Greta Thunberg o la identidad que no se mueve con hilos ni cuelga de puentes

Una joven comienza un mural de Greta Thunberg en Roma.

El fenómeno de Greta Thunberg está dejando tras de sí un largo rastro de esperanza y otro no menos pronunciado de odio. Mientras sectores de la población ven a esta niña de 16 años de edad como una soñadora cuyo único deseo es el de concienciar a los mayores para que apliquen medidas efectivas con el fin de combatir el cambio climático; un sector más escéptico critica no sólo cada cosa que sale de su boca, o el dramatismo de sus discursos, sino su figura de “pobre cría” con síndrome de Asperger a la que no se le puede tomar en serio.

La joven capea los temporales que le vienen con calma y con una madurez inaudita para alguien de su edad. En numerosas ocasiones ha tenido que responder a sus haters, pero hubo una que llamó especialmente la atención, la que protagonizó el 26 de septiembre, dos días después del discurso que brindó en la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York.

“Honestamente, no entiendo por qué los adultos dedican su tiempo riéndose y amenazando a adolescentes y a niños por promover lo que dice la ciencia, cuando podrían estar haciendo otro tipo de cosas mejor. Supongo que deben sentirse amenazados por nosotros”, afirmó en un largo post en Twitter. “Pero no pierdan más el tiempo dándoles tanta atención. El mundo está despertando. El cambio está llegando, les guste o no”, agregó.

Imagen de Greta Thunberg en el festival Rock in Rio. (MAURO PIMENTEL/AFP via Getty Images)

Lo que se vivió en muchas tertulias radiofónicas, artículos de opinión o comparecencias en televisión tras aquel discurso, fueron un sinfín de críticas que dejaban en muy mal lugar a la joven. Lo que se experimentó este martes, cuando unos harapos que representaban a Thunberg aparecieron colgados de un puente en Roma con la frase, “Greta es vuestro Dios”, es superar la línea de la crítica e invadir esa zona en la que las opiniones se convierten en amenazas.

Esta vez, la adolescente no ha contestado. Quizás porque está demasiado ocupada visitando Dakota del Sur; puede que porque ese tipo de amenazas ya no son un juego de niños. ¿O acaso sí lo son?

Se puede estar a favor o en contra de que una pequeña haya dejado la escuela para convertirse en adalid de un movimiento social que no tiene precedentes y que la está colocando como potencial candidata a ganar el Premio Nobel de la Paz. Cada cual es libre de pensar en la existencia de teorías conspiratorias o en que la revolución de los niños es necesaria para remover conciencias. Sin embargo, hay una pregunta que mucha gente se está haciendo, incluido uno de los integrantes del grupo musical, Abba, Bjorn Ulvaeus. ¿Por qué se le tiene tanto miedo a una niña de 16 años? ¿Está acaso removiendo las entrañas de una clase acomodada (política, civil, empresaria…) que no está dispuesta a detenerse a escuchar o asumir su responsabilidad?

Greta Thunberg en el festival Rock in Rio. REUTERS/Yara Nardi

Aquellos que no la aguantan o no la toman en serio se empeñan en vaticinar que Greta Thunberg será un juguete roto, y que es un producto caduco de los medios de comunicación y de las plataformas anti-cambio climático. Incluso afirman que son sus padres los que la alientan a que siga adelante para su propio beneficio personal. Este tipo de afirmaciones dan por hecho que la activista sueca es una marioneta movida por los hilos que otros manejan. Con esos comentarios la están despojando de su propia identidad, de su propia voz. Ningunean a la adolescente y dan por hecho que no tiene una opinión suficientemente formada como para liderar este movimiento. Destrozan su identidad.

Si hay algo de genuino en toda esta rocambolesca historia en la que, en un año y un par de meses, una pequeña pasó del anonimato a hablar frente la ONU o incluso de formar parte de las quinielas para ganar un Nobel. Ni el mejor estratega hubiera previsto en qué punto se encuentra ahora cuando cada viernes se plantaba sola frente al Parlamento de Suecia. Ni siquiera su cabeza obsesionada con el cambio climático se imaginó que su solitaria manifestación inspiraría a millones de personas del mundo entero. Nunca persiguió el éxito, sino un ideal.

Sus críticos la seguirán menospreciando y la colgarán de un puente simbólicamente anticipando que Greta será un juguete roto por el sistema, cuando lo que realmente están intentando es romperlo ellos mismos en lugar de presenciar la evolución de una figura que está teniendo una educación única en el mundo para una chica de su edad.

Greta es auténtica, singular y capaz de mover masas con sus encantadoras rarezas. Puede que se acabe convirtiendo en un juguete roto, y si eso sucede, será porque muchos harán todo lo posible por verla caer, no por la desazón. Otra cosa es que sus sueños se corrompan con el tiempo, eso es completamente impredecible.