Los "me gusta" de la vida animal en la pandemia

Santiago de Compostela, 19 may (EFE).- La naturaleza es, en esta crisis sanitaria, la aliada perfecta para explorar y poder disfrutar sin temor. La vida animal ha seguido en la pandemia y no ha cambiado y el hecho de que se hayan disparado los "me gusta" en las fotos de fauna tiene una explicación: la añoranza.

Un oso pardo en el macizo central orensano, puede que el primero en 150 años, y un calamar de dos metros recogido en la playa de Area, en Viveiro (Lugo), de los que son capaces de volar fuera del agua distancias de hasta 40 metros, han aparecido durante el enclaustramiento.

Época en la que también se ha visto a las Rías Baixas convertidas en hogar de arroaces, a marineros de Cedeira (A Coruña) atrapando por accidente un tiburón peregrino de cinco metros cuya liberación supuso un gran esfuerzo y a alumnos que han captado imágenes de lobos, de ciervos, de martas y de corzos.

"Nuestros osos están guapísimos, muy gordos, han comido muchas bellotas y están ahora a lo suyo, a cuidar a sus pequeñines". Lo cuenta el naturalista Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo, que celebra que las cámaras de la película "Montaña ou Morte", dirigida por Pela del Álamo, hayan captado a ese ejemplar macho en el Parque Natural do Invernadeiro .

Palomero asegura que no ha apreciado grandes cambios en el comportamiento de estos animales, ni siquiera en los pueblos "más oseros", pues ha sido un período de tiempo muy corto para que se noten y además la primavera es un momento del año tranquilo en las montañas.

"Algún oso pardo sí se ha pasado por un par de pueblos, sí", detalla Palomero, que habla de más casos, pero eso no es inquietante ni mucho menos, como sí lo era el hecho de que, al estar la mayoría de los contenedores de residuos abiertos, tuviesen la tentación de ir a esa "comida fácil", algo de lo que no tiene constancia.

En las redes sociales de la fundación han notado una enorme aceptación entre todo lo publicado: "Quizá estemos más atentos a las redes, aunque normalmente lo estamos. Pero quizá sea una manera de añorar y desear volver a la naturaleza lo antes posible con tranquilidad. Quizá sea eso de añoro reencontrarme con la naturaleza".

Alfredo López, biólogo de Cemma, la coordinadora para el estudio de mamíferos marinos, indica que los calamares sí son frecuentes en la costa cantábrica dado que tienen su hábitat en la tan próxima zona abisal e igual ocurre con los tiburones peregrino que se alimentan de plancton y son inofensivos.

Supone que en esta pandemia los moluscos marinos, los cefalópodos y los escualos están "más tranquilos" y que si parece que hay más "es porque la gente ha tenido más tiempo de ver por la ventana". "Pero es lo que nosotros vemos todos los días. No hay nada distinto a lo que pasa habitualmente, si bien es cierto que los animales marinos no están presionados por los movimientos de embarcaciones ni por la presencia de gente", detalla.

Que las costumbres no se ven alteradas en un espacio de tiempo reducido y que la ciudadanía se asoma más al balcón o a la terraza y por eso hay la sensación de que el mundo animal es otro es lo que considera también el profesor de Biología Óscar Chao, que dirige el proyecto "Rebinxe" (rebelde) que implica a 35 alumnos, muchos de ellos de familias ganaderas, del instituto plurilingüe San Rosendo, de Mondoñedo (Lugo).

Ana Pedrosa

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