Todo un halcón: McCarthy, el republicano que releva a Pelosi en la Cámara de Representantes

Los republicanos se han hecho con el control de la Cámara de Representantes de Estados Unidos y toca relevar a Nancy Pelosi, la demócrata que ha llevado con mano de hierro y una enorme influencia una de las dos ramas que, junto al Senado, conforman el poder legislativo en el país. Ya tiene sustituto: se llama Kevin McCarthy, tiene 57 años y viene de escalar de forma rauda por las escaleras internas del Capitolio, lo que le ha generado admiración y enemigos casi a partes iguales.

El martes, McCarthy logró el apoyo de su partido como aspirante a presidente del hemiciclo y su candidatura debe ser ahora apoyada por al menos 218 votos. No habrá problema, porque su formación se aseguró esos escaños la pasada noche y el 3 de enero, cuando se plantee el cambio formalmente, todo debe ir sobre ruedas. No obstante, tiene que asumir que sus correligionarios lo aceptaron por 88 votos contra 31, esto es, tiene oposición interna. Andy Biggs, expresidente del House Freedom Caucus o Caucus de la libertad presentó una queja contra él en el último momento. Representa a la línea dura, cercana al Tea Party, para quienes su perfil de halcón no parece ser suficiente.

Kevin Owen McCarthy (Bakersfield, California, 26 de enero de 1965) ejercía hasta ahora como líder de la minoría republicana en la Cámara Baja, cargo al que llegó en 2019. Los registros de la Universidad de Minnesota constatan que fue el congresista que más rápido llegó a ese cargo, con siete años, seis meses y 29 días como congresista. Contundente, como su trayectoria. Representa desde 2006 a California, un estado en el que ha ido encadenando victorias con datos muy buenos: los apoyos más bajos los logró en 2016 con un 69,2% de los votos y ha llegado a tener picos del 98,8%, en ausencia de candidatos demócratas, siquiera. En su zona manda él.

Es hijo del jefe de bomberos de Bakersfield (400.000 habitantes) y de una ama de casa, demócratas de carnet. Fue el primer republicano en la familia. Montó un pequeño negocio, Kevin O’s Deli, un restaurante de comida rápida en el que le cogió tirria al papeleo administrativo, uno de sus grandes caballos de batalla desde entonces. Con el dinero que sacó, estudió estudió Mercadotecnia e hizo un postgrado en Dirección de Empresas en la Universidad Estatal de California.

Pronto metió la cabeza en política. En 1995 ya presidía los Jóvenes Republicanos de su estado y cuatro años más tarde, llevaba las riendas de esas juventudes a nivel nacional. Estuvo cinco años en el cargo. Mientras iba conociendo las entretelas del Partido Republicano desde dentro, comenzó a trabajar como asesor de cargos electos del partido y como administrador de distritos. Determinante para su futuro fue su trabajo en la Asamblea Estatal de California y su cercanía al congresista Bill Thomas. Cuando éste decidió jubilarse, McCarthy estaba listo para el asalto y se impuso en las primarias internas, con un 85% de los apoyos de sus compañeros.

Kevin McCarthy, el 15 de noviembre pasado, rodeado de su equipo, al presentar su candidatura en Washington.
Kevin McCarthy, el 15 de noviembre pasado, rodeado de su equipo, al presentar su candidatura en Washington.

Kevin McCarthy, el 15 de noviembre pasado, rodeado de su equipo, al presentar su candidatura en Washington.

Lo que ha hecho y lo que piensa

En su tiempo en la Cámara de Representantes, ha estado especialmente implicado en cuestiones económicas. Pertenece al Comité de Servicios Financieros y a dos subcomités, de Mercados de Capital, Seguros y Empresas Patrocinadas por el Gobierno y el de Instituciones Financieras y Crédito para los Consumidores, muy lejos, por ejemplo, del corte más social e internacional de Pelosi. Ahí entró para atacar a Hillary Clinton, aspirante a la Casa Blanca por los demócratas y exsecretaria de Estado, aunque también es uno de los mejores amigos de Israel y de Arabia Saudí en el partido. Ha sido muy crítico en los dos primeros años de legislatura de Joe Biden, ahora que la inflación roza niveles desconocidos en 40 años.

En estos años, ha dejado muy claro que es un conservador de libro, defensor de la familia tradicional (está casado y tiene dos hijos, con los que sigue viviendo en su cuidad natal), de los bajos impuestos y de la empresa privada por encima de todas las cosas. McCarthy se ha señalado mucho porque ha pisado todos los charcos posibles, ha entrado en todas las grandes polémicas que marcan las diferencias con los demócratas. Así, de declara un “acérrimo antiabortista, en contra de los derechos” de la mujer a la interrupción voluntaria del embarazo.

En sus tiempos mozos no se oponía al aborto, sólo a que fuera dinero público a ello, pero con los años se ha convertido en un héroe para el Comité Nacional del Derecho a la Vida, que le a un 100% de apoyo en su tabla de políticos y posicionamientos. Los prochoice, pro elección libre, le dan un 0%, directamente. Directamente, fue el impulsor de enmiendas para que no se gasten impuestos en el aborto, incluso en aquellos casos que tengan una violación como origen del embarazo.

Otra de las materias que lo encienden es la preservación del planeta y la emergencia climática. Es negacionista del calentamiento global, sin sonrojo, y se ha opuesto sistemáticamente desde su cargo en la Cámara a normas verdes, como las que impulsan las energías renovables. Ha rechazado que se abandonen combustibles fósiles como el carbón y ha impulsado la retirada de la protección a suelo ambientalmente intocable por ser “excesiva”. Trató incluso de que EEUU no se sumara al Acuerdo de París, acordado en la Cumbre del Clima de 2015 y que es la hoja de ruta más clara a seguir.

Más: McCarthy se ha retratado siendo uno de los republicanos más feroces contra el Obamacare -la reforma sanitaria de Barack Obama destinada a hacer el seguro médico más accesible y asequible para todos los norteamericanos-, se opone al matrimonio entre personas del mismo sexo y a que tengan beneficios conyugales en cada estado y dice no al uso medicinal del cannabis.

Donald Trump habla con la prensa en presencia de Kevin McCarthy, en mayo de 2020, en la base aérea de Andrews.
Donald Trump habla con la prensa en presencia de Kevin McCarthy, en mayo de 2020, en la base aérea de Andrews.

Donald Trump habla con la prensa en presencia de Kevin McCarthy, en mayo de 2020, en la base aérea de Andrews.

Sus polémicas... hasta con Trump

Poder y radicalidad es una suma que suele traer alguna que otra polémica. El que será nuevo presidente de la Cámara de Representantes norteamericana no se salva. En 2015, quiso ser presidente de su formación, pero su candidatura duró viva dos semanas, el tiempo de que se le echaran encima sus rivales filtrando una supuesta aventura extramatrimonial con otra congresista que siempre negó. Dijo luego que los republicanos necesitaban un rostro nuevo y él no lo era. Tampoco tenía los apoyos necesarios, dicho sea de paso.

Antes, en 2012, ya fue criticada su factura de pasteles, chucherías y agua embotellada en la Cámara Alta, hasta 99.000 dólares, la más alta de todos los congresistas. Cinco años después se le tachó de altanero porque en campaña se negaba a hacer calle, a dar manos, a visitar mercados o servicios sociales.

El año pasado se pidió hasta su dimisión porque en un acto de recaudación en Tennessee cogió el mazo de la pugna y que “tendría dificultades para resistirse a golpear a Nancy Pelosi”. No hubo ni disculpa clara. Su entorno lo vendió como una broma, lo mismo que cuando en 2016 afirmó: “Hay dos personas que creo que Vladimir Putin paga: (el congresista por California Dana) Rohrabacher y Trump. Juro por Dios”. Supuestamente, lo dijo en una reunión privada de su formación. Se trató como un comentario inventado, una filtración interesada. Un año más tarde, él dijo que se trató de “un mal intento de broma”.

Además, en los días posteriores al asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021, McCarthy, dijo a los legisladores republicanos en una llamada telefónica privada que Trump había admitido tener cierta responsabilidad en el ataque, según un audio conocido por un libro de dos periodistas de The New York Times. “Pero déjenme ser muy claro con ustedes y he sido muy claro con el presidente. Él tiene la responsabilidad de sus palabras y acciones. No hay peros que valgan”, dijo a sus colegas. En otra llamada previa, McCarthy dijo: “Estoy harto de este tipo. Lo que hizo es inaceptable. Nadie puede defenderlo, y nadie debería defenderlo”. Los autores del libro dicen que esos comentarios eran en referencia a Trump. McCarthy acabo teniendo reuniones varias con Trump y suavizando su postura al respecto, al menos públicamente.

El expresidente Trump ha estado alentando en privado a sus aliados para que apoyen la candidatura de McCarthy a presidente de la Cámara, según la CNN, creyendo que el californiano será un activo en el futuro, en su campaña a la reelección en 2024. Trump reafirmó su apoyo a la candidatura de liderazgo de McCarthy en una entrevista con Fox News la semana pasada y, desde entonces, ha estado trabajando por teléfono para persuadir a los aliados republicanos de que lo respalden, en particular a los miembros conservadores que se muestran escépticos. No es que sean amigos del alma y, como denota el comentario sobre Putin, ha habido roces entre ellos, pero hoy se convienen el uno al otro.

“Esta noche es oficial: Hemos despedido a Nancy Pelosi”, dijo McCarthy esta madrugada, robando la frase mítica de Trump cuando hacía programas en la tele. En sus manos estará ahora la pelea legislativa contra Biden, el liderazgo del muro republicano que tratará de parar todas sus apuestas. Se puede decir que, hoy, es el republicano más fuerte de Washington.

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