Gerard Piqué tiene que elegir entre ser presidente del Barcelona o el chulo del barrio

PAMPLONA, SPAIN - NOVEMBER 08: Gerard Pique of FC Barcelona looks on before the LaLiga Santander match between CA Osasuna and FC Barcelona at El Sadar Stadium on November 08, 2022 in Pamplona, Spain. (Photo by Ion Alcoba/Quality Sport Images/Getty Images)
Gerard Piqué, en el banquillo de El Sadar, antes de ser expulsado por protestar una decisión arbitral (Photo by Ion Alcoba/Quality Sport Images/Getty Images)

Nunca ha sido fácil entrar en la mente de Gerard Piqué ni valorar con justicia sus decisiones. Por un lado, tenemos a un maravilloso jugador de fútbol, un hombre que ha ganado cuatro Champions, una Eurocopa y un Mundial, además de numerosos títulos nacionales. Por otro, tenemos a un bromista al que siempre le ha gustado rayar en lo gamberro, reconociendo sus noches en blanco, sus accidentes de coche, tirando pipas a directivos de la Federación, gastando bromas de mal gusto a compañeros y técnicos.

Lo asombroso de Piqué es precisamente su capacidad para jugar al más alto nivel hasta los 35 años (serán 36 en dos meses) y compatibilizar todo eso con una hiperactividad asombrosa. Piqué se casó con una superestrella de la música latina y no bajó en nada su rendimiento. Piqué montó su propia empresa vinculada a derechos audiovisuales sin dejar de ser titular en el campeón de liga. Piqué negoció contratos con la Federación, compró la Copa Davis e hizo del puente aéreo su lugar de residencia, sin dejar de considerarse jugador de fútbol y demostrando que, lo mismo no estaba ya para la élite, pero sí a un nivel más que aceptable.

Eso, de por sí, es admirable, como es admirable su capacidad para conectar con la gente más joven vía Ibai Llanos y las nuevas tecnologías o de llevar a cabo determinados giros populistas -lo mismo te va a la Diada con los niños y te dice que los árbitros conspiran en contra del Barcelona que suelta que Ayuso es una gran presidenta y que Madrid es un sitio ideal para vivir- para agradar a todo el mundo. De él, se dice, en ese sentido, que es un gran "político" y de lo que no hay duda es de que, pese a su juventud, es un empresario de primera.

Lo que pasa es que determinadas actuaciones siembran dudas. Hay veces que a Piqué ese populismo se le vuelve chulería directamente. No creo que él se ofenda por esto. Ir de chulo ha sido otra de sus marcas distintivas y no pasa nada si se mantiene dentro de la broma entre colegas. Otra cosa es, en tu último partido, coger al árbitro por banda en el túnel de vestuarios y cagarse en su puta madre para ajustar cuentas por una decisión ciertamente discutible. Eso no es ni siquiera chulería, es macarrismo puro y duro, actitud de matón de barrio y de matón cobarde: a Piqué le pueden caer ahora todos los partidos que sean, que de todas maneras no los iba a jugar.

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En su vídeo de despedida, Piqué se dirigía en primera persona a todos los aficionados del Barcelona en un vídeo muy cuidado y efectista. No se esperaba menos de un hombre con tantos contactos en el mundo audiovisual. Un detalle que no pasó desapercibido a nadie, justo al final de los casi tres minutos de imágenes, fue el gesto de Piqué hacia el palco y la promesa: "Volveré", a lo general Mac Arthur tras la II Guerra Mundial.

Piqué nunca ha ocultado su intención de presidir alguna vez el club del que ha sido jugador durante toda su vida. De hecho, su abuelo, Amador Bernabéu, fue vicepresidente de la entidad y estuvo hasta 2020 como delegado del club ante la UEFA. Para ir preparándose, de momento, ya es propietario del Andorra, equipo al que cogió en Primera RFEF y que ya tiene en Segunda. Otra más de sus múltiples empresas, lo que le permitirá en adelante ir a las reuniones de LaLiga sin ninguna incompatibilidad de intereses de por medio.

Lo que pasa es que una cosa es el Andorra y otra muy distinta el Barcelona. Por supuesto, Piqué puede presidir el club de su vida y probablemente lo acabe haciendo. ¿Por qué? Porque es obstinado, ambicioso, tiene don de gentes, ha sido una leyenda como jugador y tiene dinero para aburrir. Puede presentarse como empresario de éxito y a la vez como estrella del deporte. No hay nadie con un currículum así, que resulte atractivo para los socios más jóvenes y para los más veteranos.

Ahora, lo que tiene que decidir es cómo va a representar a su club, llegado el caso. ¿Desde la educación y la cortesía con la que dirige la Davis o desde la prepotencia y el matonismo que ha demostrado demasiadas veces como jugador? El tiempo le hará bien a Piqué, eso es seguro. Por supuesto que hay macarras de éxito a los cuarenta, cincuenta o sesenta años, pero lo normal es que el carácter se calme. Incidentes como el de ayer le acompañarán un tiempo, pero no le acompañarán toda la vida. Lo importante es que no aparezcan nuevas historias de este tipo. Y nadie lo puede descartar. Piqué abarca tanto que nadie acaba de saber exactamente quién es en realidad. Eso es atractivo, sí, pero también, para determinados cargos, peligroso.

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