La hipocresía nacional con Cuba retrata por enésima vez a la clase política

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Las peores protestas contra el Gobierno cubano desde hace casi tres décadas han estallado en La Habana y otras ciudades importantes del país. Los manifestantes han mostrado su malestar contra el régimen y le han culpado de la falta de alimentos y medicamentos, de los cortes eléctricos y de los rebrotes de la pandemia, al grito de ‘libertad’.

Estas manifestaciones se han extendido más allá de las fronteras cubanas y en países como Estados Unidos o España también ha habido concentraciones para reclamar cambios en el país. En la política, el debate se ha centrado en si Cuba es actualmente una dictadura o no, con Podemos defendiendo al régimen, el PSOE echando balones fuera y haciendo malabarismos y el PP criticando al Ejecutivo cubano con dureza. 

Concentración en Madrid contra el gobierno cubano. (Photo By Alejandro Martinez Velez/Europa Press via Getty Images)
Concentración en Madrid contra el gobierno cubano. (Photo By Alejandro Martinez Velez/Europa Press via Getty Images)

Unos roles que ya hemos visto antes, aunque a veces con los papeles cambiados, con países como Venezuela, Arabia Saudí, Emiratos Árabes o Marruecos y que muestran la hipocresía de unas formaciones que más allá de preocuparse por el régimen político que haya en cada una de estas naciones, simplemente se dedican a utilizarlas como arma arrojadiza contra el adversario.

El caso de Cuba es paradigmático. Pese a la evidente falta de libertades y a la represión ejercida por las autoridades, Podemos ha defendido, en palabras de Alejandra Jacinto o Aina Vidal, que la isla no es una dictadura. Su socio en el Gobierno, el PSOE, se ha puesto de perfil, aunque sí que ha señalado, en boca del propio Pedro Sánchez, que Cuba “no es una democracia”, sin querer ir más allá. 

Por su parte, el PP ha entrado de lleno en el debate y su líder, Pablo Casado, ha afirmado con rotundidad que se trata de un régimen dictatorial, al tiempo que criticaba que Sánchez es presidente gracias a Podemos, los que son “socios de Maduro y los Castro”.

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En este ataque del político popular iba además en el mismo saco Venezuela, considerada también como una dictadura en el partido conservador, pero un régimen habitualmente defendido por Podemos. Por ejemplo, en 2019 Pablo Iglesias no dudó en apoyar a Nicolás Maduro, tras la proclamación de varios países como Francia, Alemania o Estados Unidos de Juan Guaidó como presidente interino. El madrileño dijo que esa maniobra “era un golpe de estado”.

En 2015, el que fuera líder de los morados fue más contundente: "Venezuela es una democracia”, afirmó, aunque en 2018 ya recogió algo de cable al manifestar que “la situación económica y política es nefasta”.

Las sucesivas crisis vividas en los últimos años en Cuba y, sobre todo Venezuela, han puesto de relieve que ambos países, con unos lazos muy importantes con España de la época colonial, son usados frecuentemente por los partidos políticos a favor o en contra de sus intereses. 

Mientras que la derecha suele recurrir a ambos regímenes de izquierdas para atacar y desgastar al Gobierno, ya que son indudables los contactos de Podemos con estos Ejecutivos; la izquierda suele reivindicar sus logros, con el PSOE haciendo malabarismos entre lo que dice y lo que piensa. Por ejemplo, Guaidó pasó en menos de un año de ser el presidente interino de Venezuela para Sánchez a convertirse en el jefe de la oposición.

Venezuela ha sido motivo de ataque permanente de la derecha a la izquierda en España. En la foto, Juan Guaidó. (Photo by YURI CORTEZ/AFP via Getty Images)
Venezuela ha sido motivo de ataque permanente de la derecha a la izquierda en España. En la foto, Juan Guaidó. (Photo by YURI CORTEZ/AFP via Getty Images)

Al respecto, la organización de derechos humanos Amnistía Internacional se muestra crítica con ambas naciones. De Cuba, manifiesta que el Gobierno reprime toda forma de disidencia, por ejemplo, encarcelando artistas, opositores y periodistas, al tiempo que hay escasez de alimentos.

Respecto a Venezuela, la ONG recuerda que hay una crisis continuada de derechos humanos que se traduce en ejecuciones extrajudiciales, uso excesiva de la fuerza y homicidios ilegales cometidos por las fuerzas de seguridad. La represión y persecución contra aquellos que critican al régimen es también una realidad.

Parece claro, atendiendo a los informes, que la situación para los venezolanos y los cubanos está lejos de ser la ideal de una democracia que defiende los derechos y las libertades de sus ciudadanos. 

Cambio de papeles

El problema viene que con otros países, en los que estas garantías tampoco se cumplen, los partidos no solo no mantienen su posición, sino que incluso se cambian los papeles. Son los casos por ejemplo, de Marruecos, Emiratos Árabes o Arabia Saudí.

Mientras que el PP no ha dudado en cargar contra Venezuela y Cuba por ser regímenes dictatoriales, no ha hecho lo mismo con estas otras naciones que, recordemos, son importantes aliados económicos y comerciales de España.

Respecto a Arabia Saudí, tras las críticas recibidas por la visita en 2016 de Felipe VI, el Gobierno de Rajoy manifestó que se trataba de “un viaje oportuno” porque España tiene “relevantes intereses económicos”.

Tras la crisis de Ceuta con Marruecos, los populares defendieron al país vecino, uno de los principales socios de España, y atacaron al Gobierno, mientras que tras la marcha de Juan Carlos I a Emiratos Árabes no hubo ninguna crítica sobre el tipo de régimen que hay en esta nación.

Sin embargo, Podemos sí que se ha pronunciado sobre estas naciones y en términos muy diferentes a Cuba y Venezuela. Sobre Arabia Saudí y Emiratos, ha exigido que se detenga “la venta de armas debido a que son regímenes que vulneran los derechos humanos”. Con Marruecos, la formación ha agitado la causa saharaui y se ha mostrado crítica con la represión ejercida por el régimen.

Protestas en Marruecos por el encarcelamiento de un periodista. (Photo by FADEL SENNA/AFP via Getty Images)
Protestas en Marruecos por el encarcelamiento de un periodista. (Photo by FADEL SENNA/AFP via Getty Images)

En este sentido, Amnistía Internacional tampoco escatima críticas hacia estos países. De los saudíes dice que se ha intensificado la represión del derecho a la libertad de expresión, asociación y reunión, así como la detención, el procesamiento y la prisión de opositores o activistas. Unas palabras similares sobre Emiratos, donde según la organización, se restringe la libertad de expresión y se toman medidas para silenciar a la ciudadanía.

En lo que se refiere a Marruecos, la ONG señala la intimidación y el hostigamiento a los defensores de los derechos humanos, al tiempo que se reprime la libertad de expresión a los periodistas y los opositores.

Viendo los informes de la organización, ¿por qué los partidos políticos españoles critican o defienden a unos países o a otros cuando no hay diferencias sustanciales entre ellos? La respuesta parece sencilla: por interés propio.

Ninguno es una democracia

El Índice de la Democracia Global 2020 de la revista Economist pone de relieve que ninguno de estos países es precisamente un ejemplo de democracia. El análisis de 165 naciones muestra que la publicación solo considera a 23 como democracias plenas, entre ellas España.

Tanto Venezuela (puesto 143) como Cuba (140), como Emiratos (145) y como Arabia Saudí (156) están considerados como algunos de los principales regímenes autoritarios del mundo, mientras que a Marruecos (96) se le define como un híbrido entre democracia y dictadura

Así pues los datos muestran que no estaría mal un ejercicio de coherencia por parte de los partidos españoles y esta pasaría por llamar dictaduras al mismo tiempo a Arabia Saudí y a Cuba, sin importar ni la ideología ni los intereses propios.

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