La "guerra de guerrillas" entre los socios del gobierno de coalición en España

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Con poco más de un año en el poder, la coalición entre socialistas y la izquierda radical de Podemos que gobierna en España ha acumulado desacuerdos hasta instalarse en una verdadera "guerra de guerrillas", con constantes recriminaciones cruzadas.

El último choque entre los socialistas de Pedro Sánchez y su socio minoritario ocurrió a raíz de las violentas protestas la noche del miércoles en Madrid y otras ciudades, por el encarcelamiento de un rapero condenado por unos tuits insultantes hacia la policía y la monarquía.

"Todo mi apoyo a los jóvenes antifascistas que están pidiendo justicia y libertad de expresión en las calles", tuiteó el jefe parlamentario de Podemos, Pablo Echenique, cuando ya se registraban disturbios en el centro de Madrid.

"Una cosa es lo que tú puedas pensar y otra cosa es lo que haces desde tu cargo público", reprochó con dureza este jueves en la radio Cadena SER la vicepresidenta del gobierno, la socialista Carmen Calvo.

"En una democracia plena, y la democracia española es una democracia plena, resulta inadmisible el uso de cualquier uso de violencia", incidió este viernes el jefe del ejecutivo, Pedro Sánchez.

Criticado por la derecha por su silencio ante tres noches seguidas de altercados, Sánchez aseguró que "el gobierno de España hará frente a cualquier tipo de violencia".

- Los "pulsos" de las coaliciones -

El miércoles, el enfado socialista quedó claro cuando no aplaudieron una intervención parlamentaria del líder de Podemos y vicepresidente segundo del gobierno, Pablo Iglesias, que lleva días insistiendo en que en España no existe una "normalidad democrática".

Los socios arrastran estos enfrentamientos desde que conformaron el primer gobierno de coalición de la España moderna, en enero de 2020, con los 120 diputados socialistas y los 35 de Podemos.

E incluso desde antes. A mediados de 2019, Sánchez llegó a decir que "no dormiría por la noche" si tuviera en su gabinete a Podemos, formación que le llegó a hacer sombra a los socialistas.

Pero en los últimos meses las chispas saltaron con mayor frecuencia y amplitud, a medida que se acercaban las elecciones regionales de Cataluña del pasado domingo, indica a la AFP Antón Losada, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Santiago de Compostela.

Las principales desavenencias han venido por leyes para ampliar derechos sociales, o en políticas como la migratoria, en manos de ministerios dirigidos por socialistas, con Podemos criticando el trato que se ha dado a miles de migrantes africanos llegados a las islas Canarias.

Este "duelo" entre socios no sorprende al consultor político Euprepio Padula, quien afirma que en toda coalición "hay pulsos", máxime cuando determinados temas tocan "la ideología de cada uno de los partidos".

"Si Podemos no estuviera siendo crítico" con, por ejemplo, la entrada en la cárcel del rapero Pablo Hasél "estaría fallando a su electorado", explica la politóloga Sonia Andolz.

Para Antón Losada, los roces en la coalición obedecen a que el PSOE, "socio mayoritario, cree que si se apropia de la acción del gobierno, va a comerse al otro, y el pequeño se siente constantemente amenazado y siente la necesidad de reivindicar su espacio".

Y ese "miedo a ser anulados" lleva a Podemos a contratacar "de manera virulenta para mantener la visibilidad y tratar de hacer ver que hay dos socios con la misma fuerza", acota José Ignacio Torreblanca, del centro de reflexión European Council on Foreign Relations.

- Peleas pero sin ruptura -

De todos modos, los analistas creen que la coalición podrá sobrevivir a estos terremotos internos.

"Creo que no va a haber ninguna crisis de gobierno importante", y la coalición completará la legislatura en 2023, vaticina Padula.

Una de las razones es que "no hay alternativa a la derecha", con la pugna entre los conservadores del Partido Popular y la extrema derecha de Vox "en pleno auge", explica Torreblanca.

Además, según este analista, salirse del gobierno dejaría "muy débil" a Podemos, que sufrió un fiasco electoral en Galicia y País Vasco en julio pasado y se mantuvo a duras penas en las regionales catalanas, donde el PSOE se disparó.

El peligro es que esta "guerra de guerrillas" se vuelva "la normalidad", generando un desgaste para ambos socios, porque el electorado se puede cansar de "peleas que muchas veces no entiende ni tienen relevancia en sus problemas diarios", concluye Losada.

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