Fran Vázquez, la historia del "maldito" más fascinante de su generación

Photo by Juan Carlos García Mate/Pacific Press/LightRocket via Getty Images

Hay un momento en el que todo parece cuadrar en la carrera de Fran Vázquez... pero de ese momento hace ya quince años. Verano de 2005. Vázquez acaba de cumplir 22 y es la gran sensación del baloncesto español: después de un año de paréntesis como cedido en el Gran Canaria, ha vuelto al equipo que le formó, el Unicaja de Málaga, y ha conseguido su primer gran título como profesional: la Copa del Rey, con Sergio Scariolo en el banquillo.

La confianza del italiano en el gallego es absoluta pese a su edad: Vázquez juega de titular casi todos los partidos, promedia 25 minutos por encuentro y en ellos anota once puntos, coge más de seis rebotes y coloca 1,2 tapones. Si estos números los consigue al inicio de su carrera, da miedo pensar qué puede hacer cuando esté más formado, tenga más recursos, conozca mejor la competición... En la NBA se dan cuenta y empiezan a mandar ojeadores a sus partidos, incluso le hacen pruebas en Nueva York, como sucede con todos los aspirantes.

Vázquez no deslumbra pero es la época de la fascinación por todo lo europeo. Los tiempos de los Bargnani, los Tskitishvili, los Milicic... jugadores de medio pelo que acababan inopinadamente entre los primeros del draft elegidos por general managers más pendientes de pasar a la historia que de la realidad del presente. Los Orlando Magic le eligen con el número once. Es una elección muy alta, sin duda, y Vázquez hace todo el paripé: gorra del equipo, foto con David Stern, sonrisa forzada. Sabe que su futuro no pasa por Florida sino por Girona, está en negociaciones con la inmobiliaria Akasvayu para formar parte del súper equipo que están formando junto a Raül López, Germán Gabriel y hasta seis estadounidenses distintos. Marc Gasol se uniría al año siguiente.

En Orlando no entienden nada pero prefieren esperar y no reconocer el desastre. Es una de las peores promociones de la historia reciente y al fin y al cabo, igual es mejor que el chico se forme del todo en Europa y llegue como una verdadera estrella. No saben que Vázquez jamás jugará en su equipo y apenas se lo planteará, ni en los mejores tiempos. Sus sueños son otros, más modestos. Sus sueños tienen que ver con la tranquilidad más que con el ajetreo de la fama y el dinero a raudales y la exigencia constante. A otro ritmo. Fran prefiere ir a otro ritmo y no es que el Akasvayu no sea un proyecto deportivo interesante ni le vayan a pagar poco precisamente pero, vaya, no son los Orlando Magic, desde luego, y la gente le empieza a mirar raro.

En cualquier caso, justo después de la ceremonia del draft, recibe la llamada del seleccionador Mario Pesquera. Pesquera, que el año anterior dejó al equipo a un paso de la medalla olímpica y de batir de paso a Estados Unidos por primera vez en unos Juegos, prepara el Europeo de Belgrado con la duda de si contará con Pau Gasol o no. En cualquier caso, quiere dejarle claro a Vázquez que él va a estar en la lista, pase lo que pase, y a Vázquez le parece bien. Ya ha sido subcampeón europeo sub-20 y se ha enfrentado o compartido equipo con todos sus compañeros: buena parte de los juniors de oro más veteranos como Carlos Jiménez, Iker Iturbe, Iñaki de Miguel o el también cajista Jorge Garbajosa... y algún insolente jovencito como Sergio Rodríguez o Rudy Fernández.

El problema es que, cuando Pau anuncia que ese verano toca descanso, todo el mundo señala a Vázquez como heredero. Y Vázquez, ya hemos dicho, no busca atención. Al revés, la repele. Vázquez hace una fase previa de lo más regular y Felipe Reyes le gana el puesto de titular. La selección juega mal, apenas brilla y llega al partido de cuartos contra Croacia como víctima propiciatoria, más pensando en asegurarse el sexto puesto que dé clasificación al Mundial 2006 que otra cosa. A falta de diez segundos, la profecía parece cumplirse: Croacia gana 70-72 y Marko Tomas tiene dos tiros libres para sentenciar el partido. Falla uno, Croacia hace falta sobre Navarro y con 71-73 y unos seis segundos de juego, “La Bomba” tira a fallar en busca del milagro... y el milagro llega. Vázquez se hace con el rebote en ataque y anota. España gana el partido en la prórroga, se mete en semifinales y se clasifica para el Mundial del año siguiente, el que ganará en Japón.

Y sin embargo, en ese momento, en vez de empezar la leyenda de Fran Vázquez, en realidad termina: España caerá en semifinales ante Alemania, cortesía de Dirk Nowitzki, y perderá el bronce ante la incipiente Francia de Tony Parker. Pese a su más que aceptable campaña en Girona, Vázquez no solo no irá al Mundial de 2006 sino que se perderá la plata europea de 2007, la olímpica de 2008 y el soñado oro de 2009. Solo volverá a la selección en 2010, ya convertido en jugador del Barcelona, campeón de Euroliga ese mismo año con una aportación tremenda desde el banquillo.

Curiosamente, coincide de nuevo con la ausencia de Pau Gasol de la convocatoria y curiosamente España vuelve a quedarse sin medalla. Será la única vez entre 2006 y 2014 que eso suceda. Vázquez, sin duda uno de los diez mejores jugadores españoles de su época, una época que abarca casi veinte años desde su debut a su retirada, quedará sin NBA, sin medalla alguna y con la etiqueta de tío raro pegada injustamente. Porque Vázquez nunca fue raro, simplemente quiso tener su propia carrera y huir de las expectativas. Quiso disfrutar y no rendir cuentas. Ganó ligas, ganó copas, ganó Euroligas, incluso consiguió un triple doble en un partido, algo que solo se ha conseguido tres veces en la historia de la ACB.

Fue un jugador excelso que acaba su carrera en Zaragoza, justo donde ganara aquella Copa de 2005, cuando el mundo parecía abrirse de par en par. Un mundo al que Fran echó un vistazo sin que terminara de convencerle. Nunca ha mostrado rencor ni resentimiento alguno por su ostracismo en la selección, dando a entender que en más de una ocasión fue buscado. Nunca emitió ningún lamento por no haber jugado contra LeBron, contra Kobe, contra el propio Pau en la NBA. Se aceptó siempre tal como era y no era poco. Él lo sabía. Nunca tuvo el más mínimo interés en demostrárselo a nadie. Su último servicio al baloncesto español lo hizo clasificando al equipo nacional en las famosas “ventanas FIBA” para el Mundial de China 2019. Un Mundial en el que no estuvo. Un Mundial que, por supuesto, ganó España.


Más historias que pueden interesarte: