Galia Dvorak, atleta olímpica de tenis de mesa: “Me fastidia que me saquen siempre como la deportista de origen ucraniano o la chica nacida en Kiev”

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Galia Dvorak, en el Mundial de tenis de mesa en Houston #ITTFWorlds2021

Una respuesta en Twitter al diario Marca me colocó en el radar a Galia Dvorak (Kiev, 1988). Mis conocimientos sobre el tenis de mesa son escasos, así que quedé impresionado por su extenso currículum deportivo y que desplegaba en aquel tuit: “7 veces campeona de España, 4 veces olímpica, más de 20 años en la selección”. Lo que no me sorprendió fue el motivo del mensaje: una noticia en la que era descrita como la “ucraniana con pasaporte español”.

Hija de una pareja de jugadores de tenis de mesa en la URSS que se trasladaron desde Ucrania a España para seguir con sus carreras deportivas, Galia Dvorak creció trasladándose entre varias ciudades, hasta que se instalaron definitivamente en Mataró, donde creció y ahora, con 33 años sigue viviendo. De familia le vino la dedicación al ping pong que no le ha ido nada mal. Todo lo que respondía a Marca y más conforman un palmarés envidiable cuyo último hito ha sido su cuarta participación consecutiva en unos Juegos Olímpicos, en este caso los de Tokyo. Como anécdota, allí tuvo un momento viral por una partida de ping pong contra Pau Gasol, del que dice que “si quisiese podría jugar a un nivel decente porque tiene buena técnica”.

Fuera de las pistas siempre ha mostrado un compromiso contra el racismo y sobre todo en la defensa de la igualdad de género, participando hasta hace poco en instituciones como la European Table Tennis Union. En esta nueva entrevista para ‘España no es (solo) blanca’ hablamos con ella sobre sus varias migraciones cuando era pequeña, de su extensa carrera deportiva, de la defensa de la igualdad y de la posibilidad de iniciar una vida política cuando decida dejar las palas de ping pong.

Con tu padre y tu madre con sendas carreras como jugadores profesionales, tiene bastante sentido que tú terminaras siendo también una jugadora de tenis de mesa. No obstante, ¿en algún momento este deporte no fue tu prioridad?

No lo ha sido, quizás hasta los 23 o 24 años, cuando ya había estado en unos Juegos Olímpicos. Jugaba al tenis de mesa porque mis padres me obligaron. Ellos eran inmigrantes de la URSS, sabían jugar a ping pong y es lo que me enseñaron. Yo lo odiaba. De pequeña no me gustaba nada, pero era una chica muy competitiva y quería ganar. Entrenaba bastantes horas, pero no lo disfrutaba para nada.

Cuando tuve la oportunidad de hacer otras cosas, como terminar la carrera y trabajar un verano, me dije que prefería jugar a ping pong. Y obviamente los resultados acompañaban. También siendo una mujer había muchas más posibilidades de ser profesional, aunque cuando empecé a jugar casi no conocía a mujeres que fuesen profesionales y viviesen exclusivamente de ello. También es verdad que empecé a tener amigas y otra gente de dentro del mundillo que hacía que estuviese a gusto, porque al final en mi infancia siempre había estado sola, entrenando con mis padres, y eso no me gustaba mucho.

Te has dedicado profesionalmente al tenis de mesa profesional siempre, y al mismo tiempo nunca has dejado de lado los estudios. ¿Es fácil mantener ese equilibrio?

No, no es nada fácil. El tenis de mesa es un deporte en el que es muy difícil ganarse la vida. Sabes que si llegas arriba del todo podrás vivir de ello, pero unos cuantos años, y tampoco te vas a hacer rico. Mis padres me inculcaron mucho la disciplina de no perder el tiempo y estudiar. Con 18 años tenía que elegir si dedicarme profesionalmente en Alemania y entrenar en un club súper profesional, o quedarme aquí y estudiar una carrera. Me quedé y fueron años duros porque estudiaba la carrera casi a full time y entrenando dos veces al día, cinco o seis horas, e intentando tener vida social. Dormía cuatro o cinco horas porque lo quería hacer todo. Pero elegí una carrera que no es ultraexigente, Empresariales, y la facultad estaba cerca de donde entrenaba, así que no perdía mucho tiempo en transporte y esas cosas. Me lo monté bien.

Desde los siete años que empezaste a jugar no has parado. ¿Qué es lo mejor y lo peor del mundo del tenis de mesa?

Lo peor te lo voy a decir rápidamente: el elitismo que se crea entre los jugadores, del tipo de que si yo soy super bueno, no hablo con los que son peores. Pasa en las ligas regionales y en el mundillo internacional. Y a mi no me gusta mucho.

Y lo mejor es que puedes tener lo mejor de los dos mundos. Es un deporte individual, pero a la vez en Europa tenemos mucha cultura de clubs. Hay ligas nacionales donde compites por equipos, en un sistema similar a la Copa Davis, y entonces sí tienes compañeros. Hay otros deportes individuales en los que es un camino solitario, con tu sparring o tus entrenadores y ya, pero en el tenis de mesa hay mucha cultura de clubes y de grupos de entrenamiento.

Los Juegos Olímpicos de Tokyo 2021 fueron los cuartos en los que has participado. ¿Cómo se vive el proceso de llegar a los JJOO?

Se vive mal. Al menos yo, que soy una jugadora buena, pero siempre al límite, que no se clasifica y ya está pensando en su medalla. Siempre lo he vivido muy mal, con pesadillas y nerviosa porque claro, al final te estás jugando mucho, también económicamente. Dependes mucho de ir o no ir: las becas, el prestigio y el estatus que te da ser olímpico de cara a fichar por clubes, conseguir patrocinios y tal. Sabes que te cambia mucho llegar a los Juegos Olímpicos. Queda mal decirlo, pero hay momentos en los que incluso odio los Juegos, porque al final no deja de ser una competición más.

Además mi camino fue algo diferente, porque los primeros Juegos, en Pekín, fui un poco de casualidad, era súper joven y fue inesperado. A partir de ahí, me sentía como obligada. Si he ido con 20 años, sin estar en el mejor momento de mi carrera, veía que no clasificarme en Londres o Río estaba mal. Era ya una presión añadida.

Esta presión de la que hablas está muy ligada al tema de la salud mental. ¿Esto se trata en el mundo del tenis de mesa?

En general el deporte profesional en los últimos años está cambiando mucho y rápido, se hablan de cosas de las que hace cuatro o cinco años no se hablaba. Al final la gente de a pie admira a los deportistas profesionales por valores como el sacrificio y el talento, pero la vida del deportista de élite tiene también cosas súper negativas, como la presión o el estar siempre demostrando. Hay unos cuantos jugadores que han hablado de la presión, ansiedad y esos temas. Lo pienso y hace cinco años era imposible. En las respuestas quizás se diría que eres un perdedor o que todos tenemos presión. En cambio, ahora mi sensación es que la generación un poco más joven que yo está más educada en estos temas.

En verano una noticia en el Marca te describía como la “ucraniana con pasaporte español”, a lo que respondiste con todos tus logros con la selección española y contando que llevas toda tu vida aquí. ¿Cuántas veces te han preguntado de dónde eres?

¡Uf! Muchísimas. “De dónde eres? Soy de Mataró. Ya, ¿pero de dónde eres? De Mataró, Barcelona, Catalunya. Ya, pero este nombre…”. Muchísimas veces y en todos los contextos posibles, es algo que no te quitas de encima. Cuando piensas que ya está superado y normalizado te salen con lo mismo. Estoy súper orgullosa de mis raíces, voy a Ucrania y me encanta, pero me fastidia el hecho de que saquen siempre mis orígenes, que si la deportista de origen ucraniano o la chica nacida en Kiev, pero no dicen el deportista de origen extremeño. Me molesta. Intento ser reivindicativa con este tema porque además mis dos compañeras de la selección son nacidas aquí, y al ser de origen asiático se encuentran con lo mismo pero multiplicado por diez, porque físicamente no son blanquitas como yo.

En España hay actualmente cerca de 12.600 jugadores federados. ¿Qué falta en España para que el tenis de mesa pueda crecer?

Creo que está un poco ligado a que es un deporte bastante elitista en el sentido de que, por ejemplo, una tontería que veo en Twitter y es que hay muchos jugadores que juegan en los clubes que piden por favor que se llame tenis de mesa, porque es un deporte que es súper difícil. Es verdad que es un deporte que si quieres practicarlo bien es todo un mundo

Pero sí que es verdad que el ping pong es un deporte al que casi todo el mundo ha estado en contacto alguna vez. Todo el mundo ha jugado en el garaje de un amigo, en un camping, en el parque, y además es un deporte que gusta mucho. Este verano, en los Juegos, las mesas siempre estaban ocupadas, había que hacer cola para jugar al ping pong porque a la gente le gusta.

Creo que le faltaría un poco a las federaciones aprovecharlo y aprender del pádel, donde reservas, te presentas ahí con tu raqueta del Decathlon y juegas. Conozco a un montón de gente que juega al pádel, pero nadie está apuntado en un club ni recibe clases. Tendríamos que hacer lo mismo, popularizarlo entre las bases, con gente que puede divertirse y, una vez tienes a esa gente enganchada allí, ya habrá otra que se apunte a un club o que se dedicará a ello de forma más seria. Pero las federaciones se olvidan de toda la parte recreativa cuando se podrían ofrecer competiciones, eventos, liguillas para los jugadores que no quieren entrenar ni nada, sólo pasar un buen rato.

Formas parte de la junta directiva de la European Table Tennis Union. ¿Qué trabajo haces ahí?

No me he presentado de nuevo, se ha acabado mi periodo, pero sí he estado y era la presidenta de la Comisión de Atletas. Al estar en la junta directiva, tenía derecho a voto y me ocupaba de las relaciones con los jugadores. También estaba metida en la Comisión de Igualdad de Género, obviamente.

Algo en lo que insistí es que en Europa tenemos competiciones que son a la vez y que juegan chicos y chicas, pero históricamente siempre las chicas tenemos el peor horario. Si alguien juega a las nueve de la mañana siempre son las chicas. Entonces era importante obligar, por normativa, a que se turnarse: que un día jueguen las chicas primero, al día siguiente los chicos. O por ejemplo, cuando me enteré de las estadísticas de las entrenadoras, pues un poco obligar a la Federación a que tenga cursos y ayudas específicas para que crezca el número de entrenadoras mujeres, porque no puede ser que representen un 5 o 10 por ciento del total.

Ya hay un historial de deportistas que acaban entrando en política. Más si, como es tu caso, te pronuncias sobre cuestiones sociales. ¿Alguna vez te han propuesto entrar en política?

Nunca me lo han propuesto. Me veo un poco joven para pensar en política, pero pienso que no lo haría mal. Sí que me han dicho alguna vez que tengo madera de política, porque mido bastante lo que digo y lo que hago, siempre tengo un plan porque soy un poco cínica en ese aspecto. Y luego también incluso cuando alguien es imbécil infinito, respondo de otra forma, como diciendo que tiene que mejorar sus habilidades de comunicación. Podría hacerlo bien, pero aún no me lo han propuesto.

O sea que si te lo propusieran te animarías.

Me lo pensaría, porque pienso que el mundo de la política tiene que ser agotador. Pero al final, estando allí, seguro que pese a toda la burocracia seguro que puedes mejorar y hacer cosas para que sigan evolucionando hacia mejor. Seguro que se puede, aunque sé que no sería llegar allí y ya, igualdad.

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