Cómo la gente en España está luchando contra el aumento de las facturas de energía

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Cómo la gente en España está luchando contra el aumento de las facturas de energía

El pasado invierno, Miguel, padre de dos hijos, apagó la caldera eléctrica de su casa, cerca de Madrid, y empezó a ponerse capas adicionales para mantenerse caliente.

El aumento de los precios de la energía y la inflación han acelerado un retroceso que, según este hombre de 61 años, comenzó hace una década cuando le recortaron el sueldo.

"Si quiero ducharme, hiervo la tetera y me ducho así", dijo Miguel a Euronews. "En verano no hay problema y, para ser sincero, también me he acostumbrado en invierno. En cuanto a la calefacción, vivo en un piso, así que me beneficio del calor de los apartamentos de abajo".

También camina dos kilómetros hasta el supermercado más cercano y lleva a casa su compra semanal, en la que predominan los productos de marca propia.

"Cocino un gran guiso y me dura", añade el periodista. Así es como he llegado a fin de mes hasta ahora. No sé qué hay a la vuelta de la esquina".

Miguel no está solo. Muchos en todo el país están teniendo que apretarse el cinturón, ya que los costes de la energía, ya de por sí crecientes, se han visto exasperados por la guerra en Ucrania y la decisión de Rusia de reducir el suministro de gas a Europa.

En los seis años hasta 2020, el hogar medio pagaba 780 euros al año por la electricidad. Sin embargo, esta cifra ha aumentado hasta los 1.371 euros anuales, según la organización de consumidores española OCU, con una subida del 65,8% en los precios de la energía solo desde el pasado mes de agosto.

Ello está repercutiendo en los precios de los alimentos. OCU dice que la compra media de alimentos es un 15,2% más cara que en agosto de 2021.

"Hemos hecho un estudio de 280 productos de alimentación en 1.100 supermercados y hemos comprobado que el 94% de los productos han subido de precio, lo que demuestra el alcance de la crisis", señala Enrique García, portavoz de OCU.

Crédito: Heather Galloway
Orlando, un músico que construyó su propia casa y cultiva sus propios alimentos, se siente preocupado por el aumento de los precios de la energía - Crédito: Heather Galloway

Al igual que Miguel, Orlando, un bajista que vive a 50 kilómetros de Madrid, también intenta hacer grandes cantidades de comida que le duren.

"He aprendido a cocinar y eso ha supuesto una gran diferencia", dice. "Hago una gran olla de judías y guindillas que cultivo yo mismo y eso me sirve para unos cuantos días".

Orlando cultiva muchas de sus propias verduras y ha instalado energía solar que puede almacenar en baterías para su uso privado, una tendencia creciente, según el director de la Unión Solar (UNEF), José Donoso. Según él, en el último año se ha producido un aumento de más del 50% en la venta de este tipo de baterías para los hogares.

Otros, como Anabel, madre de un niño, están encerrados en una tarifa regulada para su electricidad para beneficiarse de la tasa de descuento social, que, a pesar de la excepción ibérica que permite desvincular la factura de la luz española y portuguesa del precio del gas, está resultando más una maldición que una bendición.

"El coste del gas y la electricidad es una locura a pesar de que se supone que tengo esta tasa de descuento social", dijo a Euronews. "Es porque me obligan a estar en la tarifa regulada, que no para de subir. Todo sube. La compra semanal es ahora un tercio más cara y luego está la gasolina. Antes pagaba 50 euros por llenar el depósito. Ahora son 80 euros".

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Un cliente paga el pescado en el mercado de Maravillas de Madrid, el 12 de mayo de 2022. El aumento de los costes energéticos está haciendo subir el precio de los alimentos - Credit: AP Photo

Anabel trabaja en varios empleos -desde la administración hasta la escritura- y es conocida en España como una "mil eurista", alguien que gana 1.000 euros al mes.

Dice que, además, va a tener que invertir en un coche nuevo, ya que el suyo no podrá circular por la ciudad a partir de enero, según las restricciones de emisiones.

"¡Y todo esto trabajando con contratos temporales y con unos ingresos inestables!".

El Gobierno ha intentado ayudar reduciendo el IVA del gas y la electricidad al 5%. También ha introducido un tope en los precios del gas y la electricidad.

Katty, una limpiadora venezolana, no está segura de cómo van a ser los próximos meses. Dice que "todo está subiendo y subiendo, pero a mí me pagan igual".

Esta mujer de 50 años ha trasladado a su familia a un pequeño apartamento en Madrid junto con otra familia para ayudar a cubrir los gastos.

Así, junto con el recurso a los bancos de alimentos, es como salen adelante muchas personas con trabajos mal pagados.

"Ya son 900.000 las familias que no pueden llegar a fin de mes", afirma Carmela del Moral, de Save the Children, y añade que España tiene una de las tasas de pobreza infantil más altas de Europa, con un 28,8% de jóvenes que viven bajo el umbral de la pobreza, una cifra que la crisis agravará aún más.

Inflación en la UE (variación anual)

"Incluso con las subvenciones del gobierno y la subida del 'ingreso mínimo vital', la situación va a empeorar mucho", dijo.

Cuanto peor sea, mayor será la demanda en los numerosos bancos de alimentos del país.

El año pasado, 1.353.276 personas recibieron paquetes de alimentos o comidas en toda España, según la asociación nacional de bancos de alimentos, FESBAL.

Pero aunque la demanda aumenta este año, cada vez es más difícil satisfacerla.

En un comunicado de prensa, el presidente del banco nacional de alimentos FESBAL, Pedro Miguel Llorca, afirmó que "el encarecimiento de los alimentos, entre otras cosas, ha repercutido en el poder adquisitivo de las familias españolas y ha supuesto un descenso en el número de donaciones realizadas a los bancos de alimentos vinculados a FESBAL".

La lucha, por supuesto, no se limita a los trabajadores con salarios bajos y a los que tienen un empleo precario. Las pequeñas y medianas empresas, que representan casi el 60% de las empresas españolas, también están en primera línea.

"Hay muchas empresas de menor tamaño a las que, tras el COVID, no les queda ningún colchón para absorber este nuevo golpe", afirma Francisco Vidal, director de Economía de la Confederación de la Pequeña y Mediana Empresa (CEPYME).

"A principios de año, estas empresas ganaban un 20% menos que antes de la pandemia. Ahora tenemos una subida brutal de los costes que no se pueden trasladar al consumidor en su totalidad, o simplemente no se comprará el producto."

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El Gobierno de Pedro Sánchez ha recortado el IVA de la factura energética y ha introducido topes de precios para ayudar a los consumidores a hacer frente a la subida - AP Photo

Manuel, de 70 años, propietario del bar Dos Hermanos, en el barrio madrileño de El Pozo, se enfurece al enumerar todas las subidas de precios a las que tiene que hacer frente.

"¿No me digas que los huevos también los compramos en Ucrania? Estoy pagando el doble por ellos. Dios sabe por qué", brama mientras sirve a sus clientes un trozo de tortilla española de cortesía con su bebida.

"¡Y el mes que viene voy a pagar más de 1.000 euros por el gas y la electricidad, por no hablar de todas las subidas de impuestos que nos ha aplicado el Gobierno!".

Pero Manuel no está dispuesto a bajar la persiana. Tampoco espera que su esforzada clientela se lleve la peor parte de sus problemas económicos: una cerveza aquí sigue costando 1,40 euros.

"Estamos acostumbrados a vivir en medio de la crisis", explica Vidal. "Hemos tenido 10 años muy complicados y por eso las empresas están más acostumbradas a vivir en condiciones precarias".