El hipnótico ‘baile’ de la mantis violinista le convierte en el insecto más marchoso

La mantis violinista es un insecto nativo de Asia cuyo movimiento le convierte en un ejemplar especial y diferente. Su balanceo y color amarronado recuerdan a una planta seca que se mece con el viento. El denominado científicamente como ‘Gongylus gongylodes’ tiene unas proyecciones en forma de hoja sobre sus patas y una divertida cresta en su cabeza.

A pesar de parecer muy divertidos, estos insectos depredadores se alimentan de otros insectos y en ocasiones, de pequeñas aves, mamíferos y reptiles. Su cuerpo se divide en tres partes: cabeza, tórax y abdomen y tiene seis patas y dos antenas. Las mantis poseen dos ojos a ambos extremos de la cabeza compuestos por una serie de celdas llamadas omatidios, que se suman a los tres ojos simples situados en la región central de la cabeza denominados ocelos, más pequeños que los anteriores y cuya misión es proporcionar al insecto información visual referente a las luces y las sombras. Las antenas son sus órganos olfativos y en los machos están más desarrollados que en las hembras.

Sus patas están compuestas de varios segmentos y se diferencian por su misión. Mientras que las patas captoras destacan por su velocidad a la hora de atrapar una presa y poder retenerla, el resto de patas sirven para la función motriz del animal. La mantis, al igual que el resto de artrópodos, poseen una capa de protección que recubre todo su cuerpo: la cutícula, un exoesqueleto que guarda a este ejemplar e impide su desecación.

La flexibilidad en el tronco inferior de su cuerpo le convierte en el insecto más marchoso, cuyo hipnótico ‘baile’ atrae tanto a los detractores como a los amantes de este tipo de animales.

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