Grecia celebra el bicentenario de su independencia

John HADOULIS
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Grecia celebra el jueves el bicentenario de su independencia del Imperio otomano, tras una revuelta popular que empezó el 25 de marzo de 1821, una revolución que, según los expertos, cautivó tanto a las élites como a las masas.

El gobierno griego había previsto festejos en presencia de numerosos dignatarios extranjeros, pero la pandemia de coronavirus echó por tierra los planes.

Aún así contarán con representantes de algunos de los países que ayudaron a Grecia en su revolución de casi una década. Asistirán el primer ministro ruso, Mijaíl Mishustin, y el príncipe Carlos --heredero del trono británico-- con su esposa Camilla.

El presidente francés, Emmanuel Macron, no acudirá debido a la situación sanitaria en Francia.

Una flota conjunta británica, francesa y rusa derrotó a los otomanos en 1827 durante la batalla de Navarino, un momento decisivo en la guerra de la independencia.

Con motivo del bicentenario, Francia prestó a Atenas un tapiz del siglo XVIII que representa la "Escuela de Atenas" de Rafael, que se exhibirá por primera vez en Grecia.

Además aviones de caza franceses sobrevolarán la capital griega junto a aparatos estadounidenses F-16 el 25 de marzo, la fecha asociada al comienzo de la revolución griega.

El jueves, en la plaza de la Constitución, al pie del Parlamento griego, desfilarán tropas ataviadas con trajes tradicionales del conflicto de 1821, bajo la mirada de la presidenta de la república, Katerina Sakellaropoulou, y del primer ministro Kyriakos Mitsotakis.

Mediante exposiciones y monumentos, las autoridades griegas han querido rendir homenajes a los filohelenos, los combatientes extranjeros que lucharon al lado de Grecia.

- "Un deber" por Europa -

La guerra de independencia griega conmovió Europa occidental "no solo por la invocación de la gloria (de la antigua Grecia) sino también por el mensaje universal de libertad", explica a la AFP Konstantina Zanou, especialista en el Mediterráneo en la Universidad de Columbia.

"Ayudar a los griegos se consideraba un 'deber' para Europa, la única forma de honrar a Grecia por su contribución al nacimiento de la civilización occidental", afirma.

En el siglo XIX, la élite europea sentía mucho interés por la Grecia clásica.

"Nuestras leyes, nuestra literatura, nuestra religión, nuestras artes tienen sus raíces en Grecia", escribió Bercy Byssus Shelley, en su tragedia "Hellas" (1821).

Entre los combatientes extranjeros figuró el poeta británico Lord Byron, icono del romanticismo europeo, quien murió durante el asedio en 1824 de Mesolongi, ciudad símbolo de la revolución.

"Las montañas contemplan a Maratón. Y Maratón domina los mares (...) Soñé que Grecia aún podía ser libre", escribió Lord Byron en un canto de su poema Don Juan (1819).

El mensaje del "heroísmo" helénico prevalecía en los artículos de los periódicos europeos a pesar de las atrocidades griegas, e inspiró obras del francés Eugène Delacroix o del alemán Peter Von Hess.

Después de la batalla de Navarino, los otomanos se negaron temporalmente a rendirse, pero una nueva victoria rusa en 1829 permitió la apertura de negociaciones, que desembocaron en el protocolo de Londres que proclamó la independencia de Grecia.

"Estableciendo un Estado cristiano (...) las grandes potencias definieron los Balcanes como las nuevas fronteras de Europa", explicó a la AFP Yanni Kotsonis, profesor de historia en el Jordan Center de la Universidad de Nueva York.

El Estado soberano griego fue "una innovación" después del orden dejado por las guerras napoleónicas en Europa, recuerda por su parte Ada Dialla, profesora de historia europea y rusa en la Escuela de Bellas Artes de Atenas.

"La revolución griega sirvió para definir o redefinir las fronteras de Europa".

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