En la frontera franco-española, "ni un perro" en los comercios abiertos

Marisol RIFAI
·3 min de lectura
Una empleada de un estanco aguarda a las puertas del comercio vacío en Le Perthus, en la frontera de Francia con España, el 30 de octubre de 2020

En la frontera franco-española, "ni un perro" en los comercios abiertos

Una empleada de un estanco aguarda a las puertas del comercio vacío en Le Perthus, en la frontera de Francia con España, el 30 de octubre de 2020

A un lado del punto fronterizo del Perthus, tiendas y restaurantes franceses cerrados y del otro, supermercados y estancos españoles abiertos, pero "ni un perro" entró el viernes en el primer día de confinamiento en Francia.

Un contraste sorprendente con la víspera, cuando miles de franceses aprovecharon las últimas horas de "libertad" para abastecerse de cigarrillos, alcohol y productos domésticos vendidos mucho más baratos en esta pequeña localidad de los Pirineos Orientales, en la frontera entre Francia y España.

"Aquí siempre está lleno, la gente viene de todas partes a comprar. Hoy no hay ni un gato, es catastrófico", lamenta Joseph Marie Vert, de 80 años.

Este habitante de Perthus está muy preocupado por la economía de su municipio, temiendo que el confinamiento pueda provocar "una situación más grave que la epidemia".

En el lado español de la calle comercial, las tiendas de tabaco todavía están abiertas, pero los clientes que pasan la puerta se pueden contar con los dedos de una mano.

En los supermercados, los empleados se afanan en clasificar los productos perecederos, antes de un probable cierre en los próximos días.

"Sabíamos que íbamos a un nuevo confinamiento, pero no habíamos previsto que llegara tan pronto, sino más bien en enero", dice a la AFP Carmen Pérez, responsable de un supermercado.

En España, el gobierno aún no anunció el cierre general y los comerciantes del lado español del Perthus no tienen la obligación de cerrar sus puertas.

- Saldremos adelante -

"Pero nuestros clientes son 100% franceses. Sin ellos, no se venderá nada", asegura la señora Pérez, quien teme tener que recurrir pronto a despidos entre sus empleados, que había conseguido conservar hasta entonces "gracias al desempleo parcial".

Laeticia Marill, de 39 años, es una vendedora de una perfumería, de las pocas que permanece abierta el viernes.

"No sabemos a dónde vamos, hasta cuándo vamos a trabajar y es muy estresante, pero tratamos de mantener la sonrisa en estos tiempos difíciles porque estamos lidiando con un virus complicado, y solo así (con el confinamiento) lo lograremos", comenta esta francesa que paga sus impuestos en España.

Con la misma resignación y filosofía de vida trabaja "día a día" Bruno Comas, presidente de los comerciantes españoles de Perthus y propietario de una tienda de recuerdos.

"Como puedes ver, no hay nadie. Nos damos hasta mañana, con el regreso de las vacaciones. Después pondremos a todos (los empleados) de vacaciones y luego en paro parcial" si el confinamiento se prolonga, dice.

"Saldremos adelante si realmente es un mes" y no más, espera, convencido de que "había que hacer algo fuerte" para detener el virus.

Un poco más adelante en la calle, Issa Hammia conversa con unos amigos.

Este marroquí, de 54 años, ya cerró su tienda de ropa, consciente de que no haría más ventas a partir del viernes.

Pero sigue siendo optimista sobre diciembre y la época de las fiestas de fin de año, porque "si hay una cosa que debería ser obligatoria, es la esperanza", lanza riendo.

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