentaje a dejar como propina, este ya viene calculado en el ticket. (Foto: getty Images)
Para ayudar a calcular el porcentaje a dejar como propina, este ya viene calculado en el ticket. (Foto: getty Images)

La norma o convención, como se le quiera llamar, dice que las propinas en el país de las barras y estrellas van de un 15% a un 25% del importe de la consumición. El mínimo se da igualmente aunque no se esté satisfecho con el trato o el servicio recibido. El origen de las propinas, contaba la BBC en un reportaje sobre el tema, estaría en la Inglaterra del siglo XVI y eran los invitados a una casa los que le daban un dinero a los empleados de los anfitriones a modo de reconocimiento a su labor y atención. De ahí viajó al resto del planeta. Aunque hay lugares, como Japón, donde no se practica.

Volviendo a Estados Unidos, la raíz de la conexión entre las propinas y la precariedad laboral, según cuentan portales como americanprogress.org y motherjones.com, se remonta a 1865 y a la abolición de la esclavitud. Tiene que ver con el hecho de que se tomó por costumbre ‘contratar’ para sectores como los de la restauración a personas de color a las que no se les pagaba un salario y que vivían de lo que los clientes dejaban a modo de agradecimiento en el platillo una vez pagada la cuenta. 

En Estados Unidos existe un sistema de propinas establecido en porcentajes y cada uno está ligado a un nivel de satisfacción. Así el 15%, el más bajo, sería para el “podría ser mejor”. Después está el 20% del “no tan mal”. El 25% del “muy bien”. Y, por último, el 30% del “excelente”. Este último, traducido en euros en una cuenta de 60 euros por ejemplo, supondría dejar una propina de 18 euros. ¿Quién deja en España 18 euros de propina?

La cuestión es que la mentalidad estadounidense en ese sentido es otra completamente distinta. También la precariedad del sector. Según indicaba Shine McShine hace un tiempo en un hilo sobre el tema, un alto porcentaje de los ingresos de los camareros vienen de esas propinas y que esto afecta a 12 millones de trabajadores en el país. En su mayoría, “mujeres y personas racializadas”. 

En un artículo sobre la pobreza publicado por Centre of American Progress, señalaban que el salario mínimo es de 7,25 dólares por hora (5,99 euros), pero que hay muchos estados en los que se paga a 2,15 dólares la hora (1,78 euros) y el resto se completa con las propinas. Si no se llega, el empresario debería pagar al trabajador la diferencia. Algo que no se cumple siempre, denuncian. El plan a nivel federal es elevar ese mínimo por ley a los 15 dólares la hora (12,38 euros) en cuatro años, para 2025. 

Lo que a ojos de un turista español puede parecer una propina desproporcionada es en realidad la forma de subsistir y tener un salario algo más digno para quien la recibe. De ahí el enfado de esa camarera y el hecho de que muchas guías de viajes (se pueden consultar online) incluyan el apartado de propinas en datos de interés para el viajero.

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