La historia detrás de las gárgolas y las quimeras de la catedral de Notre Dame de París

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La catedral de Notre Dame de París es uno de los edificios más significativos del estilo gótico y uno de los principales símbolos de la capital francesa. Situada en la Isla de la Cité, rodeada por las aguas del río Sena, fue construida entre los años 1163 y 1345, aunque en siglos posteriores sufrió algunas modificaciones. Entre los motivos que han hecho célebre este templo que ha servido de inspiración a músicos, escritores, pintores o poetas están las populares esculturas que adornan su fachada.

Entre esas esculturas de la catedral de Notre Dame están las famosas figuras de seres mitológicos y fantásticos. Pese a que son conocidas popularmente como gárgolas, solo reciben este nombre cuando su cometido es, además de decorar, la canalización del agua de la lluvia. Si su función es solo ornamental, se llaman quimeras. Además, también fueron colocadas para espantar a los demonios y las fuerzas del mal y alejarlos de este lugar sagrado, de ahí que tengan ese aspecto espeluznante.

La presencia de las gárgolas y las quimeras en la fachada de la catedral de Notre Dame vigilando la ciudad de París con la Torre Eiffel o el río Sena de fondo resulta amenazante a la vez que fascinante. Tanto como la historia que esconden detrás.

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