Ghosting: por qué no te contesta a los mensajes y desaparece repentinamente de tu vida

Se ha culpado a Whatsapp de haber permitido la propagación de mentiras y de fomentar la violencia en Myanmar y otros lugares

Si te han hecho un ghosting o lo has hecho, no eres el o la única. El ghosting es un fenómeno en expansión que consiste en desaparecer de la vida de otra persona que estabas conociendo, con la que estabas ligando. A partir de ese momento no le llamas, no le coges el teléfono, dejas de contestar a sus mensajes, o incluso le bloqueas, todo ello sin dar explicaciones. Es algo que se está extendiendo entre los jóvenes y responde al hecho de que las redes sociales o las apps de citas no solo han aportado nuevos canales de comunicación, también han modificado nuestros comportamientos. Ahora cortar toda comunicación con alguien es más fácil con el amparo que estos canales dan a este tipo de comportamientos.

En un mundo en el que cada segundo se envían en torno a 8.000 tuits, más de 800 fotos a Instagram, se suben cerca de 80.000 vídeos de Youtube y se superan las 60.000 búsquedas en Google, no sorprende que nuestra forma de comunicarnos se esté viendo afectada por la inmediatez y fugacidad en las relaciones sociales que mantenemos virtualmente.

Cada vez son mayores las opciones para hacer un ghosting de la manera más sigilosa. Plataformas como Instagram, Twitter, Tinder o Grindr permiten al usuario ignorar, silenciar o bloquear con simplemente un gesto, mientras en Whatsapp existe la opción de ocultar el estado de conexión, la confirmación de lectura e incluso el bloqueo.

Así como ahora es más fácil conocer a gente, también lo es cortar toda comunicación. Es decir, “ghostear”. A ello se suma la inmediatez y fugacidad de las relaciones personales, que también se han visto afectadas por estas dos características propias de Internet y, en concreto, de las conversaciones en redes sociales. Basta tomar la decisión para hacerle llegar un mensaje a alguien, o dejarse ver interactuando con sus publicaciones. 

Con un  ‘slide’ esa persona puede aparecer o desaparecer en cuestión de segundos de tu vida. Pero, ¿qué se siente al hacer o recibir un ghosting? Marcos (nombre ficticio), de 37 años, ha estado en los dos lados: “Lo hago porque muchas veces ya no tienes interés y no quieres enfrentarte a hablarlo en persona, no te quieres complicar la vida”. Explicó: “Hago una bomba de humo gradual, planifico dejar de escribir poco a poco y, llegado el momento, contesto con monosílabos para que se dé cuenta”.

La respuesta cambia cuando él es el afectado: “Me provoca ansiedad y falta de autoestima, me hace sentir como que no valgo nada, aunque en el fondo no me guste mucho”. Reconoció: “Cuando sufro ghosting, me da la sensación de que todo lo anterior que he compartido con ella era mentira”. Pero, a pesar de lo que siente cuando él es la víctima, confiesa que sigue haciéndolo “porque es lo más fácil”. Víctimas que se convierten en verdugos.

El ghosting, no obstante, puede no ser el final de la comunicación entre ambas personas, ya que, incluso quien desapareció en su momento puede merodear alrededor el perfil de la otra persona. Es lo que se denomina como ‘orbiting’, una forma de llamar la atención, de decir “sigo aquí”. 

Pero, ¿están nuestras emociones preparadas para afrontar y seguir el frenético ritmo de interacción y socialización de las redes sociales? Afortunadamente, los expertos ya están trabajando en la forma de enfrentarse a este tipo de situaciones ante las que creíamos estar preparados, pero no al menos a este ritmo.

Estos temas los ha abordado un equipo de la Universidad de Pensilvania dirigido por la investigadora Melissa G. Hunt en el que se concluye que limitar el uso de redes sociales disminuye la soledad y la depresión. En el estudio supervisaron el acceso a las plataformas 2.0 de cerca de 150 estudiantes universitarios a los que se les limitó de distintas formas el uso de Facebook, Instagram y Snapchat durante tres semanas. 

Una de las conclusiones del estudio publicado en Journal of Social and Clinical Psychology es que, para tener buen estado de ánimo, el uso de las redes sociales debería limitarse a 30 minutos al día. Según dicha investigación, los que sólo accedieron 10 minutos al día mostraron una significativa reducción de la soledad y la depresión durante el tiempo que duró la investigación. Aunque parezca una obviedad, los investigadores destacan la necesidad de que se interactúe con gente en el mundo real, sin atender al teléfono, y compartiendo una auténtica conversación íntima y con confianza.  

En declaraciones a Yahoo, Hunt asegura: “Es difícil limitar el uso de las redes porque somos criaturas sociales y, por tanto, estamos interesados en lo que hacen los demás. Las compañías que ofrecen y se aprovechan de esas herramientas las diseñan para que sean adictivas”.

Las redes sociales incentivan una imagen muy falsa de la vida de las personas porque sólo ves los grandes momentos que esa persona quiere enseñar. Así, por comparación, es fácil sentirse mal sobre tu propia vida, puede resultar deprimente”, señala Melissa G. Hunt,  directora de la investigación.

En la investigación se defiende que hay claves para usar las redes sociales de forma positiva y que te hagan sentir bien. “No se debe pasar una foto detrás de otra sin interactuar. Especialmente las últimas fotos de tu ex, por ejemplo. Hay que interactuar y publicar tus propios temas y pasar menos de una hora en ellas”, concluye Hunt. 

Autoridades sanitarias como la Organización Mundial de la Salud reconocen que existe “el uso problemático de internet”. La sociedad está cambiando, de eso no cabe duda. Pero, ¿cambia para bien? Los psiquiatras alertan de que las nuevas tecnologías están consiguiendo que nos volvamos más distantes y que aumente la soledad y la depresión.

Los estudios científicos dan los resultados esperados; el descontrol de las redes sociales y el uso excesivo de las mismas está ocasionando problemas a la población. Uno de estos problemas ha acuñado un nuevo término: FOMO (Fear of missing out, por sus siglas en inglés), es decir, el miedo a perderse algo, que viene de la obsesión de estar conectados e informados todo el tiempo. Una muestra más de cómo internet no solo ha cambiado nuestra forma de consumir, también nuestra forma de relacionarnos. 

Sin embargo, y a pesar de la influencia que ejercen las redes sociales sobre nuestra forma de relacionarnos, la responsabilidad última (como antes de internet) será de quienes participen en la conversación. Las redes sociales seguirán girando en torno a nuestros mecanismos de comunicación, nos “ayudarán” a parapetarnos en ellas para no enfrentarnos a situaciones violentas como querer dejar de hablar con una persona. De nosotros depende, por tanto, seguir escudándonos en ellas o bien utilizar su potencial para mejorar nuestros comportamientos sociales.


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