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Cerca de la frontera con Corea del Norte

Antiguo (con marcas de balas) y nuevo puente ferroviario en la frontera entre ambas coreas. Foto: LA NACION / Silvana Colombo

(FOTOS) Cómo se vive frente a la frontera más temida del mundo: Corea del Norte

(La Nación) SEÚL, Corea – Desde la terraza de un observatorio, un grupo de turistas revolotea alrededor de unos binoculares de libre acceso y se ríen cuando detectan a unos campesinos que cultivan la tierra del otro lado del río Imjin. Están en la opulenta Corea del Sur y los campesinos a los que miran sudan bajo el sol de Corea del Norte.

La imagen es un reflejo de los enormes contrastes entre dos países que alguna vez fueron el mismo y cuya frontera es una de las zonas más calientes del planeta. Hasta la capitalista e hiper desarrollada Corea del Sur viajó este martes pasado Donald Trump en su gira asiática. Su atención, sin embargo, estuvo puesta en su némesis, la comunista Corea del Norte.

La guerra, por ahora dialéctica, entre el presidente de los Estados Unidos y Kim Jong-un, el líder norcoreano que desafía al mundo con su programa de armas nucleares y sus pruebas de misiles, tuvo ayer un respiro: por una vez, el presidente de Estados Unidos eligió ejercer la cautela. Se habrá contagiado de las autoridades y ciudadanos surcoreanos, que viven como si no tuviesen de vecino a uno de los líderes más belicosos del planeta.

“Estamos preparados para utilizar la totalidad de nuestras imbatibles capacidades militares si fuera necesario”, apuntó Trump, quien luego añadió que espera sin embargo que “nunca tengan que ser utilizadas”.

“Nosotros tenemos un bolso con todos los documentos preparados por si tenemos que salir de emergencia“, dice Federico Heinzmann, un argentino que se acaba de ser padre y es el chef ejecutivo del Park Hyatt de Seúl. Pero las emergencias para la que están preparados, señala, son más bien climáticas. Durante un almuerzo en el que participó LA NACION en su visita a Corea del Sur, hace diez días, todos los celulares de la mesa comenzaron a sonar al mismo tiempo. Los coreanos los miraron sin apuro, era una alarma del sistema de alertas del Gobierno anunciando que para el día siguiente había un pronóstico de tifón, algo habitual en la zona. Nadie se inmutó.

-Tranquilos-

La posibilidad de una guerra no es algo que esté entre los miedos de Heinzmann ni tampoco se nota en las calles de la capital de Corea del Sur, que está a poco más de 50 kilómetros de la frontera más caliente del planeta. Moderna, limpia y poblada de carteles LED pero también de templos y viejos palacios reciclados, Seúl es una ciudad silenciosa y ordenada hasta para las manifestaciones políticas. Hay una plaza para las marchas de derecha y otra para las de izquierda, en ambas los militantes se mantienen en un espacio pequeño y delimitado desde donde exhiben sus pancartas.

Un pequeño grupo de empresas -Samsung, LG, Hyundai- controlan casi todos los aspectos de la economía y son la fuerza detrás de uno de los despegues económicos más asombrosos de la historia de la humanidad. En 1960, Corea del Sur tenía un PBI per cápita de 79 dólares. Hoy ronda los 37.000. Sus vecinos de Corea del Norte hicieron el camino inverso. Estas enormes diferencias son las que alimentan un conflicto que los surcoreanos se esmeran en menospreciar.

 

-Parque de diversiones-

A pocos kilómetros de allí, en la zona desmilitarizada de 250 km de largo y 4 km de ancho que divide a ambos estados, se combinan los rigores de la guerra y las frivolidades de un parque de diversiones. Los alambres de púas y las casillas militares que la recorren se interrumpen en un parque temático, con barco pirata incluído, que el gobierno de Corea del Sur montó para satisfacer a los turistas que se acercan a observar uno de los últimos resabios de Guerra Fría.

Hay banderines con inscripciones pacifistas, carteles y mapas que explican la historia, los restos de los puentes que alguna vez atravesaron el río para unir las dos Coreas y una locomotora zurcida por las balas que la inutilizaron en medio del conflicto.

Esta zona fue la más cruenta en la guerra que duró de 1950 a 1953. El conflicto involucró a los estados comunistas apoyando al norte y los capitalistas al sur y fue cruento. No existe una cifra oficial de víctimas, pero se calcula que murieron más de 3 millones de personas. Nunca se firmó la paz definitiva y ninguno de los dos estados reconoce a su oponente. Hasta este rincón, uno de los más conflictivos del planeta, viajó Trump con su cuenta de Twitter, por ahora, pacificada.

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