El futuro incierto de la sagrada austeridad presupuestaria alemana

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Unas monedas de euro, en una imagen tomanda en Dortmund, Alemania, el 27 de enero de 2020 (AFP/Ina Fassbender)

La Alemania de Angela Merkel tuvo que romper sus candados presupuestarios durante la crisis del covid-19 con la inyección de miles de millones de euros para apoyar a las empresas y salvar empleos, lo que hizo de la disciplina financiera un tema candente en la campaña electoral.

En la recta final antes de las elecciones del 26 de septiembre, la cuestión de la deuda pública es uno de los frentes favoritos de los conservadores de la CDU-CSU, amenazados con una derrota histórica, ante los socialdemócratas (SPD).

Friedrich Merz, encargado de asuntos económicos del candidato bávaro del CSU, Markus Soder, comparó el programa del SPD de Olaf Scholz, quien se proclama como el "canciller de la deuda", con promesas de "cerveza gratis", cuya factura correrá a cargo de los contribuyentes.

Cualquiera que sea el ganador de las elecciones legislativas, el futuro gobierno se enfrentará a una "difícil elección", advierte Patrick Artus, economista jefe de Natixis: "Cambiar las reglas presupuestarias" que ya no son compatibles con la realidad o "reducir drásticamente el déficit público".

En Alemania, el equilibrio presupuestario, que está recogido en la Constitución, vivió una revolución inimaginable antes del impacto de la pandemia: se puso en marcha un plan de ayudas económicas, sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, de más de miles de millones de euros para limitar los efectos de la recesión.

En dos años de crisis sanitaria, el país se ha contraído unos 370.000 millones de euros en nueva deuda, de ellos 240.000 millones en 2021, lo que pasó del 59,7% del PIB a casi el 75% previsto para este año.

- Gastos "colosales" -

Mientras que una parte de los europeos ha reclamado regularmente a los alemanes en los últimos años menos rigidez presupuestaria, el covid forzó a Berlín a derogar el freno de la deuda ("Schuldenbremse"), una norma escrita en la Carta Magna desde 2009.

En periodos normales, esta imposición prohíbe al Ejecutivo tomar prestado más del 0,35% de su PIB, salvo "circunstancias excepcionales" aprobadas por el Parlamento.

En el primer semestre de 2021, el déficit público superó los 80.000 millones de euros --el 4,7% del PIB--, de nuevo lejos de "Schwarze Null", el objetivo de "déficit cero" respetado escrupulosamente en 2014 y 2019.

¿Se trata de un simple paréntesis o un cambio de rumbo duradero para la principal economía europea?

La presión ya era fuerte, antes de la pandemia, para que Alemania comenzara a ceder y realizara una inversión en materia de infraestructura.

Con el regreso del crecimiento, la Unión Europea corre el riesgo de dividirse nuevamente entre los partidarios de una relajación de las reglas y los defensores de un rápido retorno a la ortodoxia.

Pero, la urgencia de financiar el desafío climático y el cambio digital no auguran un rápido retorno a la austeridad.

Para lograr estas dos prioridades, Alemania tendrá que "gastar sumas colosales en los próximos años", reconoció recientemente Merkel.

"Durante los próximos diez años se necesitarán entre 40.000 y 50.000 millones de inversiones públicas por año o entre el 1% y el 1,5% del PIB", asegura Marcel Fraztscher, presidente del Instituto de Coyuntura berlinés DIW.

Para resolver la ecuación presupuestaria, "debemos revisar fundamentalmente el freno de la deuda (y avanzar) hacia una norma nacional conforme al estándar europeo", que tolera un déficit del 3% de la riqueza generada por el país, afirma a la AFP Fratzscher.

- Mayoría de dos tercios -

Sin embargo, este cambio debería ser aprobado por una mayoría de dos tercios en el Parlamento, lo que parece "misión imposible en la próxima legislatura", agrega el experto.

"Los partidos en el poder tendrán que buscar otros medios para sortear el freno de la deuda", precisa Fratzscher.

Los equilibrios dentro de la futura coalición, que podría tener tres fuerzas políticas, serán determinantes.

Como siempre, la CDU-CSU sigue presentándose como garante de la ortodoxia presupuestaria.

Pero, "será imposible volver a parar la deuda sin aumentos masivos de impuestos", idea que los conservadores han descartado, replica el economista.

Bien situados para entrar a formar un futuro gobierno, los Verdes quieren eliminar el freno de la deuda para permitir un fuerte aumento del gasto público e invertir unos 50.000 millones por año hasta 2030.

Scholz, ministro de Finanzas desde 2018, también está dispuesto a aumentar el gasto público, pero dentro de los límites que permite el marco constitucional.

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