Harari: El historiador que le teme más al hombre que al coronavirus

Mariángela Velásquez
·8 min de lectura
Israeli author, historian and professor Yuval Noah Harari pictured during a reading in Antwerp, Monday 27 January 2020. BELGA PHOTO KRISTOF VAN ACCOM (Photo by KRISTOF VAN ACCOM/BELGA MAG/AFP via Getty Images)
Israeli author, historian and professor Yuval Noah Harari pictured during a reading in Antwerp, Monday 27 January 2020. BELGA PHOTO KRISTOF VAN ACCOM (Photo by KRISTOF VAN ACCOM/BELGA MAG/AFP via Getty Images)

En la era de la mensajería instantánea es poco común que las grandes audiencias escuchen a un académico. Pero el historiador y filósofo israelí Yuval Noah Harari ha vuelto a llamar la atención de miles de seguidores con el lanzamiento de la versión ilustrada de Sapiens, que relata cómo los hombres pasaron de ser una especie insignificante hace millones de años a estar en el tope de la cadena evolutiva.

La versión en cómic realiza algunos ajustes pero conserva gran parte del contenido del Sapiens original, que ha vendido unas 10 millones de copias y ha sido traducido a 50 idiomas. La recién publicada novela gráfica fue posible gracias a la coautoría de los artistas David Vandermeulen y Daniel Casanave.

En la versión ilustrada, Harari le cuenta a su sobrina imaginaria Zoe la fascinante historia de la evolución de una especie más de primates que deambulaba por las sabanas africanas y que pasó a dominar al mundo. La ventaja evolutiva del sapiens sobre los otros homínidos fue la habilidad de imaginar, de conversar, de crear complejos sistemas simbólicos como la religión, la política y la cultura.

En una entrevista a The Guardian, Harari dijo que explicar la historia del hombre responde a una necesidad fundamental. "Al vivir en un mundo globalizado necesitas una comprensión panorámica de la historia para entender verdaderamente tu propia vida. La mayoría de los sistemas educativos solo te enseñan la historia de tu propio país, tu religión y tu cultura".

Al terminar los 12 años de educación básica en Israel, Harari no había escuchado sobre la historia de China ni nada que hubiese existido antes del Judaísmo.

Mucho conocimiento y poca sabiduría

La popularidad alcanzada por sus escritos lo ha convertido en una especie de gurú al que todos quieren consultar. Pero Harari insiste: "No tengo idea de lo que ocurrirá. El motivo de escribir libros es tratar de cambiar el futuro, no predecirlo".

Sin embargo, al armar el rompecabezas del pasado prevé un porvenir atemorizante, especialmente desde que comenzó la crisis de la COVID-19.

Y no es precisamente al virus a lo que teme.

"En la larga historia de la humanidad, la Peste Negra y la influenza de 1918-19 fueron mucho peores. La Covid-19 es una epidemia relativamente leve en términos de mortalidad. Su potencial más peligroso es cómo nos impactará para lidiar con otras amenazas. La guerra nuclear, el colapso ecológico y el ascenso de tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial: esas son tres amenazas que realmente pueden destruir la civilización humana si no las manejamos correctamente".

Harari explicó que todos esos peligros necesitan de la cooperación mundial para enfrentarlos y teme que si reaccionamos equivocadamente a la crisis del coronavirus pudiéramos destruir lo poco que queda de esa alianza.

Teme que la pandemia creará un mundo más pobre y violento, que no será capaz de diseñar y poner en marcha un plan de acción conjunto para combatir el calentamiento global o regular el crecimiento desmedido de la inteligencia artificial. "Ese es el resultado más peligroso de todos".

Para combatir las amenazas, la clave es que la información veraz esté al alcance de todos.

"Cuando miras lo que ocurre en el mundo con la Covid-19 y todas las teorías de la conspiración, te das cuenta de la importancia de que la ciencia llegue a todos y no sólo a una pequeña élite".

En una entrevista concedida anteriormente al diario El Confidencial ya había expuesto esos argumentos: "El gran problema no es el virus, el gran problema son los demonios interiores de la humanidad. Tenemos el conocimiento científico para solucionar esta crisis, pero no la sabiduría política para hacerlo".

Uno de los desafíos que observa el historiador es que la ciencia es mucho más compleja que las teorías conspirativas y los científicos usan un lenguaje que es difícil de entender para el hombre común. Uno de los motivos es que las personas no piensan con gráficos ni números sino que comprenden el mundo a través de las historias. El conocimiento esencial se transmite al escuchar y repetir cuentos.

Por eso en la versión gráfica de Sapiens, Harari se aferró a los hechos y teorías científicas pero experimentó con nuevas maneras de contar la historia de la humanidad, para ese conocimiento llegue a muchas más personas.

Manipulación vs libre albedrío

Hariri dijo que como entendemos cada vez mejor los mecanismos biológicos, sociales y culturales que hay detrás de nuestras decisiones es más sencillo manipularlas. "La gente más fácil de manipular es la que cree en el libre albedrío, porque ni siquiera sospecha que puede ser manipulada".

Y precisamente no de los puntos ciegos que hemos tenido en la pandemia ha sido autorizar el uso de tecnología de vigilancia masiva. "Es la primera vez en la historia de la humanidad que puedes seguir a todo el mundo todo el tiempo y reunir y analizar tantos datos de cada individuo que entiendes a esa persona mejor de lo que ella se comprende a sí misma. Con la epidemia, la excusa es la necesidad de interrumpir el contagio. Pero, si no vamos con cuidado, esto puede ser el origen del peor sistema totalitario que haya existido jamás. Nuestra libertad está seriamente amenazada".

En uno de sus videos publicados en su canal de YouTube, Harari ya había dicho que lo más importante que hay que saber del siglo XXI es que los humanos se están convirtiendo en animales hackeables. Afirmó que ya no solo pueden meterse inadvertidamente en nuestros teléfonos móviles, en nuestras cuentas bancarias. Sino que muy pronto algunas corporaciones y gobiernos podrán hackear tu cuerpo y tu cerebro.

"A lo largo de la historia, las almas humanas fueron una caja negra insondable". Sólo las personas más cercanas como padres o amantes podían conocer las intimidades de un individuo. Y por mucho que trataran, el conocimiento que lograban obtener los sacerdotes, comerciantes y tiranos era muy superficial.

Explicó a los jóvenes que están madurando justo en el momento en que la biología se fusiona con la informática, la epidemiología se familiariza con los smartphones, y el coronavorus se encuentra con el Zoom. "Ni la CIA ni la KGB tuvieron las herramientas suficientes para meterse dentro de las mentes de los ciudadanos, pero pronto algunos sabrán lo suficiente de biología, acumularán suficientes datos y tendrán suficiente poder de computación, para hackear sistemáticamente a todos".

Aunque no lo menciona, el panorama que cuenta Harari se parece al inquietante mundo distópico escrito por George Orwell en su novela 1984, en el que el poder de un estado totalitario es representado por el Gran Hermano, el líder sin rostro que vigila a los ciudadanos mediante las omnipresentes pantallas.

Harari dice que no hemos llegado al punto de no retorno y que aún estamos a tiempo de regular el uso de esas tecnologías que considera invasivas.

Trump y la polarización

Harari también levanta señales de alarma sobre las tendencias populistas que socavan la estabilidad de las democracias mediante la polarización de la población.

"Los líderes que promueven esta división premeditada de la sociedad, que la vuelven contra sí misma, se presentan como nacionalistas y patriotas, pero son lo opuesto. El patriotismo no tiene que ver con odiar a los extranjeros o a las minorías, sino con amar a tus compatriotas y ser solidario con la otra gente de tu país. Esta clase de líderes como Trump, Bolsonaro o Netanyahu están destruyendo deliberadamente la solidaridad nacional para fortalecer su poder político".

Esas declaraciones, ofrecidas al diario español semanas antes de las elecciones de Estados Unidos, demostraron la claridad de este profesor de historia de 44 años, que planifica meticulosamente sus dos horas de meditación diaria, además de dedicar varias semanas anuales a aislarse en retiros de reflexión.

Esa dedicación exclusiva a su actividad intelectual y emocional es posible gracias a su esposo, quien coordina todos sus esfuerzos editoriales y dirige al equipo encargado de responder emails, otorgar entrevistas y manejar sus redes sociales.

Al explicar su particular estilo de vida a un podcast estadounidense, Harari dijo que su meditación no estaba dirigida a sólo a la relajación sino a ampliar el conocimiento y el control sobre su mente. Declaró que si su trabajo es comprender y reflexionar sobre la historia de la humanidad, lo menos que puede hacer es disponer de un poco de tiempo para pensar.

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