Cómo las fotos de Trudeau con la cara pintada han obligado a repensar la imagen de Canadá

Laura Riestra, Samantha Beattie, Emma Paling
Justin Trudeau durante la rueda de prensa posterior a la publicación de las fotos.

Un profesor de 29 años se disfraza de Aladino en a una fiesta temática titulada “Noches Árabes”. Para meterse en el personaje, se coloca un turbante y se pinta el rostro y las manos de negro. Se fotografía junto amigos y, 18 años después, esas imágenes ven la luz. Para entonces, ese joven docente ya no es el mismo: es el primer ministro canadiense, está a un mes de jugarse la reelección y esas fotos están a un paso de costarle su carrera política. Justin Trudeau es consciente de que los excesos de aquella fiesta los va a pagar muy caros.

Si ya esa fotografía le había puesto en el punto de mira, conocerse que en otras dos ocasiones repitió la ‘idea’ de pintarse de negro ha generado una polémica de tales dimensiones que hasta se ha visto obligado a decir que no dimite, acorralado por las críticas. Porque en Norteamérica hacer lo que hizo Trudeau tiene un nombre: “blackface”. Así se describe a una persona blanca que se pinta la cara de negro para pretender ser de color, lo que se considera un insulto racista. Por eso el primer ministro ha tenido que comparecer en las últimas 24 horas hasta en dos ocasiones insistiendo en que se siente “avergonzado” por sus acciones además de confesar que es “incapaz” de asegurar que esas tres veces sean las únicas que se ha disfrazado de persona negra.

“El hecho es que [entonces] no entendía lo dañino que es para la gente que vive discriminación cada día. Lo que hice ha hecho daño a gente que no debería tener que enfrentarse a intolerancia y discriminación por su identidad. Es algo que lamento profundamente”, se trató de excusar. Trudeau sabía que toda disculpa, que toda rueda de prensa que ofreciera, podría ser insuficiente: falta justo un mes para las elecciones generales… Y...

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