En la frontera con Camerún, los rebeldes centroafricanos tratan de asfixiar a Bangui

Reinnier KAZE
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La ametralladora del blindado apunta en dirección de la República Centroafricana. En el puesto fronterizo camerunés de Garoua Boulai, en "estado de alerta máxima", los gendarmes están al acecho en medio de centenares de camiones con mercancía bloqueados y refugiados centroafricanos que huyen del país.

Del otro lado, la República Centroafricana, arrasada por ocho años de guerra civil, vive un nuevo drama: diez días antes de la elección presidencial del 27 de diciembre, los principales grupos armados, que se reparten dos tercios del territorio, lanzaron una ofensiva contra el régimen del presidente Faustin Archange Touadéra, que fue reelegido.

Aunque conquistar Bangui parece difícil debido a los refuerzos que el ejército recibe de los cascos azules de la ONU y de militares y paramilitares extranjeros fuertemente armados, los grupos armados siembran el terror entre los civiles a centenares de km de la capital.

Y tratan de asfixiar a Bangui multiplicando los ataques, a menudo relámpago, a lo largo de la carretera nacional 3 y 1 (RN1), un eje crucial para el abastecimiento de la República Centroafricana, uno de los países más pobres del mundo, enclavado en el corazón del continente y que importa la mayor parte de los bienes de Camerún.

Garoua Boulai, a 725 km al oeste de Bangui, es la placa giratoria de esta vía que une Bangui y Duala, gran puerto y capital económica de Camerún. Pero esta ciudad fronteriza de 80.000 habitantes se ha convertido actualmente en un inmenso estacionamiento donde aguardan desde hace tres semanas más de 400 camiones con destino a Bangui.

- Soldados de élite -

Hay "alerta máxima", asegura a la AFP un responsable local de la policía, que pide el anonimato, para prevenir eventuales incursiones de rebeldes centroafricanos. Soldados de élite, en particular comandos del temido batallón de intervención rápida (BIR), tienen posiciones avanzadas en los alrededores, aseguran las autoridades, pero no se los ve en la ciudad. Probablemente están emboscados en tierra de nadie cerca de la fronteras, cuyo acceso está prohibido.

Numerosos gendarmes recorren las calles de día, incluso los hoteles y restaurantes, y la policía lo hace de noche, controlando escrupulosamente la identidad y se llevan a los que no llevan sus documentos.

En tiempos normales, unos doscientos camiones de media cruzaban al día a Centroáfrica por Garoua Boulai, según el sindicato de camioneros camerunés.

"La frontera ahora está cerrada", explica el responsable de la policía. Al inicio de la crisis, los camioneros pasaban pero rápidamente se daban la vuelta por los ataques en la RN1.

En Bangui, aunque todavía no hay escasez, los efectos del bloqueo empiezan a sentirse: los precios de algunos alimentos suben y los supermercados y mayoristas aseguran que las reservas de un mes se agotan.

En Garoua Boulai, centenares de camiones aguardan en inmensos estacionamientos. Oumarou Tougou es el vigilante. La noche, patrulla incansablemente con una linterna. "Hago la ronda para vigilar que no haya robos", asegura.

- 4.000 refugiados -

Bajo un remolque cargado con 32 toneladas de acero, un "moto-boy" - asistente del conductor - está sentado sobre una sábana. "Llevo 21 días durmiendo aquí", dice, su rostro apenas iluminado por su teléfono móvil. "En la noche hace frío. No tenemos mucho que comer", se queja el joven camerunés.

Gabin, de 22 años, "moto-boy" centroafricano, atiza el fuego de leña bajo una marmita. "Cocino para nuestro grupo" de 44 conductores y sus asistentes, explica.

Aunque la mayoría proceden de Duala, otros, procedentes de Chad, llevan cerca de un mes.

Como Abdel Habid y otros 16 chadianos que han recorrido miles de km con sus cisternas de carburante para Bangui. "No es sostenible, hay que poner seguridad en la carretera", pide.

Pero mientras unos rezan para entrar en Centroáfrica, otros agradecen al cielo haber huido. Hace unas semanas, varios centenares de los 24.000 centroafricanos hacinados en el campo de refugiados cercano de Gado-Badzéré cruzaron en bus el puesto de Garoua Boulai para regresar al país. En los últimos días, centenares realizan el camino inverso.

En menos de un mes, el ACNUR ha registrado 4.000...

En la explanada de un viejo edificio de Garoua Boulai, centenares esperan en fila india para registrarse. Mujeres y niños están sentados en el suelo sobre una lona blanca, otros aguardan a la sombra de algunos árboles.

Barbara, de 6 años, tiende los dedos para las huellas. Su mamá, Vanessa, de 22 años, trata de calmar a Mariana, su bebé de 4 meses que porta sobre ella. "Huimos cuando los rebeldes atacaron", lamenta después de recorrer 300 km en moto desde su pueblo de Baboua. Embarazada a punto de dar a luz, Loraine ha cruzado la frontera después de una larga caminata "por la jungla", con el miedo en el cuerpo de que los "rebeldes la maten" porque su padre "trabaja con los aduaneros".

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