Hage Geingob y el éxito por la nostalgia de la lucha anticolonial de Namibia

El actual presidente de Namibia, Hage Geingob (c), fue confirmado hoy como vencedor de las elecciones del pasado miércoles, con un 56,3 % de los votos, y él y su partido, la Organización Popular del Suroeste de África (SWAPO, siglas en inglés), seguirán gobernando el país otros cinco años más.EFE/EPA/Siphiwe Sibeko / POOL/Archivo

Johannesburgo, 1 dic (EFE).- Ni la recesión económica ni la extrema desigualdad que aún caracteriza la sociedad namibia 30 años después de la independencia han frenado el segundo triunfo electoral de Hage Geingob, un ejemplo paradigmático de la capacidad de aguante de los antiguos movimientos de liberación anticoloniales africanos.

Geingob, de 78 años y antiguo luchador por la independencia de Namibia, acaba de ganarse la continuidad en la Presidencia de su país para otros cinco años tras vencer en las elecciones celebradas el pasado miércoles, con un 56,3 % de los votos.

Eso significa que, de su mano, la SWAPO -siglas en inglés de Organización Popular del Suroeste de África- seguirá también al frente de esta desértica nación meridional, tal y como lo lleva haciendo desde su independencia de la Sudáfrica del "apartheid", en 1990.

"Deseo agradecer a los namibios por reelegirme como su presidente. Me siento humilde y comprometido a servir a la nación namibiana con más pasión y dedicación, para lograr mejoras tangibles en la vida de nuestros ciudadanos. Te he oído", declaró Geingob en su cuenta de Twitter durante la mañana del sábado, horas antes de conocerse los resultados oficiales.

Geingob, nacido en Otjiwarongo (norte) en 1941, se involucró en la lucha por la liberación de lo que luego sería Namibia en los años sesenta, mientras estudiaba para maestro.

Era una carrera bajo la que iba a tener que estar sometido a los principios segregacionistas del sistema de educación bantú, impuesto desde Sudáfrica, que garantizaba una formación peor para la población negra.

La causa libertadora le llevó a recorrer África y sufrió dos intentos de asesinato por parte de las Fuerzas Armadas sudafricanas.

Su trayectoria revolucionaria continuó en Estados Unidos, donde estudió en universidades de Filadelfia y Nueva York y donde ejerció de representante de la entonces clandestina SWAPO ante la ONU.

A su regreso a Namibia, en 1989, demostró su compromiso y carácter conciliador liderando la asamblea constituyente que redactó la nueva Constitución.

Ya democracia, Geingob ocupó los cargos de primer ministro (1990-2002), ministro de Comercio (2008-2012) y de primer ministro nuevamente desde 2012 hasta 2014.

Fueron años clave en los que Namibia, una nación de grandes recursos mineros, como diamantes o uranio, no solo creció económicamente sino que, además, demostró ser un Estado casi insólitamente estable dentro de la habitualmente convulsa región subsahariana.

Así, cuando Geingob optó por primera vez a la Presidencia en 2014 todo apuntaba a una victoria muy fácil.

Geingob, de etnia damara, ganó con casi un 87 % de los votos y se convirtió en el primer presidente no perteneciente a la mayoría ovambo del país.

Ascendió al poder con llamamientos a arrimar el hombro desde todos los sectores para luchar contra la extrema desigualdad y la pobreza y con promesas de paliar la corrupción y la autocomplacencia de los funcionarios públicos.

Su gestión presidencial, sin embargo, no fue tan exitosa como su elección.

En 2016, al calor del desplome global de los precios de las materias primas, la economía Namibia -muy dependiente de la minería- comenzó una caída que, según las predicciones del FMI, solo logrará empezar a revertirse tímidamente a finales de este año.

El desempleo se mantiene alrededor del 34 % -con especial incidencia entre una población joven cada vez más descontenta- y el sector agrícola también cayó significativamente.

Namibia se ha visto afectada, además, por graves sequías que, como está ocurriendo en la actualidad, dejan a miles de namibios en necesidad de asistencia estatal.

El país también sigue sin respuestas para problemas históricos como el desigual reparto de la propiedad de la tierra.

Esta nación, de hecho, se mantiene como una de las más desiguales del planeta, a pesar de que entre los años noventa y 2016 había logrado reducir a la mitad sus niveles de pobreza.

Geingob tampoco se ha librado de la corrupción y, por ejemplo, a las puertas mismas de estas elecciones, dos ministros de su equipo dimitieron tras destaparse un escándalo de sobornos pesqueros millonarios, pagados presuntamente por una empresa islandesa.

Pero pese a todos estos problemas, Namibia ha vuelto a dejar el poder sin grandes titubeos en manos de Geingob y de la SWAPO.

Es decir, al igual que ocurre en otras naciones de la zona -como Sudáfrica, Mozambique o Zimbabue, aunque con distintos niveles de legitimidad-, la historia del poder de Namibia seguirá unida, al menos de momento, a la deuda con los que lucharon por la liberación del país.