Después del fuego de Tenerife: nueva orografía y recuperación del ecosistema

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San Juan de la Rambla (Tenerife), 2 ago (EFE).- Han pasado tres días desde que se diera por controlado el incendio originado en el norte de Tenerife y el terreno afectado ahora vuelve a ser transitable, aunque sigue prohibido su acceso por motivos de ocio. Vuelve a ser transitable pero ya no es igual a lo que era antes.

2.700 hectáreas y 34 kilómetros de perímetro ha sido el total de superficie quemada por el fuego, espacio en el que se sigue trabajando para acabar con los "puntos calientes", la cuestión que más preocupa en la actualidad.

Francisco Rodríguez, jefe de agentes de medioambiente del Cabildo de Tenerife, explica a EFE, durante un encuentro con medios de comunicación, que dichos puntos son "lugares donde aún se registra una alta concentración de calor y pueden hacer que el incendio se vuelva a reproducir".

Con la finalidad de mantenerlos controlados, 40 efectivos terrestres y un helicóptero -dedicado a actuar sobre la ladera de Tigaiga, en Los Realejos, donde algunas raíces continúan ardiendo- trabajan refrescando estas localizaciones.

Una vez acabada esta función, los profesionales deberán prepararse para limpiar: "Hemos perdido mucha cobertura vegetal que se encontraba en el suelo, por lo que ahora tenemos que luchar contra los posibles efectos de la erosión", explica Rodríguez.

De cara al invierno, las lluvias que pudieran darse, sobre todo, las de carácter torrencial, podrían provocar arrastres de suelo.

Y, a largo plazo, el objetivo se centrará en recuperar el ecosistema "en la medida de lo posible".

Una de las zonas cuya orografía ha cambiado notablemente tras el paso del fuego es La Tahona (San Juan de la Rambla), lugar que también fue víctima del incendio del año 2007.

Sin embargo, la zona del área recreativa fue la única que no ardió en ese entonces, ni tampoco ahora, a diferencia de sus alrededores.

Rodríguez expone que este hecho puede responder a que el lugar de recreo "tiene forma de olla, por lo que el fuego pasó de un lomo a otro, evitándola".

Dicho esquema se repite un par de metros más lejos, donde las llamas han quemado fincas completas pero se han frenado al llegar a un cultivo de cereales, trazando una línea clara entre lo perdido y lo que ha sido capaz de resistir.

Esta situación demuestra que los incendios no afectan igual a todos los lugares por los que pasan: "El fuego no actúa con la misma virulencia en todas las condiciones, varía dependiendo de si es de noche o de día o si traspasa un terreno llano o empinado, entre otros muchos factores. Por eso vemos que, en este caso, hay zonas sin quemar, zonas a mitad y zonas completamente calcinadas".

Esta realidad, según detalla el responsable de agentes de medioambiente, dificulta los trabajos de recuperación, ya que hay que actuar de una determinada manera en cada zona.

Asimismo, otra de las cuestiones que complican la reparación del ecosistema es la consecución de incendios que encadena, en este caso, la isla tinerfeña.

"Cada vez que hay un incendio se degrada el ecosistema de una manera brutal, más aún cuando son tan seguidos. Una cosa es que un mismo lugar se prenda cada 50 años y otra que sea cada 15, porque los pinares y la laurisilva no se recuperan igual", expone Rodríguez.

Al pasear por La Tahona se observa este efecto a través de árboles jóvenes que no han podido soportar las llamas y otros de los que solo permanecen unas ramas dobladas hacia el origen del calor, además de capas de ceniza que han sustituido la tierra.

Este es el gran problema de registrar fuegos importantes tan seguidos en el tiempo, que "el ecosistema cada vez está más dañado y, aunque se puede recuperar, será cada vez más complicado", señala el técnico.

El incendio forestal, que se inició el pasado jueves 21 de julio, afectó a los municipios norteños de Los Realejos -punto de origen-, La Orotava, La Guancha y San Juan de la Rambla, y aunque consiguió darse por estabilizado en ocho días, extinguirlo completamente llevará meses, tal y como ha indicado Francisco Rodríguez.

Por Nerea de Ara

(c) Agencia EFE

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