Los hijos de José Manuel Soto: "No es tan pijo como se piensa la gente"

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Marcos y Jaime Soto, el duo musical Mi hermano y yo. (Photo: UNIVERSAL MUSIC)
Marcos y Jaime Soto, el duo musical Mi hermano y yo. (Photo: UNIVERSAL MUSIC)

Marcos y Jaime Soto, el duo musical Mi hermano y yo. (Photo: UNIVERSAL MUSIC)

El jueves 28 de abril, el dúo Mi hermano y yo —Marcos (30 años) y Jaime Soto (26 años), hijos del cantante sevillano José Manuel Soto—, se subió al escenario de la madrileña sala Galieo Galilei para presentar algunas de las canciones que formarán parte de su primer disco de estudio, que saldrá después del verano.

Hace sólo seis meses que la compañía Universal anunciaba un contrato discográfico con los hermanos, una alianza que, como asegura Jaime —el pequeño de los dos y el que enseguida toma la palabra—, es “un giro en el camino. Antes hacíamos lo mismo, componíamos y teníamos la misma ilusión, pero ahora el coche de caballos tiene más potencia y va a estar más cuidado y ordenado”, explica.

El concierto de esa noche fue algo íntimo, una toma de contacto con su público después de la pandemia. Y aseguraban con una sonrisa que el sábado ya estarían en la Feria: “No somos muy de Feria pero un día o dos nos tenemos que emborrachar con los amigos. Eso sí, no tenemos caseta, no somos los típicos pijos”.

Pero es verdad que mucha gente cree que sois unos pijos andaluces…

JAIME SOTO: ¡Pero mírame! Si tengo hasta la camiseta rota y no tengo un céntimo. ¡Ojalá tuviéramos pasta! Es que mi padre no es tan pijo como se piensa la gente, pero como le gustan los toros y le gusta cosas que se asocian con ello…

MARCOS SOTO: Son prejuicios de la gente. Pero tenemos muchos amigos pijos que son maravillosos. Bueno, en realidad tenemos amigos de todas las clases.

Precisamente creo que fue un viaje de mochileros el que os animó a adentraros en el mundo de la música...

J.S.: A dedicarnos a la música, no; a hacerlo juntos, sí. Nosotros hemos vivido el mundo de la música desde que nacimos. Hemos pasado por conciertos, giras y ensayos de mi padre. Lo que pasa es que habíamos empezado por caminos diferentes. Marcos tenía su grupo, cantaba con sus amigos y yo estaba con el fútbol. Yo quería ser futbolista, pero a los 20 años, después de partirme la rodilla, me aburrí un poco del fútbol y no sabía muy bien qué hacer, así que decidí marcharme a la India. Se lo dije a mi hermano, ‘tío, me voy a ir a la India porque estoy muy rayado, ¿te vienes?’. Yo tenía dos o tres canciones compuestas y Marcos tenía varios temas que le encantaban a todo el mundo. Entonces fue mi padre el que dijo ’hacedlo juntos porque en la música se pasa muy mal, hay mucha soledad’. En la India empezamos a subir vídeos juntos y a componer, y ahí empezó Mi hermano y yo, en febrero de 2015.

Marcos, tu hermano necesitaba buscar otro camino y tú, ¿por qué fuiste a ese viaje?

M.S.: Yo siempre fui una persona libre, nunca quise estudiar y siempre me he dedicado a una vida más creativa. Hice un bachillerato artístico y he estudiado diseño gráfico, aunque no tenía muy claro lo que quería. Yo tenía un grupo con unos amigos que nos dedicábamos a animar bodas, a hacer versiones y a cantar en fiestas para ganarme un dinerillo. Cuando Jaime me dijo que se iba, yo estaba más o menos libre y dije ‘¿por que no?’. Nos fuimos de mochileros y con 400 euros nos fuimos 40 días.

J.S.: A mí me cambió la vida ese viaje. Fue entonces cuando decidimos dedicarnos de lleno a la música porque nos sorprendió mucho la acogida de la gente, empezamos por ellos. Subíamos las canciones a redes sociales y a la gente les gustaban, tenían visitas y dijimos ‘pues vamos a seguir’.

¿Cómo es vuestro padre, José Manuel Soto, como padre-músico? ¿Le gusta lo que hacéis, es exigente?

J.S.: Es muy buen padre de músicos. Él quería que esto que hacemos ahora lo hubiésemos hecho años antes, pero la vida nos ha hecho empezar ahora. Al final nosotros creemos que este tiempo de preparación y aprendizaje nos ha venido muy bien, aunque a él, como padre, le podía la impaciencia. Le encanta lo que hacemos, nos apoya mucho y cree mucho en nosotros.

¿Él os enseñó a ser músicos?

M.S.: Bueno, a nosotros siempre nos han metido en la cama con canciones armonizadas entre mi padre y mi madre. En mi familia siempre ha cantado todo el mundo y la profesión siempre ha estado en casa por mi padre.

J.S.: Mi madre canta maravillosamente bien y dicen que es la que mejor canta y la que mejor toca la guitarra. Ellos se conocieron cuando cantaban en un coro. Profesionalmente nunca se dedicó a ello pero tiene un gusto muy especial.

¿Qué puertas os ha abierto ser los hijos de José Manuel Soto?

J.S.: Bueno, las de mi casa (risas). Pero sí, ser sus hijos nos ha abierto muchas puertas porque tiene muchos amigos en el mundillo, vaya donde vaya, y nos tratan muy bien. Oye, que también tendrá enemigos, como los tiene todo el mundo, y eso alguna vez nos habrá venido mal. Lo que pasa es que al final, cuando la gente nos conoce, se le olvida que somos los hijos de su enemigo y somos naturales, somos sencillos y caemos bien a la gente.

M.S.: Bueno, hay mucha gente que no sabe que somos hijos de José Manuel Soto. Y nos da igual, nos da exactamente igual lo que piense la gente.

Bueno, ya sabéis que vuestro padre últimamente está en el centro de mira por algunas declaraciones...

J.S.: Pero se lo ha buscado él… Tiene sesenta y pico años y dice que España se está convirtiendo en una cosa que, según él, no tiene que ser. Él sufre por España porque cree que se está yendo al garete, como Venezuela… Y sufre de verdad, por eso lo hace, y hay mucha gente que le apoya.

Habéis elegido Madrid, concretamente el escenario de la sala Galileo para presentar algunas canciones de lo que será el nuevo disco. ¿Por qué Madrid y no Sevilla? ¿Da más miedo Madrid que Sevilla?

J.S.: Yo creo que Madrid es más fácil que Sevilla. En Madrid, como hay tanta gente de tantos sitios, es más fácil porque la gente está acostumbrada a ver espectáculos de todo tipo, a tener programación de lunes a domingo…

M.S.: En Madrid, nosotros ya hemos cantado en la Joy Eslava, en La Caracol y siempre se nos ha dado bien. La gente en Sevilla es muy crítica con todo y está muy al detalle, y en cualquier momento te pueden tirar tomates (risas).

He leído que la mayor parte de las canciones de este disco las compusistéis en Los Alpes durante el confinamiento ¿cierto? ¿Qué hacíais allí?

J.S.: Bueno, fuimos para tres días a visitar a un amigo y nos quedamos encerrados un mes y medio. Pues justo cuando estábamos allí firmamos un contrato para las próximas 14 canciones que sacásemos. Con ese dinero, nos compramos una tarjeta de sonido, un piano y montamos un home-studio e hicimos las maquetas del disco. Cuando llegamos a Madrid, nos metimos un mes en un estudio, vestimos las maquetas un poco mejor y hemos estado dos años trabajando en el disco y grabando algunas canciones más.

Oye, en Instagram hablais de canciones-fruta… ¿Qué es eso?

M.S.: Eso es una tontería que se nos ocurrió. Como antes, porque ahora menos, no teníamos ningún estilo definido a la hora de componer. ‘Mira, Jaime he compuesto una bossanova. ¡Mira, he compuesto una rumba!’. Al ser tan diferentes yo imaginaba como un árbol del que no sólo caen manzanas, caen plátanos, piña, pera, fresas…

¿Con qué soñáis en el mundo de la música?

J.S.: ¡Con el infinito y más allá! Yo creo que nos va a ir muy bien porque ya nos va muy bien y nos conformamos con muy poco. Somos muy sencillos y muy felices con nada. Somos aventureros, somos de mochila y para adelante, hemos hecho el Camino de Santiago con 3 euros al día y una bicicleta. Nos lo pasamos bien con estar juntos y con una guitarra. No necesitamos mucho más.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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