Greg LeMond, el hombre que cambió el ciclismo y pudo con Hinault y Armstrong

·5 min de lectura
Tour de France leader Laurent Fignon of France (R), Greg LeMond of the U.S. (C) and Pedro Delgado of Spain break away from the pack in the climbing of l'Alpe D' Huez during the 17th stage of the Tour de France cycling race in this July 19, 1989 file picture. Fignon has died, aged 50, August 31, 2010 according to French media.  REUTERS/Eric Gaillard/Files  (FRANCE - Tags: SPORT CYCLING OBITUARY)
Greg LeMond de amarillo en el Tour de 1989, junto a Perico Delgado, Laurent Fignon y el resto de hombres fuertes de aquel pelotón (REUTERS/Eric Gaillard/Files)

Greg LeMond nunca fue un tipo con suerte sino un luchador. En 1987, aún vigente campeón del Tour de Francia, sufrió un extraño accidente de caza que casi le cuesta la vida. A sus 25 años, el estadounidense presentaba un palmarés de lujo: campeón del mundo en 1983 -en total, acumulaba ya por entonces tres medallas mundialistas-, LeMond había subido al podio del Giro en 1985 y llevaba tres ediciones seguidas del Tour entre los tres primeros. Capaz de hacer segundo en San Remo, tercero en Lieja y cuarto en Roubaix, su futuro parecía esplendoroso en cualquier formato, imitando a los grandes campeones del pasado que ganaban en cualquier contexto: así, Anquetil, Merckx o, sobre todo, su compañero de tantos años, Bernard Hinault.

El accidente le dejó con 35 perdigones en el cuerpo y la duda de si podría volver a montar sobre una bici. Lo intentó en 1988, con el PDM, pero su nivel fue tan bajo que acabó en el ADR, un equipo del montón incapaz de montar una plantilla de garantías a su alrededor. Y, sin embargo, con ese equipo y esa plantilla, LeMond fue capaz de ganar un Tour descomunal a Laurent Fignon en 1989 y repetir victoria -ya en el Z Peugeot- al año siguiente, sumando por el camino otro campeonato del mundo. A partir de ahí, el ciclismo cambió, apareció Induráin, y LeMond cayó un poco en el olvido al poco de cumplir los 30, una enorme injusticia.

Desde entonces, LeMond ha seguido luchando porque no sabe hacer otra cosa. Combatió a Lance Armstrong cuando intuyó que Armstrong se dopaba. Le combatió, además, en Estados Unidos, donde Armstrong era un dios y tenía todos los contactos del mundo, incluido, cómo no, al propio presidente, su "compatriota" tejano, George W. Bush. Armstrong intentó destrozar a LeMond pensando que sería fácil: rebuscó en su pasado, le humilló ante todo el mundo y trató de acabar con sus negocios vinculados al ciclismo. Estuvo a punto de conseguirlo, pero el karma le atrapó a tiempo.

Ahora, cuando todo parecía ir bien para Greg, llega la noticia de que sufre leucemia, aunque, al parecer, con buen pronóstico. En pocos días cumplirá 61 años. Obviamente, el mundo del ciclismo está en shock. LeMond no es solo uno de sus grandes campeones sino que es, en rigor, el hombre que cambió el deporte, sobre todo de 1989 en adelante. Él siempre ha presumido de ser el último campeón "limpio" del Tour y puede que haya algo de cierto en esa afirmación, pero no es solo eso. LeMond es el puente entre el ciclismo antiguo de Hinault y el moderno de Induráin y Armstrong. Una pieza clave en la historia de esta disciplina.

GUÍA | Los pasos que tienes que seguir para poder ver un tuit no disponible por tus preferencias de privacidad

Antes de LeMond, como decíamos antes, existía el "campeón salvaje". El que competía por todo y contra todos. El que necesitaba ser el patrón del pelotón. Incluso Anquetil, un tipo calculador que se hacía fuerte en las cronos para sufrir moderadamente en las ascensiones, gustaba de determinadas exhibiciones, como cuando ganó la Dauphiné-Libéré, se cruzó todo el país, y se embarcó en la Burdeos-París diez horas más tarde. Una prueba que se celebraba de noche, de 557 kilómetros, y que también ganó, por supuesto.

De Merckx e Hinault no hace falta hablar demasiado. Su palmarés habla por ellos. Lo ganaban todo, lo competían todo, eran voraces en España, en Francia, en Italia, en Bélgica, en Holanda... donde hiciera falta. LeMond, que creció junto a Hinault en Renault y luego en La Vie Claire, decidió ser algo distinto. A pesar de ser un corredor muy completo, capaz de competir en clásicas, en vueltas de una semana y en Giros o Tours, nunca tuvo esa pulsión del dominador. Por ejemplo, la Vuelta a España la pisó en 1983, corrió un par de semanas, se retiró y no se volvió a saber de él.

A partir de 1989, desde luego, se convirtió en un "hombre-Tour". Esta definición, tan habitual en los años posteriores, no existía antes. LeMond sacrificaba todo su calendario por llegar al cien por cien al Tour de Francia... y a los Campeonatos del Mundo. Era todo cálculo, todo precisión, todo tecnología, consciente de que su cuerpo no era ya el de 1986 ni podían serlo sus prestaciones. LeMond iba al Giro y no le importaba no quedar ni entre los cincuenta primeros. Todo, absolutamente todo, era una preparación para el Tour. Y le merecía la pena.

Este enfoque, aunque no tan exagerado, sería el que llevó a Induráin a ganar cinco Tours o a Armstrong a ganar siete. Es cierto que tanto el navarro como el tejano mostraron más interés en completar su palmarés con otras carreras, pero la idea era muy parecida: reservar fuerzas para el momento ideal de la temporada. Del ciclismo antiguo de las continuas guerras de guerrillas al moderno de la defensa numantina y la contrarreloj. En medio, Greg LeMond como hombre que vivió las dos eras y destacó en ambas. Un corredor de leyenda que todos esperamos pueda vencer a la leucemia como venció a Hinault, venció a los perdigones, venció a Chiappucci y venció al matón de Armstrong.

Vídeo | Carapaz: "Estoy muy contento, es un gran 2º puesto"

Otras historias que también te pueden interesar:

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente