Una pareja gana el juicio tras denunciar problemas de salud causados por unos molinos de viento

·3 min de lectura

Los Fockaert, Christel y Luc, son una pareja belga residente en el sur de Francia que acudieron a los tribunales para denunciar a los responsables de la colocación de un parque eólico a 700 metros de su casa por los problemas de salud que, según su testimonio, este les había provocado. Ahora el juez les ha dado la razón y han recibido el pago de una compensación de 110.000 euros, según publica The Guardian.

A 700 metros de su casa les colocaron seis turbinas que, según su denuncia, les perjudicaron la salud. (Foto: Getty Images)
A 700 metros de su casa les colocaron seis turbinas que, según su denuncia, les perjudicaron la salud. (Foto: Getty Images)

La sentencia emitida por un tribunal de Toulouse a su favor llega meses después de que el caso fuese desestimado por otro juzgado y reconoce el “síndrome de la turbina” en el que se cree que es el primer juicio de esta índole en Francia. En su apelación, el matrimonio belga argumentaba que los enviados que realizaron los informes en los que se basó la desestimación solo habían pasado una hora en el lugar y que el juez no tuvo en cuenta los informes encargados por ellos mismos.

Tras la denuncia y la condena a pagar 110.000 euros, las compañías de energía Sasu, Margnes Energie y Sasu Singladou Energie, responsables del parque eólico señalado, han modificado las luces y la velocidad a la que se mueven las seis turbinas colocadas en la zona.

Según el testimonio de la pareja, el parque se levantó en 2008 a 700 metros de su vivienda, aunque no fue hasta cinco años después, cuando se eliminó el bosque que se encontraba entre este y su casa en Fontrieu en el Tarn que empezaron a notar los primeros problemas de salud. Entre ellos destacaban, según recoge el citado diario británico, dolor de cabeza, insomnio, irregularidades cardíacas, depresión, mareos, tinnitus y náuseas.

Estos efectos los sufrieron durante dos años y habrían ido desapareciendo después de mudarse en 2015 a otro lugar. En su testimonio como parte de la demanda destacaban que el ruido que provenía de las turbinas era “comparable al de una lavadora girando continuamente” y las molestias que les generaban las “luces blancas intermitentes”. En un primer momento no achacaron su malestar a las turbinas, pero poco a poco “nos dimos cuenta de que el problema provenía” de ellas. 

“Las turbinas parpadean cada dos segundos ... teníamos que tener luces exteriores para contrarrestar el efecto de los flashes”, declaró Christel Fockaert. Su abogada, Alice Terrasse, se ha felicitado por el resultado obtenido a favor de sus clientes, pero ha avisado a futuros denunciantes de que “este caso no se puede reproducir. Este parque causó una molestia inusual debido a su configuración, pero cada caso es diferente y debe examinarse de manera diferente”. Aunque sí puede servir, ha dicho, de aviso a las empresas responsables de estos parques.

En The Guardian citan un estudio australiano que pone en duda la existencia de un “síndrome de la turbina” y que es más probable que el hecho de atribuir una enfermedad directamente a las turbinas tenga que ver con los avisos de los activistas y que sería “esencialmente un fenómeno sociológico”. Ese mismo estudio señala que el hecho de darle un nombre ayudó a su propagación. Además, añade The Guardian la existencia de otros estudios en Europa, Canadá y los EE. UU. que también han desacreditado la existencia de este “síndrome” no reconocido por la medicina.

EN VÍDEO | ¿Con el precio de la energía disparado subirá también el de frutas y verduras?

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente