Frente a grandes desafíos, Armenia celebra el 30° aniversario de su independencia

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El aniversario llega en un momento de grandes retos para el país, que se recompone de la reciente guerra con Azerbaiyán en la que perdió territorios en su dominio. Con más amenazas a su integridad territorial, el joven país sigue en la lucha de consolidarse como Estado.

La Plaza de la República de Yerevan ha sido la sede para la celebración del 30° aniversario de la Declaración de la Independencia de Armenia. Múltiples números artísticos y culturales conquistaron el gran escenario montado para esta ocasión, bajo la mirada entusiasta de miles de espectadores.

En su discurso, el primer ministro, Nikol Pashinyan, hizo referencia a la última guerra de Nagorno Karabakh y rindió homenaje a sus mártires. El mandatario aseguró que el pueblo armenio debe convertir su historia en victoria ya que, "los héroes han caído para que Armenia viva (…) ellos son símbolo de vida, no de muerte".

Este colorido evento tuvo lugar a pesar de que significativos sectores de la sociedad armenia han manifestado su desacuerdo, bajo el mensaje de que país aún no está listo para celebraciones.

Los jóvenes 30 años de Armenia tras su independencia en 1991

Desde 1920, dos años después de la independización del Imperio Otomano, Armenia se anexó a la lista de repúblicas soviéticas. Durante 70 años fue comandada por la administración de la URSS, hasta la imposición de un referendo, por medio del cual restauró su independencia en 1991. El sistema democrático abrió sus puertas a la nueva república y las elecciones presidenciales no tardaron en llegar.

Desde entonces, el estado naciente enfrentó obstáculos que constituyeron grandes retos tras la obtención de su soberanía. En el auge de las declaraciones independentistas, el movimiento de liberación de Nagorno Karabakh se lanzó a la lucha por la defensa del territorio contra Azerbaiyán. La guerra duró varios años y pese a sus escasos recursos, Armenia alcanzó el objetivo de dar fin al control azerí sobre aquellas tierras.

Turquía cerró sus fronteras, y a partir de entonces, no han restablecido sus relaciones bilaterales. Esta medida significó un golpe contra la economía de Armenia, en un contexto bélico y a poco tiempo de haber sufrido significativas pérdidas humanas y materiales tras un terremoto devastador en el norte del país en 1988.

A pesar del régimen de alto al fuego impuesto en 1994, las escaramuzas sobre la línea de contacto con Azerbaiyán no cesaron. Estas vicisitudes desembocaron en dos guerras más hasta la fecha; una en 2016, que duró cuatro días y culminó con la intervención de Rusia, y la última, que comenzó el 27 de septiembre de 2020 y constituyó un enfrentamiento a gran escala durante 44 días.

A lo largo de tres décadas, Armenia ha dirigido sus pasos hacia el fortalecimiento de su seguridad nacional, la construcción de una economía estable y la consolidación institucional de su Estado. Esta república de dimensión minúscula ha intentado sostenerse en todos sus frentes, con vientos a favor y en contra.

Los desafíos actuales tras la guerra con Azerbaiyán

A 30 años del paso hacia la independencia, aún persisten las dificultades de esta república joven con historia milenaria. La última guerra de Nagorno-Karabakh encarnó un duro golpe para toda la nación armenia; más del 70% de su territorio quedó bajo el control de Azerbaiyán y se han registrado cerca de 5.000 pérdidas humanas.

Hoy, las autoridades armenias intentan paliar los remanentes aún sin resolver, que asoman como desafíos que deben ser solucionados en el corto plazo. El asunto prioritario gira en torno a la permanencia de prisioneros de guerra en Bakú a casi un año del inicio de las hostilidades. Según los registros, superan los 200 soldados detenidos. Pese a la solicitud de liberación por parte de entidades internacionales, como la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, Azerbaiyán no ha liberado a los cautivos, entre los cuales también hay civiles.

Por otro lado, demarcación y delimitación territorial son términos que han sido impuestos en la agenda armenia, a partir del acuerdo trilateral de fin de la guerra, firmado el pasado 9 de noviembre entre Armenia, Azerbaiyán y Rusia. En este contexto, las autoridades de Azerbaiyán exigen territorios históricos, que forman parte de la integridad territorial de Armenia, al tiempo que intentan pisar los talones del gobierno armenio, penetrando en su suelo de manera ilegal. Desde el 12 de mayo, las tropas azeríes han invadido zonas del noroeste y el sur de la superficie armenia, lo que ha acarreado numerosas violaciones al régimen de alto al fuego.

En su lista de desafíos, Armenia debe enfrentarse al afán de los países vecinos de restablecer el transporte y las comunicaciones regionales. Esto implica la activación de las relaciones con Turquía, congeladas hace más de tres décadas, y con Azerbaiyán, su oponente implacable en la actualidad. El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, exige la instalación de un corredor que conecte a su país con Nakhichevan, el enclave bajo el control de Azerbaiyán, que limita con el suroeste de Armenia y el este de Turquía. De este modo, un transporte ferroviario establecería la conexión territorial entre Turquía y Azerbaiyán, tan anhelada por el presidente Recep Tayyip Erdogan y su homólogo azerí.

Por su parte, el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, ha negado la construcción de un corredor que atravesaría a su país por el sur, aunque simultáneamente ha declarado que la red ferroviaria será beneficiosa para la economía de Armenia, consolidando los vínculos terrestres con Rusia e Irán. Del mismo modo, el presidente ruso, Vladimir Putin, se ha mostrado a favor de este proyecto de articulación regional del Cáucaso.

Los desafíos que enfrenta Armenia en la actualidad implican un manejo prudente de los hilos de su futuro, comenzando por sellar las consecuencias desfavorables de la guerra de Nagorno Karabakh, tales como el cautiverio de los prisioneros detenidos en Bakú. A partir de allí, atender a la definición de sus límites territoriales y poner fin a la incertidumbre de la sociedad armenia respecto a los bordes de su país; por último, determinar los pasos que tomará frente al proyecto de intercomunicación regional.

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