A la fuerza y con desconfianza, se dispara la vacunación entre los palestinos

Ramala, 7 oct (EFE).- Tras un comienzo lento, la cifra de inoculados contra la covid-19 en los territorios palestinos se ha disparado el último mes, y no por una repentina llegada de dosis, que abundan desde hace tiempo, sino por una imposición gubernamental que busca contrarrestar las reticencias de la población y la desinformación sobre la vacuna.

En el Hospital de Ramala, capital de facto del territorio palestino de Cisjordania, hay un centro de vacunación en el que la ausencia total de mascarillas no es lo más llamativo, sino que la mayoría de quienes acuden a recibir la inyección no lo hace por convicción sino por obligación, como en la mayoría de centros médicos palestinos.

"No creo en la vacuna, pero en el trabajo me obligan. Si no me vacuno, me quedo sin trabajo, y no me lo puedo permitir", explica a Efe Husmi, camarógrafo de la televisión pública palestina, mientras sale de la clínica preocupado por los efectos de lo que le acaban de inyectar.

Desde finales de agosto, y con el objetivo de frenar la actual cuarta ola en Palestina, todos los empleados públicos, estudiantes mayores de 15 años y trabajadores de los sectores de la salud y educación deben mostrar una prueba de vacunación para conservar sus empleos.

Estas medidas, junto con inagotables campañas de concienciación en todas las plataformas habidas y por haber, forman parte de una feroz embestida de las autoridades palestinas contra la pandemia de información falsa que ha infectado las redes sociales con teorías conspirativas y rumores tales como que la vacuna daña el sistema reproductivo o afecta a la personalidad.

Desde que se anunciaron estas medidas, el pasado 23 de agosto, la cifra de vacunados con ambas dosis en Cisjordania pasó de 370.000 a más de 865.000. En Gaza, la cantidad se cuadruplicó: de 70.000 a casi 300.000.

En un mes y medio se logró inmunizar a casi el doble de personas que en los primeros cinco meses de campaña de vacunación; aunque el porcentaje de inoculados sigue siendo bajo, ya que en Cisjordania viven casi tres millones de palestinos mientras que en Gaza son poco más de dos millones.

Por el departamento dermatológico devenido en centro de vacunación en el que se inoculó Husmi pasa en una hora una docena de personas, y entre ellas solo uno dice confiar en la vacuna. El resto está aquí con el único objetivo de no perder su fuente de ingresos.

Una de las enfermeras encargadas la vacunación reconoce a Efe que su tarea excede el pinchazo, e incluye un arduo trabajo de escuchar y convencer a pacientes atemorizados de que la vacuna es segura.

Por su consultorio pasan profesionales, empleados públicos y múltiples estudiantes universitarios, que solo se ponen la mascarilla para la foto y la vacuna para complacer a las autoridades.

"Nos sorprendió el desconocimiento de la población, pensamos que cuando tuviésemos vacunas la mayoría acudiría a recibirla, pero no fue así", explica a Efe el epidemiólogo Mohamad Abu Rayya, asesor en cuestiones de salud pública en Gaza.

Además de la presión gubernamental, indica que el aumento de muertes por coronavirus en agosto tuvo un papel importante, así como una lotería que se realiza todos los días, por la cual 10 gazatíes vacunados mayores de 50 años reciben 200 dólares.

Si bien los cargamentos tardaron en llegar, los territorios palestinos recibieron ya más de 3,5 millones de vacunas, de distintos laboratorios y mediante múltiples mecanismos, y aún esperan recibir 2 millones más de dosis que compraron a Pfizer.

Para Yaser Bozyeh, director de salud pública del Ministerio de Sanidad de la Autoridad Nacional Palestina, las mismas vías de comunicación -redes sociales y boca a boca- que contribuyeron a la propagación del miedo a la vacuna serán las que ahora, con cada vez más población inoculada, esparzan la confianza necesaria para sostener la tendencia actual.

"Los números hablarán por si mismos", menciona sobre la mejora evidente en las cifras. Tras un veloz aumento en los casos durante agosto y parte de septiembre -casi 3.000 en un día-, los contagios diarios se han reducido en las últimas semanas -en torno a 1.500-, así como la cantidad de pacientes en estado grave.

Si bien los especialistas indican que esta mejora se debe también a la reciente prohibición de eventos masivos como bodas y funerales, las autoridades confían en que la inyección obligatoria sea también una inyección de confianza y que los anticuerpos contra la desinformación se propaguen más rápido que el coronavirus por el torrente sanguíneo de la sociedad palestina.

Pablo Duer

(c) Agencia EFE

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