La guerra fratricida en la derecha sume a Rumanía en la desesperanza y la crisis

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Bucarest, 10 sep (EFE).- Rumanía vive una profunda crisis de Gobierno, que amenaza con estancar la modernización del país balcánico, el gran objetivo del ejecutivo formado en diciembre pasado por los dos grandes partidos liberales rumanos.

Solo nueve meses después, una guerra a muerte por el control del gobernante Partido Nacional Liberal (PNL, centro-derecha) ha dinamitado la coalición y las esperanzas de regeneración y progreso de millones de rumanos, en plena escalada de precios y también de muertes por la covid-19.

“En primer lugar, supone un golpe para la economía”, asegura a Efe Stelian Tanase, uno de los intelectuales rumanos de más prestigio, sobre las consecuencias de la salida del Gobierno, el pasado lunes, de los socios minoritarios de la alianza centrista USR-PLUS.

REFORMAS PARALIZADAS

“El país no está gobernado, la confianza de los inversores y círculos financieros internacionales se resiente y el leu [moneda rumana] se deprecia”, añade Tanase sobre la ruptura de la coalición, que deja al Gobierno en minoría y sin capacidad para cumplir su programa.

Tanase teme que el bloqueo político lleve a posponer reformas estructurales que Rumanía necesita de manera urgente.

El escritor, que no esconde su profunda decepción con un PNL al que ha apoyado siempre, advierte de la desafección que provocará la crisis entre una población golpeada por el encarecimiento de la energía, las materias primas y los productos básicos.

INQUIETUD INTERNACIONAL

Un día después de la dimisión de los ministros de USR-PLUS, la agencia de calificación de riesgos Fitch advirtió de lo difícil que será, para un Gobierno sin mayoría, reducir un déficit público disparado por la crisis de la covid, tras años de gasto descontrolado del Gobierno socialdemócrata (2017-2019).

Un ejecutivo minoritario, advierte Fitch, verá gravemente comprometida su capacidad para acometer reformas impopulares, a la vez que vitales para la viabilidad del Estado rumano, como las de “los sistemas de salud, sueldos públicos, pensiones y justicia”.

El aplazamiento de estas medidas podría, además, retrasar la aprobación, por parte de Bruselas, del Plan de Resiliencia y Recuperación de Rumanía, que necesita estas inversiones comunitarias como agua de mayo.

LA ‘GUERRA CIVIL’ QUE EXPLICA LA CRISIS

La actual crisis está relacionada con las ambiciones del primer ministro, Florin Citu, de arrebatarle la presidencia del PNL a su antecesor en la jefatura de Gobierno, Ludovic Orban, en el congreso que la formación celebrará el 25 de septiembre.

El terremoto que ha devastado la coalición se produjo el pasado 1 de septiembre, cuando Citu impuso la aprobación de un plan para invertir 10.000 millones de euros en las administraciones locales que no contaba con el apoyo de USR-PLUS.

Según los entonces socios minoritarios de Gobierno, el plan del primer ministro favorecía a los alcaldes del PNL, y buscaba comprar simpatías para su candidatura a presidir el partido.

El conflicto se saldó con el cese del ministro de Justicia, Stelian Ion (USR-PLUS). En señal de protesta, los cinco ministros de su partido dimitieron el lunes pasado, y la formación presentó una moción de censura que puede acabar tumbando al Ejecutivo.

EL GOBIERNO PENDE DE UN HILO

La moción, que se leyó en el Parlamento el pasado jueves, tiene, a priori, los apoyos suficientes para prosperar, pero el Gobierno la impugnó por supuestos defectos de forma y no se votará hasta que el Tribunal Constitucional decida sobre su legalidad.

Esto permite a Citu llegar al congreso del PNL en la posición de fuerza que le otorga ser primer ministro. Pero, pase lo que pase en el congreso, la imagen del jefe del Gobierno rumano está gravemente perjudicada.

El analista Radu Magdin ha calificado la actitud de Citu en las últimas semanas de “kamikaze”. “El PNL ha quedado más dividido que nunca, y se enfrenta a una pérdida acelerada de la confianza de la opinión pública”, explica a Efe.

LA HISTORIA SE REPITE

Para Adiana Saftoiu, periodista, profesora y exdiputada del PNL, lo que ha ocurrido es parte de “un patrón” que se repite siempre que se forman coaliciones reformistas en la Rumanía poscomunista.

“Estas coaliciones se basan, sobre todo, en combatir al PSD”, dice en referencia al partido socialdemócrata, que las clases medias rumanas suelen asociar al clientelismo, abuso de poder y inmovilismo.

“Más allá de este rechazo común, estas coaliciones no establecen formas concretas para conseguir objetivos concretos”, añade Saftoiu.

El último estadio de ese patrón es el resurgir del PSD, que regresa al poder con más fuerza cada vez que fracasan los liberales que prometen modernizar Rumanía y homologarla al resto de Europa.

LA PEOR PESADILLA DE BRUSELAS

Aunque las próximas elecciones no están previstas hasta 2024, el PSD ya destaca en las encuestas, que le dan una holgada mayoría suficiente para formar Gobierno junto a los populistas de derechas de la Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR).

Conscientes del desgaste que supone gobernar en la actual situación de inestabilidad y crisis, los socialdemócratas no muestran interés en acelerar el voto de la moción y la caída del Gobierno.

Su estrategia parece, en cambio, centrada en aguantar y recoger los frutos ya maduros dentro de tres años, cuando el PSD, que indignó a Bruselas con sus ataques a la independencia judicial y su demagogia fiscal aspira volver a ganarlo todo.

Marcel Gascón

(c) Agencia EFE

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