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Los miembros de las pandillas callejeras de El Salvador abrazan la religión en la cárcel

Antiguos miembros del grupo criminal Barrio 18 participan en un servicio religioso en la cárcel de San Francisco de la Gotera en El Salvador (REUTERS).

(FOTOS) Pandilleros de las maras de El Salvador abrazan la religión en la cárcel para dejar atrás la violencia de sus crímenes

La imagen se repite a menudo. El pastor evangélico hace su oficio religioso y en los abarrotados bancos las personas que asisten a él lloran e inclinan la cabeza mientras que pronuncian una oración. Es la cárcel de San Francisco Gotera, en El Salvador, y todos los asistentes a misa son reclusos, condenados a prisión por su pertenencia a pandillas callejeras (maras) con varios crímenes a sus espaldas.

Estos antiguos pandilleros han abrazado la religión entre rejas. Solo así pueden empezar una nueva vida sin represalias, sin su devoción, sus antiguos compañeros podrían matarles para evitar que se unan a nuevos grupos rivales.

El cristianismo evangélico ha irrumpido con fuerza en El Salvador en las últimas décadas y un buen ejemplo de ello son las cárceles, donde muchos reclusos deciden romper con la espiral de la violencia recurriendo a Dios. Gotera ya está considerada como un modelo de éxito de rehabilitación de personas y las autoridades planean replicar su forma de proceder en otros lugares del país.

Los datos son contundentes. Hace apenas dos años, el penal, situado a unos 160 kilómetros de la capital, era el hogar de pandilleros con delitos de sangre, hoy la gran mayoría de las personas (unas 1.500) buscan la redención y reniegan del pasado. Los efectos se notan. El crimen en el país ha caído radicalmente (en 2015 se alcanzó el máximo histórico), pero la tasa de homicidios sigue siendo particularmente alta (60 por cada 100.000 habitantes). En este contexto, cualquier solución es bienvenida.