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La violencia extrema de los chalecos amarillos tras cuatro meses de protestas

Un manifestante de los chalecos amarillos lanza una bandera de la Unión Europea a un fuego que se está produciendo en la entrada de un comercio durante una manifestación en París.
Foto: REUTERS/Philippe Wojazer

FOTOS | Banderas de la UE en llamas: un paso más en la escalada de tensión de los chalecos amarillos

Se cumplen cuatro meses (casi dos decenas de protestas) y la actividad de los chalecos amarillos en París no decrece, tampoco su violencia. Este movimiento, que al principio fue capaz de atraer a amplios sectores de la población que estaban hartos de la situación política, económica y social, convierte cada semana la capital francesa en un campo de batalla que deja numerosos altercados.

Los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes son frecuentes y durante unas horas París más que la ciudad de la luz parece la del fuego y el saqueo. En las últimas protestas, ocurridas el sábado 16 de marzo, los manifestantes destrozaron numerosas tiendas de los Campos Elíseos. Cristales rotos, incendios… La imagen distaba mucho de la de una ciudad pacífica y tranquila. Incluso se quemó alguna bandera de la Unión Europea, aprovechando los fuegos que estaban consumiendo los comercios.

Tanto es así que Macron ha dado la voz de alarma. Varias semanas de violentas protestas han hecho que el presidente admita la incapacidad de contener los disturbios, pese a las críticas a los agentes por su supuesta dureza contra los manifestantes. Así, ha asegurado que “es necesario tomar cuanto antes medidas fuertes”, aunque no ha precisado en qué va a consistir el dispositivo.

Las cifras de chalecos amarillos (unos 10.000 en la última protesta) están lejos de las de las primeras veces (se llegaron a alcanzar unas 300.000 personas), pero continúan haciendo mucho ruido y poniendo en jaque la presidencia de Macron.

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